LITURGIA DE LAS HORAS.

La Iglesia canta las misericordias de Dios.

LECTURAS EL OFICIO: Memorias de SANTOS, SOLEMNIDADES y FIESTAS por meses.

ENERO: santos del mes.

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Día 1 enero: STA MARÍA MADRE de DIOS.

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Santa María Madre de Dios.
Solemnidad

Día 2 enero: San Basilio y san Gregorio.

San Basilio Magno y San Gregorio Nacianceno, obispos y doctores de la Iglesia.

Basilio nació en Cesarea de Capadocia el año 330, de una familia cristiana; hombre de gran cultura y virtud, comenzó a llevar vida eremítica, pero el año 370 fue elevado a la sede episcopal de su ciudad natal. Combatió a los arrianos; escribió excelentes obras y sobre todo reglas monásticas, que rigen aún hoy en muchos monasterios del Oriente. Fue gran bienhechor de los pobres. Murió el día 1 de enero del año 379.

Gregorio nació el mismo año que Basilio, junto a Nacianzo, y se desplazó a diversos lugares por razones de estudio. Siguió a su amigo Basilio en la vida solitaria, pero fue luego ordenado presbítero y obispo. El año 381 fue elegido obispo de Constantinopla, pero, debido a las divisiones existentes en aquella Iglesia, se retiró a Nacianzo donde murió el 25 de enero de 389 o 390. Fue llamado el teólogo, por la profundidad de su doctrina y el encanto de su elocuencia.

Segunda lectura:
De
los sermones de san Gregorio Nacianceno, obispo.

Como si una misma alma sustentase dos cuerpos.

Nos habíamos encontrado en Atenas, como la corriente de un mismo río que, desde el manantial patrio, nos había dispersado por las diversas regiones, arrastrados por el afán de aprender, y que, de nuevo, como si nos hubiésemos puesto de acuerdo, volvió a unirnos, sin duda porque así lo dispuso Dios.

En aquellas circunstancias, no me contentaba yo sólo con venerar y seguir a mi gran amigo Basilio, al advertir en él la gravedad de sus costumbres y la madurez y seriedad de sus palabras, sino que trataba de persuadir a los demás, que todavía no lo conocían, a que le tuviesen esta misma admiración. En seguida empezó a ser tenido en gran estima por quienes conocían su fama y lo habían oído.

En consecuencia, ¿qué sucedió? Que fue casi el único, entre todos los estudiantes que se encontraban en Atenas, que sobrepasaba el nivel común y el único que había conseguido un honor mayor que el que parece corresponder a un principiante. Éste fue el preludio de nuestra amistad; ésta la chispa de nuestra intimidad; así fue como el mutuo amor prendió en nosotros.

Con el paso del tiempo, nos confesamos mutuamente nuestras ilusiones y que nuestro más profundo deseo era alcanzar la filosofía, y, ya para entonces, éramos el uno para el otro todo lo compañeros y amigos que nos era posible ser, de acuerdo siempre, aspirando a idénticos bienes y cultivando cada día más ferviente y más íntimamente nuestro recíproco deseo.

Nos movía un mismo deseo de saber, actitud que suele ocasionar profundas envidias, y, sin embargo, carecíamos de envidia; en cambio, teníamos en gran aprecio la emulación. Contendíamos entre nosotros, no para ver quién era el primero, sino para averiguar quién cedía al otro la primacía; cada uno de nosotros consideraba la gloria del otro como propia.

Parecía que teníamos una misma alma que sustentaba dos cuerpos. Y, si no hay que dar crédito en absoluto a quienes dicen que todo se encuentra en todas las cosas, a nosotros hay que hacernos caso si decimos que cada uno se encontraba en el otro y junto al otro.

Una sola tarea y afán había para ambos, y era la virtud, así como vivir para las esperanzas futuras de tal modo que, aun antes de haber partido de esta vida, pudiese decirse que habíamos emigrado ya de ella. Ése fue el ideal que nos propusimos, y así tratábamos de dirigir nuestra vida y todas nuestras acciones, dóciles a la dirección del mandato divino, acuciándonos mutuamente en el empeño por la virtud; y, a no ser que decir esto vaya a parecer arrogante en exceso, éramos el uno para el otro la norma y regla con la que se discierne lo recto de lo torcido.

Y, así como otros tienen sobrenombres, o bien recibidos de sus padres, o bien suyos propios, o sea, adquiridos con los esfuerzos y orientación de su misma vida, para nosotros era maravilloso ser cristianos, y glorioso recibir este nombre.

Responsorio:

R. El Señor da sabiduría a los sabios, y ciencia a los expertos, * Revela los secretos más profundos, y la luz habita junto a él.

V. El mismo y único Espíritu obra todo esto, repartiendo a cada uno en particular como a él le parece. * Revela los secretos más profundos, y la luz habita junto a él.

Oración:

Señor Dios, que te dignaste instruir a tu Iglesia con la vida y doctrina de san Basilio Magno y san Gregorio Nacianceno, haz que busquemos humildemente tu verdad y la vivamos fielmente en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 3 enero: El santísimo Nombre de Jesús.

El santísimo Nombre de Jesús.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Segunda lectura: De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero (Sermón 49, art. 1: Opera omnia 4, 495 ss.)

El nombre de Jesús, el gran fundamento de la fe.

Éste es aquel santísimo nombre que fue tan deseado por los antiguos patriarcas, anhelado en tantas angustias, prolongado en tantas enfermedades, invocado en tantos suspiros, suplicado en tantas lágrimas, pero donado misericordiosamente en el tiempo de la gracia. Te suplico que ocultes el nombre del poder, que no se escuche el nombre de la venganza, que se mantenga el nombre de la justicia. Danos el nombre de la misericordia, suene el nombre de Jesús en mis oídos, porque entonces tu voz es dulce, y tu rostro, hermoso.

Así pues, el gran fundamento de late es el nombre de Jesús, que hace hijos de Dios. En efecto, la fe de la religión católica consiste en el conocimiento y la luz de Jesucristo, que es la luz del alma, la puerta de la vida, el fundamento de la salvación eterna. Si alguien carece de ella o la ha abandonado, camina sin luz por las tinieblas de la noche, y avanza raudo por los peligros con los ojos cerrados y, por mucho que brille la excelencia de la razón, sigue a un guía ciego mientras siga a su propio intelecto para comprender los misterios celestes, o intenta construir una casa olvidándose de los cimientos, o quiere entrar por el tejado dejando de lado la puerta. Por tanto, Jesús es ese fundamento, luz y puerta, que, habiendo de mostrar el camino a los que andaban perdidos, se manifestó a todos como la luz de la fe, por la que el Dios desconocido puede ser deseado y, suplicado, puede ser creído y, creído, puede ser encontrado. Este fundamento sustenta la Iglesia, que se edifica en el nombre de Jesús. El nombre de Jesús es esplendor de los predicadores, porque con un luminoso esplendor hace anunciar y oír su palabra. ¿Cómo piensas que la luz de la fe se extendió por todo el orbe tanto, tan rápida y encendidamente, a no ser porque Jesús es predicado? ¿No nos llamó Dios a su luz admirable por la luz y sabor de ese nombre? Porque hemos sido iluminados y hemos visto la luz en esa luz, dice Pablo con razón: «En otro tiempo erais tinieblas, pero ahora sois luz en el Señor: caminad como hijos de la luz.»

¡Oh nombre glorioso, nombre grato, nombre amoroso y virtuoso! Por tu medio son perdonados los delitos, por tu medio son vencidos los enemigos, por tu medio son librados los débiles, por tu medio son confortados y alegrados los que sufren en las adversidades. Tú, honor de los creyentes; tú, doctor de los predicadores; tú, fortalecedor de los que obran; tú, sustentador de los vacilantes. Con tu ardiente fervor y calor, se inflaman los deseos, se alcanzan las ayudas suplicadas, se embriagan las almas al contemplarte y, por tu medio, son glorificados todos los que han alcanzado el triunfo en la gloria celeste. Dulcísimo Jesús, haznos reinar juntamente con ellos por medio de tu santísimo nombre.

Responsorio:

R. Que se alegren, Señor, los que se acogen a ti, con júbilo eterno; protégelos, para que se llenen de gozo * Los que aman tu nombre.

V. Caminarán, oh, Señor, a la luz de tu rostro; tu nombre es su gozo cada día. * Los que aman tu nombre.

Oración:

Oh Dios, que fundaste la salvación del género humano en la encarnación de tu Palabra, concede a tu pueblo la misericordia que implora, para que todos sepan que no ha de ser invocado otro Nombre que el de tu Unigénito. Él que vive y reina contigo.

Día 6 enero: EPIFANÍA DEL SEÑOR.

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La Epifanía del Señor.
Solemnidad

Día 7 enero: San Raimundo de Peñafort.

San Raimundo de Peñafort. 

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Nació hacia el año 1175, cerca de Barcelona. Fue primero canónigo de la Iglesia de Barcelona, después ingresó en la Orden de Predicadores. Por mandato del papa Gregorio IX, editó el corpus canónico de las Decretales. Elegido superior general de su Orden, la gobernó con sabiduría y prudencia. Entre sus escritos, destaca la Summa casuum, para la administración genuina y provechosa del sacramento de la penitencia. Murió en Barcelona el año 1275.

Segunda lectura:
De
una carta de san Raimundo de Peñafort, presbítero.

Que el Dios del amor y de la paz purifique vuestros corazones.

Si todos los que quieren vivir religiosamente en Cristo Jesús han de sufrir persecuciones, como afirma aquel apóstol que es llamado el predicador de la verdad, no engañando, sino diciendo la verdad, a me parece que de esta norma general no se exceptúa sino aquel que no quiere llevar ya desde ahora una vida sobria, honrada y religiosa.

Pero vosotros de ninguna forma debéis de ser contados entre el número de éstos, cuyas casas se encuentran pacificadas, tranquilas y seguras, sobre los que no actúa la vara del Señor, que se satisfacen con su vida y que al instante serán arrojados al infierno.

Vuestra pureza y vida religiosa merecen y exigen, ya que sois aceptos y agradables a Dios, ser purificadas hasta la más absoluta sinceridad por reiteradas pruebas. Y, si se duplica e incluso triplica la espada sobre vosotros, esto mismo hay que considerarlo como pleno gozo y signo de amor.

La espada de doble filo está constituida, por fuera, por las luchas y, por dentro, por los temores; esta espada se duplica o triplica, por dentro, cuando el maligno inquieta los corazones con engaños y seducciones. Pero vosotros conocéis bastante bien estos ataques del enemigo, pues de lo contrario no hubiera sido posible conseguir la serenidad de la paz y la tranquilidad interior.

Por fuera, se duplica o triplica la espada cuando, sin motivo, surge una persecución eclesiástica sobre asuntos espirituales; las heridas producidas por los amigos son las más graves.

Ésta es la bienaventurada y deseable cruz de Cristo que el valeroso Andrés recibió con gozo, y que, según las palabras del apóstol Pablo, llamado instrumento de elección, es lo único en que debemos gloriarnos.

Contemplad al autor y mantenedor de la fe, a Jesús, quien, siendo inocente, padeció por obra de los suyos, y contado entre los malhechores. Y vosotros, bebiendo el excelso cáliz de Jesucristo, dad gracias al Señor, dador de todos los bienes.

Que el mismo Dios del amor y de la paz pacifique vuestros corazones y apresure vuestro camino, para que, protegidos por su rostro, os veáis libres mientras tanto de las asechanzas de los hombres, hasta que os introduzca y os trasplante en aquella plenitud donde os sentaréis eternamente en la hermosura de la paz, en los tabernáculos de la confianza y en el descanso de la abundancia.

Responsorio:

R. Con la luz de su doctrina, alumbró a los que viven en tinieblas: * Con el fuego de su caridad, redimió a los cautivos de la pobreza y de las cadenas.

V. Sacó a los extraviados del camino del mal, libró a los pobres de las manos del poderoso. * Con el fuego de su caridad, redimió a los cautivos de la pobreza y de las cadenas.

Oración:

Oh Dios, que diste a san Raimundo de Peñafort entrañable misericordia para con los cautivos y los pecadores, concédenos por su intercesión que, rotas las cadenas del pecado, nos sintamos libres para cumplir tu divina voluntad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 9: San Eulogio de Córdoba, presbítero y mártir.

San Eulogio de Córdoba. 

Memoria libre.
En la Diócesis de Toledo: Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Nació en Córdoba a comienzos del siglo IX, y en esta edad ejercitó su ministerio. Es el principal escritor de la Iglesia mozárabe. Dada la difícil situación de la comunidad cristiana española, san Eulogio fue siempre consuelo y aliento para todos los perseguidos por su fe. Sufrió el martirio 11 de marzo del año 859, cuando había sido preconizado arzobispo de Toledo. Murió decapitado. Tras su muerte, muy pronto recibió culto.

Segunda lectura:
De
los escritos de san Eulogio, presbítero.

El Señor nos ayuda en la tribulación
y
nos da fortaleza en los combates.

El malestar en que vivía la Iglesia cordobesa por causa de su situación religiosa y social hizo crisis en el año 851. Aunque tolerada, se sentía amenazada de extinción, si no reaccionaba contra el ambiente musulmán que la envolvía. La represión fue violenta, y llevó a la jerarquía y a muchos cristianos a la cárcel y, a no pocos, al martirio.

San Eulogio fue siempre alivio y estímulo, luz y esperanza para la comunidad cristiana. Como testimonio de su honda espiritualidad, he aquí la bellísima oración que él mismo compuso para las santas vírgenes Flora y María, de la que son estos párrafos:

«Señor, Dios omnipotente, verdadero consuelo de los que en ti esperan, remedio seguro de los que te temen y alegría perpetua de los que te aman: Inflama, con el fuego de tu amor, nuestro corazón y, con la llama de tu caridad, abrasa hasta el hondón de nuestro pecho, para que podamos consumar el comenzado martirio; y así, vivo en nosotras el incendio de tu amor, desaparezca la atracción del pecado y se destruyan los falaces halagos de los vicios; para que, iluminadas por tu gracia, tengamos el valor de despreciar los deleites del mundo; y amarte, temerte, desearte y buscarte en todo momento, con pureza de intención y con deseo sincero.

Danos, Señor, tu ayuda en la tribulación, porque el auxilio humano es ineficaz. Danos fortaleza para luchar en los combates, y míranos propicio desde Sión, de modo que, siguiendo las huellas de tu pasión, podamos beber alegres el cáliz del martirio. Porque tú, Señor, libraste con mano poderosa a tu pueblo, cuando gemía bajo el pesado yugo de Egipto, y deshiciste al Faraón y a su ejército en el mar Rojo, para gloria de tu nombre.

Ayuda, pues, eficazmente a nuestra fragilidad en esta hora de la prueba. Sé nuestro auxilio poderoso contra las huestes del demonio y de nuestros enemigos. Para nuestra defensa, embraza el escudo de tu divinidad y manténnos en la resolución de seguir luchando virilmente por ti hasta la muerte.

Así, con nuestra sangre, podremos pagarte la deuda que contrajimos con tu pasión, para que, como tú te dignaste morir por nosotras, también a nosotras nos hagas dignas del martirio. Y, a través de la espada terrena, consigamos evitar los tormentos eternos; y, aligeradas del fardo de la carne, merezcamos llegar felices hasta ti.

No le falte tampoco, Señor, al pueblo católico, tu piadoso vigor en las dificultades. Defiende a tu Iglesia de la hostigación del perseguidor. Y haz que esa corona, tejida de santidad y castidad, que forman todos tus sacerdotes, tras haber ejercitado limpiamente su ministerio, llegue a la patria celestial. Y, entre ellos, te pedimos especialmente por tu siervo Eulogio, a quien, después de ti, debemos nuestra instrucción; es nuestro maestro; nos conforta y nos anima.

Concédele que, borrado todo pecado y limpio de toda iniquidad, llegue a ser tu siervo fiel, siempre a tu servicio; y que, mostrándose siempre en esta vida tu voluntario servidor, se haga merecedor de los premios de tu gracia en la otra, de modo que consiga un lugar de descanso, aunque sea el último, en la región de los vivos.

Por Cristo Señor nuestro, que vive y reina contigo por los siglos de los siglos. Amén».

San Eulogio, que alentó a todos sus hijos en la hora del martirio, hubo de morir a su vez, reo de haber ocultado y catequizado a una joven conversa, llamada Leocricia.

Responsorio: Cf. Salmo 45, 2-3a. 8. 6.

R. Dios es nuestro refugio y nuestra fuerza, poderoso defensor en el peligro. * Por eso no tememos aunque tiemble la tierra.

V. El Señor de los ejércitos está con nosotros; teniendo a Dios con nosotros, no vacilamos. * Por eso no tememos aunque tiemble la tierra.

Oración:

Señor y Dios nuestro: tú que, en la difícil situación de la Iglesia mozárabe, suscitaste en san Eulogio un espíritu heroico para la confesión intrépida de la fe, concédenos superar con gozo y energía, fortalecidos por ese mismo espíritu, todas nuestras situaciones adversas. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 10: Beata Dolores Sopeña.

Beata Dolores Sopeña, virgen.

Memoria libre en la Diócesis de Toledo.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Nació en Vélez-Rubio (Almería) el 30 de diciembre de 1848. Trabajó en la promoción y evangelización de la familia trabajadora con el fin acercar la clase obrera a la religión. Fundó los que hoy se llaman Movimiento de Laicos Sopeña, Instituto Catequista Dolores Sopeña y Obra Social y Cultural Sopeña. Murió en Madrid el 10 de enero de 1918 y beatificada el año 2003. Su cuerpo reposa en Loyola (Guipúzcoa).

Lectura tomada del común de vírgenes.

Segunda lectura:
Del Decreto Perfectae caritatis, sobre la adecuada renovación de la vida religiosa, del Concilio Vaticano segundo, Núms. 1. 5. 6.12).

La Iglesia sigue a su único esposo, Cristo.

Ya desde el comienzo de la Iglesia, hubo hombres y mujeres que, por la práctica de los consejos evangélicos, se propusieron seguir a Cristo con más libertad e imitarlo más íntimamente, y, cada uno a su manera, llevaron una vida consagrada a Dios. Muchos de ellos, por inspiración del Espíritu Santo, o vivieron en la soledad o fundaron familias religiosas, que fueron admitidas y aprobadas de buen grado por la autoridad de la Iglesia. Como consecuencia, por disposición divina, surgió un gran número de familias religiosas, que han contribuido mucho a que la Iglesia no sólo esté equipada para toda obra buena y dispuesta para el perfeccionamiento de los santos, en función de su ministerio, y para la edificación del cuerpo de Cristo, sino para que también, adornada con los diversos dones de sus hijos, aparezca como una novia que se adorna para su esposo y por ella se manifieste la multiforme sabiduría de Dios.

Todos aquellos que, en medio de tanta diversidad de dones, son llamados por Dios a la práctica de los consejos evangélicos, y la profesan fielmente, se consagran de una forma especial a Dios, siguiendo a Cristo, quien, virgen y pobre, por medio de su obediencia hasta la muerte de cruz, redimió y santificó a los hombres. De esta forma, movidos por la caridad que el Espíritu Santo difunde en sus corazones, viven más y más para Cristo y para su cuerpo que es la Iglesia. Por lo tanto, cuanto más íntimamente se unen a Cristo por su entrega total, que abarca toda su vida, más fecunda se hace la vida de la Iglesia y más vivificante su apostolado.

Recuerden ante todo los miembros de cualquier instituto que, por la profesión de los consejos evangélicos, respondieron a un llamamiento divino, de forma que no sólo muertos al pecado, sino renunciando también al mundo, vivan únicamente para Dios. Pues han entregado toda su vida a su servicio, lo que constituye ciertamente una consagración peculiar, que se funda íntimamente en la consagración bautismal y la expresa en toda su plenitud.

Los que profesan los consejos evangélicos, ante todo busquen y amen a Dios, que nos amó primero, y en todas las circunstancias intenten fomentar la vida escondida con Cristo en Dios, de donde mana y crece el amor del prójimo para la salvación del mundo y edificación de la Iglesia. Esta caridad vivifica y guía también la misma práctica de los consejos evangélicos.

La castidad que los religiosos profesan por el reino de los cielos debe de ser estimada como un don eximio de la gracia, pues libera el corazón del hombre de un modo peculiar para que se encienda más en el amor de Dios y en el de los hombres, y, por ello, es signo especial de los bienes celestes y medio aptísimo para que los religiosos se dediquen con fervor al servicio de Dios y a las obras de apostolado. De esta forma evocan ante todos los fieles cristianos el admirable desposorio establecido por Dios, que se manifestará plenamente en el siglo futuro, por el que la Iglesia tiene como único esposo a Cristo.

Responsorio:

R. ¡Qué hermosa eres, virgen de Cristo! * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.

V. Nadie podrá quitarte la palma de la virginidad, ni separarte del amor de Cristo. * Tú que has merecido recibir la corona del Señor, la corona de la virginidad perpetua.

Oración:

Oh Dios, que hiciste a la beata María Dolores, virgen, testimoniar con su vida el misterio de amor que tu Hijo reveló al mundo con su muerte y resurrección, concédenos, por su intercesión, que aceptando de corazón tu mensaje de paz, cumplamos tu voluntad de instaurar todas las cosas en Cristo. Él que vive y reina contigo.

Día 13: San Hilario de Poitiers.

San Hilario: Obispo y doctor de la Iglesia.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Nació en Poitiers a principios del siglo IV; hacia el año 350 fue elegido obispo de su ciudad; luchó con valentía contra los arrianos y fue desterrado por el emperador Constancio. Escribió varias obras llenas de sabiduría y de doctrina, destinadas a consolidar la fe católica y a la interpretación de la sagrada Escritura. Murió el año 367.

Segunda lectura:
Del
tratado de san Hilario, obispo, sobre la Trinidad.

Te serviré predicándote.

Yo tengo plena con ciencia de que es a ti, Dios Padre omnipotente, a quien debo ofrecer la obra principal de mi vida, de tal suerte que todas mis palabras y pensamientos hablen de ti.

Y el mayor premio que puede reportarme esta facultad de hablar, que tú me has concedido, es el de servirte predicándote a ti y demostrando al mundo, que lo ignora, o a los herejes, que lo niegan, lo que tú eres en realidad: Padre; Padre, a saber, del Dios unigénito.

Y, aunque es ésta mi única intención, es necesario para ello invocar el auxilio de tu misericordia, para que hinches con el soplo de tu Espíritu las velas de nuestra fe y nuestra confesión, extendidas para ir hacia ti, y nos impulses así en el camino de la predicación que hemos emprendido. Porque merece toda confianza aquel que nos ha prometido: Pedid, y se os dará; buscad, y encontraréis; llamad, y se os abrirá.

Somos pobres y, por esto, pedimos que remedies nuestra indigencia; nosotros ponemos nuestro esfuerzo tenaz en penetrar las palabras de tus profetas y apóstoles y llamamos con insistencia para que se nos abran las puertas de la comprensión de tus misterios; pero el darnos lo que pedimos, el hacerte encontradizo cuando te buscamos y el abrir cuando llamamos, eso depende de ti.

Cuando se trata de comprender las cosas que se refieren a ti, nos vemos como frenados por la pereza y torpeza inherentes a nuestra naturaleza y nos sentimos limitados por nuestra inevitable ignorancia y debilidad; pero el estudio de tus enseñanzas nos dispone para captar el sentido de las cosas divinas, y la sumisión de nuestra fe nos hace superar nuestras culpas naturales.

Confiamos, pues, que tú harás progresar nuestro tímido esfuerzo inicial y que, a medida que vayamos progresando lo afianzarás, y que nos llamarás a compartir el espíritu de los profetas y apóstoles; de este modo, entenderemos sus palabras en el mismo sentido en que ellos las pronunciaron y penetraremos en el verdadero significado de su mensaje.

Nos disponemos a hablar de lo que ellos anunciaron de un modo velado: que tú, el Dios eterno, eres el Padre del Dios eterno unigénito, que tú eres el único no engendrado y que el Señor Jesucristo es el único engendrado por ti desde toda la eternidad, sin negar, por esto, la unicidad divina, ni dejar de proclamar que el Hijo ha sido engendrado por ti, que eres un solo Dios, confesando, al mismo tiempo, que el que ha nacido de ti, Padre, Dios verdadero, es también Dios verdadero como tú.

Otórganos, pues, un modo de expresión adecuado y digno, ilumina nuestra inteligencia, haz que no nos apartemos de la verdad de la fe; haz también que nuestras palabras sean expresión de nuestra fe, es decir, que nosotros que por los profetas y apóstoles te conocemos a ti, Dios Padre, y al único Señor Jesucristo, y que argumentamos ahora contra los herejes que esto niegan, podamos también celebrarte a ti como Dios en el que no hay unicidad de persona y confesar a tu Hijo, en todo igual a ti.

Responsorio: 1ª Juan 4, 2-3. 6.15.

R. Todo espíritu que confiesa a Jesucristo venido en carne es de Dios; y todo espíritu que no confiesa a Jesús no es de Dios. * En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

V. Quien confiese que Jesús es el Hijo de Dios, Dios permanece en él, y él en Dios. * En esto conocemos el espíritu de la verdad y el espíritu del error.

Oración:

Concédenos, Dios todopoderoso, progresar cada día en el conocimiento de la divinidad de tu Hijo y proclamarla con firmeza, como lo hizo, con celo infatigable, tu obispo y doctor san Hilario. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 17: San Antonio, Abad.

San Antonio, Abad.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Este ilustre padre del monaquismo nació en Egipto hacia el año 250. Al morir sus padres, distribuyó sus bienes entre los pobres y se retiro al desierto, donde comenzó a llevar una vida de penitencia. Tuvo muchos discípulos; trabajó en favor de la Iglesia, confortando a los confesores de la fe durante la persecución de Diocleciano, y apoyando a san Atanasio en sus luchas contra loa arrianos. Murió el año 356.

Segunda lectura:
De
la Vida de san Antonio, escrita por san Atanasio.

La vocación de san Antonio.

Cuando murieron sus padres, Antonio tenía unos dieciocho o veinte años, y quedó él solo con su única hermana, pequeña aún, teniendo que encargarse de la casa y del cuidado de su hermana.

Habían transcurrido apenas seis meses de la muerte de sus padres, cuando un día en que se dirigía, según costumbre, a la iglesia, iba pensando en su interior «los apóstoles lo habían dejado todo para seguir al Salvador, y cómo, según narran los Hechos de los apóstoles, muchos vendían sus posesiones y ponían el precio de venta a los pies de los apóstoles para que lo repartieran entre los pobres; pensaba también en la magnitud de la esperanza que para éstos estaba reservada en el cielo; imbuido de estos pensamientos, entró en la iglesia, y dio la casualidad de que en aquel momento estaban leyendo aquellas palabras del Señor en el Evangelio:

Si quieres llegar hasta el final, vende lo que tienes, da el dinero a los pobresasí tendrás un tesoro en el cielo y luego vente conmigo».

Entonces Antonio, como si Dios le hubiese infundido el recuerdo de lo que habían hecho los santos y con aquellas palabras hubiesen sido leídas especialmente para él, salió en seguida de la iglesia e hizo donación a los aldeanos de las posesiones heredadas de sus padres (tenía trescientas parcelas fértiles y muy hermosas), con el fin de evitar toda inquietud para sí y para su hermana. Vendió también todos sus bienes muebles y repartió entre los pobres la considerable cantidad resultante de esta venta, reservando sólo una pequeña parte para su hermana.

Habiendo vuelto a entrar en la iglesia, oyó aquellas palabras del Señor en el Evangelio: «No os agobiéis por el mañana».

Saliendo otra vez, dio a los necesitados incluso lo poco que se había reservado, ya que no soportaba que quedase su poder ni la más mínima cantidad. Encomendó su hermana a unas vírgenes que él sabía eran de confianza y cuidó de que recibiese una conveniente educación; en cuanto a él, a partir de entonces, libre ya de cuidados ajenos, emprendió en frente de su misma casa una vida de ascetismo y de intensa mortificación.

Trabajaba con sus propias manos, ya que conocía aquella afirmación de la Escritura: El que no trabaja que no coma; lo que ganaba con su trabajo lo destinaba parte a su propio sustento, parte a los pobres.

Oraba con mucha frecuencia, ya que había aprendido que es necesario retirarse para ser constantes en orar: en efecto, ponía tanta atención en la lectura, que retenía todo lo que había leído, hasta tal punto que llego un momento en que su memoria suplía los libros.

Todos los habitantes del lugar, y todos los hombres honrados, cuya compañía frecuentaba, al ver su conducta, lo llamaban amigo de Dios; y todos lo amaban como a un hijo o como a un hermano.

Responsorio: Mateo 19, 21; Lucas 14, 33.

R. Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor, sin temer las amenazas de los enemigos; * Estaba cimentado sobre roca firme.

V. Éste despreció la vida del mundo, y llegó al reino celestial. * Estaba cimentado sobre roca firme.

Oración:

Señor y Dios nuestro, que llamaste al desierto a san Antonio, abad, para que te sirviera con una vida santa, concédenos, por su intercesión, que sepamos negarnos a nosotros mismos para amarte a ti siempre sobre todas las cosas. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 20: San Fructuoso, san Augurio y san Eulogio.

San Fructuoso obispo y mártir, y sus diáconos mártires, Augurio y Eulogio.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

 

Entre los mártires más preclaros de la España romana destacan el obispo de Tarragona san Fructuoso y sus diáconos Augurio y Eulogio. Gracias a las Actas de su martirio, excepcionales en su autenticidad y escritas con una sublime sencillez, conocemos detalles primorosos de la organización eclesiástica y de la vida cristiana de la España antigua. Prudencio dedicó a estos santos sus mejores versos. Murieron en Tarragona, bajo la persecución de los emperadores Valeriano y Galieno, el año 259.

Segunda lectura:
De
los sermones de san Agustín, obispo.

Honrar a los mártires es honrar a Dios.

Bienaventurados los santos, en cuya memoria celebramos el día de su martirio: ellos recibieron la corona eterna y la inmortalidad sin fin a cambio de la vida corporal. Y a nosotros nos dejaron, en estas solemnidades, su exhortación. Cuando oímos cómo padecieron los mártires nos alegramos y glorificamos en ellos a Dios, y no sentimos dolor porque hayan muerto. Pues, si no hubieran muerto por Cristo, ¿acaso hubieran vivido hasta hoy? ¿Por qué no podía hacer la confesión de la fe lo que después haría la enfermedad?

Admirable es el testimonio de san Fructuoso, obispo. Como uno le dijera y le pidiera que se acordara de él y rogara por él, el santo respondió:

«Yo debo orar por la Iglesia católica, que se extiende de oriente a occidente».

¿Qué quiso decir el santo obispo con estas palabras? Lo entendéis, sin duda; recordadlo ahora conmigo:

«Yo debo orar por la Iglesia católica; si quieres que ore por ti, no te separes de aquella por quien pido en mi oración».

Y ¿qué diremos de aquello otro del santo diácono que fue martirizado y coronado juntamente con su obispo? El juez le dijo:

«¿Acaso tú también adoras a Fructuoso?»

Y él respondió:

«Yo no adoro a Fructuoso, sino que adoro al mismo Dios a quien adora Fructuoso».

Con estas palabras, nos exhorta a que honremos a los mártires y, con los mártires, adoremos a Dios.

Por lo tanto, carísimos, alegraos en las fiestas de los santos mártires, mas orad para que podáis seguir sus huellas.

Responsorio:

R. Acuérdate, Señor, de tu Iglesia extendida por toda la tierra: * Llévala a su perfección por la caridad.

V. Llegado el momento del martirio, el santo varón Fructuoso dijo: «Yo debo orar por la Iglesia católica, que se extiende de oriente a occidente.» * Llévala a su perfección por la caridad.

O bien:

De las actas del martirio de san Fructuoso, y sus compañeros.

 Alegría en el martirio.

Cuando el obispo Fructuoso, acompañado de sus diáconos, era conducido al anfiteatro, todo el pueblo sentía compasión de él, ya que era muy estimado no sólo por los hermanos, sino incluso por los gentiles. En efecto, Fructuoso era tal como el Espíritu Santo afirmó que debía ser el obispo, según palabras de san Pablo, instrumento escogido y maestro de los gentiles. Por lo cual, los hermanos, que sabían que su obispo caminaba hacia una gloria tan grande, más bien se alegraban que se dolían de su suerte.

Llegados al anfiteatro, en seguida se acercó al obispo un lector suyo, llamado Augustal, el cual le suplicaba, entre lágrimas, que le permitiera descalzarlo. Pero el bienaventurado mártir le contesto:

«Déjalo, hijo; yo me descalzaré por mí mismo, pues me siento fuerte y lleno de gozo, y estoy cierto de la promesa del Señor».

Colocado en el centro del anfiteatro, y cercano ya el momento de alcanzar la corona inmarcesible más que de sufrir la pena, pese a que los soldados beneficiarios le estaban vigilando, el obispo Fructuoso, por inspiración del Espíritu Santo, dijo, de modo que lo oyeran nuestros hermanos:

«No os ha de faltar pastor ni puede fallar la caridad y la promesa del Señor, ni ahora ni en el futuro. Lo que estáis viendo es sólo el sufrimiento de un momento».

Después de consolar de este modo a los hermanos, los mártires entraron en la salvación, dignos y dichosos en su mismo martirio, pues merecieron experimentar en sí mismos, según la promesa, el fruto de las santas Escrituras.

Cuando los lazos con que les habían atado las manos se quemaron, acordándose de los santos mártires de la oración divina y de su ordinaria costumbre, alegres y seguros de la resurrección y convertidos en signo del triunfo del Señor, arrodillados, suplicaban al Señor, hasta el momento en que juntos entregaron sus almas.

Oración:

Señor, tú que concediste al obispo san Fructuoso su vida por la Iglesia, que se extiende de oriente a occidente, y quisiste que sus diáconos, Augurio y Eulogio le acompañaran al martirio llenos de alegría, haz que tu Iglesia viva siempre gozosa en la esperanza y se consagre, sin desfallecimientos, al bien de todos los pueblos. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Día 20: San Fabián.

San Fabián, Papa y mártir.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Fue elegido obispo de la Iglesia de Roma el año 236 y recibió corona del martirio el año 250, al comienzo de la persecución de Decio, como atestigua san Cipriano; fue sepultado en las catacumbas de Calixto.

Segunda lectura:
De
las cartas de san Cipriano.

Fabián nos da ejemplo de fe y de fortaleza.

San Cipriano, al enterarse con certeza de la muerte papa Fabián, envió esta carta a los presbíteros y diáconos de Roma:

«Hermanos muy amados: Circulaba entre nosotros un rumor no confirmado acerca de la muerte de mi excelente compañero en el episcopado, y estábamos en la incertidumbre, hasta que llegó a nosotros la carta que habéis mandado por manos del subdiácono Cremencio; gracias a ella, he tenido un detallado conocimiento del glorioso martirio de vuestro obispo y me he alegrado en gran manera al ver cómo su ministerio intachable ha culminado una santa muerte.

Por esto, os felicito sinceramente por rendir a su memoria un testimonio tan unánime y esclarecido, ya que, por medio de vosotros, hemos conocido el recuerdo glorioso que guardáis de vuestro pastor, que a nosotros nos da ejemplo de fe y de fortaleza.

En efecto, así como la caída de un pastor es un ejemplo pernicioso que induce a sus fieles a seguir el mismo camino, así también es sumamente provechoso y saludable el testimonio de firmeza en la fe que da un obispo».

La Iglesia de Roma, según parece, antes de que recibiera esta carta, había mandado otra a la Iglesia de Cartago, en la que daba testimonio de su fidelidad en medio de la persecución, con estas palabras:

«La Iglesia se mantiene firme en la fe, aunque; algunos atenazados por el miedo — ya sea porque eran personas distinguidas, ya porque, al ser apresados, se dejaron vencer por el temor de los hombres , han apostatado; a estos tales no los hemos abandonado ni dejado solos, sino que los hemos animado y los exhortamos a que se arrepientan, para que obtengan el perdón de aquel que puede dárselo, no fuera a suceder que, al sentirse abandonados, su ruina fuera aún mayor.

Ved, pues, hermanos, que vosotros debéis obrar también de igual manera, y así los que antes han caído, al ser ahora fortalecidos por vuestras exhortaciones, si vuelven a ser apresados, darán testimonio de su fe y podrán reparar el error pasado. Igualmente debéis poner en práctica esto que os decimos a continuación: si aquellos que han sucumbido en la prueba se ponen enfermos y se arrepienten de lo que hicieron y desean la comunión, debéis atender a su deseo. También las viudas y necesitados que no pueden valerse por sí mismos, los encarcelados, los que han sido arrojados de sus casas deben hallar quien los ayude; asimismo los catecúmenos si les sorprende la enfermedad, no han de verse defraudados en su esperanza de ayuda.

Os mandan saludos los hermanos que están en misión, los presbíteros y toda la Iglesia, la cual vela con gran solicitud por todos los que invocan el nombre Señor. Y también os pedimos que, por vuestra parte os acordéis de nosotros».

Responsorio: Filipenses 1, 23; 3, 8; 1, 21; 2, 17.

R. Deseando partir para estar con Cristo, todo lo estimo pérdida y lo tengo por basura con tal de ganar a Cristo. * Para la vida es Cristo, y una ganancia el morir.

V. Aun en el caso de que mi sangre haya de derramarse, rociando el sacrificio litúrgico que es vuestra fe, yo estoy alegre y me asocio a vuestra alegría. * Para la vida es Cristo, y una ganancia el morir.

Oración:

Dios todopoderoso, glorificador de tus sacerdotes, concédenos, por intercesión de san Fabián, papa y mártir, progresar cada día en la comunión de su misma fe y en el deseo de servirte cada vez con mayor generosidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

Día 20: San Sebastián.

San Sebastián, mártir.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Sufrió el martirio en Roma en el comienzo de la persecución de Diocleciano [284-305]. Su sepulcro, en las catacumbas de la vía Apia, fue venerado ya desde muy antiguo.

Segunda lectura:
Del
comentario de san Ambrosio, obispo, sobre el salmo 118.

Testimonio fiel de Cristo.

Hay que pasar mucho para entrar en el reino de Dios. Muchas son las persecuciones, muchas las pruebas; por tanto, muchas serán las coronas, ya que muchos son los combates. Te es beneficioso el que haya muchos perseguidores, ya que entre esta gran variedad de persecuciones hallarás más fácilmente el modo de ser coronado.

Pongamos como ejemplo al mártir san Sebastián, cuyo día natalicio celebramos hoy.

Este santo nació en Milán. Quizá ya se había marchado de allí el perseguidor, o no había llegado aún a aquella región, o la persecución era más leve. El caso es que Sebastián vio que allí el combate era inexistente o muy tenue.

Marchó, pues, a Roma, donde recrudecía la persecución por causa de la fe; allí sufrió el martirio, allí recibió la corona consiguiente. De este modo, allí, donde había llegado como transeúnte, estableció el domicilio de la eternidad permanente. Si sólo hubiese habido un perseguidor, ciertamente este mártir no hubiese sido coronado.

Pero, además de los perseguidores que se ven, hay otros que no se ven, peores y mucho más numerosos.

Del mismo modo que un solo perseguidor, el emperador, enviaba a muchos sus decretos de persecución y había así diversos perseguidores en cada una de las ciudades y provincias, así también el diablo se sirve de muchos ministros suyos que provocan persecuciones, no sólo exteriores, sino también interiores, en el alma de cada uno.

Acerca de estas persecuciones, dice la Escritura: Todo el que se proponga vivir piadosamente en Cristo Jesús será perseguido. Se refiere a todos, a nadie exceptúa. ¿Quién podría considerarse exceptuado, si el mismo Señor soportó la prueba de la persecución?

¡Cuántos son los que practican cada día este martirio oculto y confiesan al Señor Jesús! También el Apóstol sabe de este martirio y de este testimonio fiel de Cristo, pues dice: Si de algo podemos preciarnos es del testimonio de nuestra conciencia.

Responsorio:

R. Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor, sin temer las amenazas de los enemigos; * Estaba cimentado sobre roca firme.

V. Éste despreció la vida del mundo, y llegó al reino celestial. * Estaba cimentado sobre roca firme.

Oración:

Te rogamos, Señor, nos concedas el espíritu de fortaleza para que, alentados por el ejemplo glorioso de tu mártir san Sebastián, aprendamos a someternos a ti antes que a los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

 

 

Día 21: Santa Inés.

Santa Inés, virgen y mártir.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

 

Murió mártir en Roma en la segunda mitad del siglo III, o, más probablemente, a principios del IV. El papa Dámaso honró su sepulcro con un poema, y muchos Padres de la Iglesia, a partir de san Ambrosio, le dedicaron alabanzas.

Segunda lectura:
Del tratado de san Ambrosio, obispo, sobre las vírgenes.

No tenía aún edad de ser condenada,
pero
estaba ya madura para la victoria.

Celebramos hoy el nacimiento para el cielo de una virgen, imitemos su integridad; se trata también de una mártir, ofrezcamos el sacrificio. Es el día natalicio de santa Inés. Sabemos por tradición que murió mártir a los doce años de edad. Destaca en su martirio, por una parte, la crueldad que no se detuvo ni ante una edad tierna; por otra, la fortaleza que infunde la fe, capaz de dar testimonio en la persona de una jovencita.

¿Es que en aquel cuerpo tan pequeño cabía herida alguna? Y, con todo, aunque en ella no encontraba la espada donde descargar su golpe, fue ella capaz de vencer a la espada. Y eso que a esta edad las niñas no pueden soportar ni la severidad del rostro de sus padres, y si distraídamente se pinchan con una aguja, se poner a llorar como si se tratara de una herida.

Pero ella, impávida entre las sangrientas manos del verdugo, inalterable al ser arrastrada por pesadas y chirriantes cadenas, ofrece todo su cuerpo a la espada del enfurecido soldado, ignorante aún de lo que es la muerte, pero dispuesta a sufrirla; al ser arrastrada por la fuerza al altar idolátrico, entre las llamas tendía hacia Cristo sus manos, y así, en medio de la sacrílega hoguera, significaba con esta posición el estandarte triunfal de la victoria del Señor; intentaban aherrojar su cuello y sus manos con grilletes de hierro, pero sus miembros resultaban demasiado pequeños para quedar encerrados en ellos.

¿Una nueva clase de martirio? No tenía aún edad de ser condenada, pero estaba ya madura para la victoria; la lucha se presentaba difícil, la corona fácil; lo que parecía imposible por su poca edad lo hizo posible su virtud consumada. Una recién casada no iría al tálamo nupcial con la alegría con que iba esta doncella al lugar del suplicio, con prisa y contenta de su suerte, adornada su cabeza no con rizos, sino con el mismo Cristo, coronada no de flores, sino de virtudes.

Todos lloraban, menos ella. Todos se admiraban de que, con tanta generosidad, entregara una vida de la que aún no había comenzado a gozar, como si ya la hubiese vivido plenamente. Todos se asombraban de que fuera ya testigo de Cristo una niña que, por su edad, no podía aún dar testimonio de sí misma. Resultó así que fue capaz de dar fe de las cosas de Dios una niña que era incapaz legalmente de dar fe de las cosas humanas, porque el Autor de la naturaleza puede hacer que sean superadas las leyes naturales.

El verdugo hizo lo posible para aterrorizarla, para atraerla con halagos, muchos desearon casarse con ella. Pero ella dijo:

«Sería una injuria para mi Esposo esperar a ver si me gusta otro; él me ha elegido primero, él me tendrá. ¿A qué esperas, verdugo, para asestar el golpe? Perezca el cuerpo que puede ser amado con unos ojos a los que no quiero.»

Se detuvo, oró, doblegó la cerviz. Hubieras visto cómo temblaba el verdugo, como si él fuese el condenado; como temblaba su diestra al ir a dar el golpe, cómo palidecían los rostros al ver lo que le iba a suceder a la niña, mientras ella se mantenía serena. En una sola víctima tuvo lugar un doble martirio: el de la castidad y el de la fe. Permaneció virgen y obtuvo la gloria del martirio.

Responsorio:

R. Celebremos la festividad de santa Inés, recordemos su glorioso martirio: * En su juventud venció a la muerte y encontró la vida.

V. Pues amó únicamente al Autor de la vida * En su juventud venció a la muerte y encontró la vida.

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, que eliges a los débiles para confundir a los fuertes de este mundo, concédenos a cuantos celebramos el triunfo de tu mártir santa Inés imitar la firmeza de su fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 22: San Vicente, diácono y mártir.

San Vicente, diácono y mártir.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Vicente, diácono de la Iglesia de Zaragoza, sufrió un atroz martirio en Valencia, durante la persecución de Diocleciano [284-305]. Su culto se difundió en seguida por toda la Iglesia.

Segunda lectura: De los sermones de san Agustín.

Vicente venció en aquel por quien había sido vencido el mundo.

A vosotros se os ha concedido la graciadice el Apóstol, de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él.

Una y otra gracia había recibido del diácono Vicente, las había recibido y, por esto, las tenía. Si no las hubiese recibido, ¿cómo hubiera podido tenerlas? En sus palabras tenía la fe, en sus sufrimientos la paciencia.

Nadie confíe en sí mismo al hablar; nadie confíe en sus propias fuerzas al sufrir la prueba, ya que, si hablamos con rectitud y prudencia, nuestra sabiduría proviene de Dios y, si sufrimos los males con fortaleza, nuestra paciencia es también don suyo.

Recordad qué advertencias da a los suyos Cristo, el Señor, en el Evangelio; recordad que el Rey de los mártires es quien equipa a sus huestes con las armas espirituales, quien les enseña el modo de luchar, quien les suministra su ayuda, quien les promete el remedio, quien, habiendo dicho a sus discípulos: En el mundo tendréis luchas, añade inmediatamente, para consolarlos y ayudarlos a vencer el temor: Pero tened valor: yo he vencido al mundo.

¿Por qué admirarnos, pues, amadísimos hermanos, de que Vicente venciera en aquel por quien había sido vencido el mundo? En el mundodicetendréis luchas; se lo dice para que estas luchas no los abrumen, para que en el combate no sean vencidos. De dos maneras ataca el mundo a los soldados de Cristo: los halaga para seducirlos, los atemoriza para doblegarlos. No dejemos que nos domine el propio placer, no dejemos que nos atemorice la ajena crueldad, y habremos vencido al mundo.

En uno y otro ataque sale al encuentro Cristo, para que el cristiano no sea vencido. La constancia en el sufrimiento que contemplamos en el martirio que hoy conmemoramos es humanamente incomprensible, pero la vemos como algo natural si en este martirio reconocemos el poder divino.

Era tan grande la crueldad que se ejercitaba en el cuerpo del mártir y tan grande la tranquilidad con que él hablaba, era tan grande la dureza con que eran tratados sus miembros y tan grande la seguridad con que sonaban sus palabras, que parecía como si el Vicente que hablaba no fuera el mismo que sufría el tormento.

Es que, en realidad, hermanos, así era: era otro el que hablaba. Así lo había prometido Cristo a sus testigos, en el Evangelio, al prepararlos para semejante lucha. Había dicho, en efecto: No os preocupéis de lo que vais a decir o de cómo lo diréis. No seréis vosotros los que habléis, el Espíritu de vuestro Padre hablará por vosotros.

Era, pues, el cuerpo de Vicente el que sufría, pero era el Espíritu quien hablaba, y, por estas palabras del Espíritu, no sólo era redargüida la impiedad, sino también confortada la debilidad.

Responsorio:

R. Me ha probado el Señor como oro en el crisol; * Mis pies pisaban sus huellas, seguían su camino sin torcerse.

V. Lo perdí todo para conocer a Cristo, y la comunión con sus padecimientos. * Mis pies pisaban sus huellas, seguían su camino sin torcerse.

O bien:

De los sermones de san Agustín.

Vicente, por su fe, fue vencedor en todo.

Hemos contemplado un gran espectáculo con los ojos de la fe: al mártir san Vicente, vencedor en todo. Venció en las palabras y venció en los tormentos, venció en la confesión y venció en la tribulación, venció abrasado por el fuego y venció al ser arrojado a las olas, venció, finalmente, al ser atormentado y venció al morir por la fe.

Cuando su carne, en la cual estaba el trofeo de Cristo vencedor, era arrojada desde la nave al mar, Vicente decía calladamente:

«Nos derriban, pero no nos rematan».

¿Quién dio esta paciencia a su soldado, sino aquel que antes derramó la propia sangre por él? A quien se dice en el salmo: Porque tú, Dios mío, fuiste mi esperanza y mi confianza, Señor, desde mi juventud. Un gran combate comporta una gran gloria, no humana ni temporal, sino divina y eterna. Lucha la fe, y cuando lucha la fe nada se consigue con la victoria sobre la carne. Porque, aunque sea desgarrado y despedazado, ¿cómo puede perecer el que ha sido redimido por la sangre de Cristo?

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, derrama sobre nosotros tu Espíritu, para que nuestros corazones se abrasen en el amor intenso que ayudó a san Vicente a superar los tormentos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 23: San Ildefonso.

San Ildefonso, obispo, Patrón de la Diócesis de Toledo.

Memoria libre.
Solemnidad en Toledo ciudad.
Fiesta en la Diócesis de Toledo.

 Ildefonso, nacido en Toledo de noble familia, sobre el año 606 ó 607, profesó muy joven en el monasterio de Agalí, en las afueras de su ciudad natal, uno de los más insignes de la España visigoda. En el año 657 sucedió a san Eugenio en la silla metropolitana. Desarrolló una gran labor catequética defendiendo la virginidad de María y exponiendo la verdadera doctrina sobre el bautismo. Murió el 23 de enero del año 667. Su cuerpo fue trasladado a Zamora.

Himno: Del común de pastores.

Salmodia:

Antífona 1: El Pontífice, con vestidura santa, entrará en la Tienda del Encuentro para servir en el santuario.

Salmo 20, 2-8. 14.
Acción de gracias por la victoria del rey.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre.

Antífona 1: El Pontífice, con vestidura santa, entrará en la Tienda del Encuentro para servir en el santuario.

Antífona 2: Ildefonso, pastor bueno, con palabra elocuente y vida santa, apacentó el rebaño del Señor.

Salmo 91.
Alabanza del Dios creador.

I

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor, 
eres excelso por los siglos.

Gloria al Padre.

Antífona 2: Ildefonso, pastor bueno, con palabra elocuente y vida santa, apacentó el rebaño del Señor.

Antífona 3: Lo alimentó con el pan de la prudencia y le dio a beber el agua de la sabiduría.

II

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre.

Antífona 3: Lo alimentó con el pan de la prudencia y le dio a beber el agua de la sabiduría.

V. Escucharás una palabra de mi boca.
R. Y les darás la alerta de mi parte.

Primera lectura: Eclesiástico 39, 1-10.

El hombre sabio conocedor de las Escrituras.

El que aplica su alma a meditar la ley del Altísimo, la sabiduría de todos los antiguos rebusca, a los profecías consagra sus ocios, conserva los relatos de varones célebres, en los repliegues de las parábolas penetra, busca los secretos de los proverbios y en los enigmas de las parábolas insiste.

En medio de los grandes ejerce su servicio, ante los jefes aparece; viaja por tierras extranjeras, adquiere experiencia de lo bueno y lo malo entre los hombres. Aplica su corazón a ir bien de mañana donde el Señor su Hacedor; suplica ante el Altísimo, abre su boca en oración y por sus pecados suplica.

Si el gran Señor lo quiere, del espíritu de inteligencia será lleno. Él mismo derramará como lluvia las palabras de su sabiduría, y en la oración dará gracias al Señor. Enderezará su consejo y su ciencia. y en sus misterios ocultos hará meditación. Mostrará la instrucción recibida, y en la ley de la alianza del Señor se gloriará.

Muchos elogiarán su inteligencia, jamás será olvidada. No desaparecerá su recuerdo, su nombre vivirá de generación en generación. Su sabiduría comentarán las naciones, su elogio, lo publicará la asamblea. 

Responsorio: Cf. Eclesiástico 9, 23. 32; 2ª Timoteo 4, 5.

R. Sea tu orgullo el temor del Señor: dialoga con los inteligentes, * Y tus palabras se inspiren en la ley del Altísimo.

V. Pero permanece siempre alerta, soporta lo adverso, cumple con tu tarea de evangelizador, * Y tus palabras se inspiren en la ley del Altísimo.

Segunda lectura:
Del libro de san Ildefonso, obispo, sobre el conocimiento del bautismo.

En el bautismo, Cristo es quien bautiza.

Vino el Señor para ser bautizado por el siervo Por humildad, el siervo lo apartaba, diciendo: Soy yo el que necesito que tú me bautices, ¿y tú acudes a mí? Pero, por justicia, el Señor se lo ordenó, respondiendo: Déjalo ahora. Está bien que cumplamos así todo lo que Dios quiere.

Después de esto, declinó el bautismo de Juan, que era bautismo de penitencia y sombra de la verdad, y empezó el bautismo de Cristo, que es la verdad, en el cual se obtiene la remisión de los pecados, aun cuando no bautizase Cristo, sino sus discípulos. En este caso, bautiza Cristo, pero no bautiza. Y las dos cosas son verdaderas bautiza Cristo, porque es él quien purifica, pero no bautiza, porque no es él quien baña. Sus discípulos, en aquel tiempo, ponían las acciones corporales de su ministerio, como hacen también ahora los ministros, pero Cristo ponía el auxilio de su majestad divina. Nunca deja de bautizar el que no cesa de purificar; y, así, hasta el fin de los siglos, Cristo es el que bautiza, porque es siempre él quien purifica.

Por tanto, que el hombre se acerque con fe al humilde ministro, ya que éste está respaldado por tan gran maestro. El maestro es Cristo. Y la eficacia de este sacramento reside no en las acciones del ministro, sino en el poder del maestro, que es Cristo.

Responsorio: Romanos 6, 3. 10.

R. Los que por el bautismo nos incorporamos a Cristo * Fuimos incorporados a su muerte.

V. Su morir fui un morir al pecado, su vivir es un vivir para Dios. * Fuimos incorporados a su muerte.

O bien:

Del libro de san Ildefonso, obispo, de la Perpetua Virginidad de la Bienaventurada Virgen María.

Yo soy el esclavo de la Esclava de mi Señor..

Por eso yo soy tu esclavo, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso eres tu mi Señora, porque mi Señor es tu Hijo. Por eso yo soy esclavo de la esclava de mi Señor; porque tú, Señora mía, fuiste hecha Madre de tu Señor. Por eso fui yo hecho tu esclavo, porque tú fuiste hecha la Madre de mi Hacedor:

Te ruego, te ruego, santa Virgen, que yo posea a Jesús de aquel Espíritu del que engendraste a Jesús; que mi alma reciba a Jesús por aquel Espíritu por el que tu carne concibió al mismo Jesús; que yo pueda conocer a Jesús en virtud de aquel Espíritu por el que te fue dado a ti conocer, tener y alumbrar a Jesús.

Hable yo sobre Jesús cosas humildes y sublimes en aquel Espíritu en el que te confiesas esclava del Señor; deseando que se realice en ti según la palabra del Ángel. En aquel Espíritu ame yo a Jesús en el que le adoras como Señor, le contemplas como Hijo. Tan realmente rinda yo vasallaje a este Jesús como se sometió Él mismo a sus padres, siendo Dios.

¡Oh recompensa sobremanera grande de mi salvación, de mi vida y también de mi gloria! ¡Oh título nobilísimo de mi libertad! ¡Oh condición excelsa de mi nobleza, garantía de mi grandeza, indefectiblemente gloriosa y consumada en eterna gloria! Que yo — que fui malamente engañado quiera hacerme esclavo de la Madre de mi Señor, para mi propia reparación. Que yo — separado de la comunión angélica ya antiguamente en el primer hombre merezca ser considerado como esclavo de la Esclava y Madre de mi Hacedor. Que yo — obra buena en las manos del supremo Dios obtenga ser encadenado con perpetua devoción de esclavitud al servicio de la Virgen Madre.

Otórgame esto, ¡Oh Jesús Hijo del hombre y de Dios!; concédeme esto, Señor de las cosas e Hijo de la Esclava; regálame esto ¡Oh Dios humilde en el Hombre!; dame esto ¡Oh Hombre glorioso en Dios!: que yo crea acerca del parto de la Virgen lo que de tu encarnación llena mi fe; que yo hable de la virginidad maternal lo que llene mi boca de tu alabanza; que yo ame en tu Madre lo mismo que tú con tu amor colmas en mí; que de tal modo sirva yo a tu Madre que, por ello, tú mismo me reconozcas haberte servido a ti; que de tal suerte me gobierne ella, que por ello sepa yo que te doy gusto a ti; que su realeza me domine de tal modo en el tiempo, que seas tú mi Señor en la eternidad.

Responsorio: Cf. Eclesiástico 45, 16; Hebreos 5, 4.

R. El Señor lo escogió para ofrecer el sacrificio * Y para hacer la expiación por el pueblo.

V. Ninguno se arroga este honor si no es llamado por Dios * Para hacer la expiación por el pueblo.

Himno TE DEUM.
(Se recita los Domingos, Fiestas y Solemnidades).

Oración:

Dios todopoderoso, que hiciste a san Ildefonso insigne defensor de la virginidad de María, concede a los que creemos en este privilegio de la Madre de tu Hijo sentirnos amparados por su poderosa y materna intercesión. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 24: San Francisco de Sales.

San Francisco de Sales, obispo y doctor de la Iglesia.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Nació en Saboya el año 1567. Una vez ordenado sacerdote, trabajó intensamente por la restauración católica en su patria. Nombrado obispo de Ginebra, actuó como un verdadero pastor para con los clérigos y fieles, adoctrinándolos en la fe con sus escritos y con sus obras, convirtiéndose en un ejemplo para todos. Murió en Lyon el día 28 de diciembre del año 1622, pero fue el día 24 de enero del año siguiente cuando se realizó su sepultura definitiva en Annecy.

Segunda lectura:
De
la introducción a la vida devota, de san Francisco de Sales, obispo.

La devoción se ha de ejercitar de diversas maneras.

En la misma creación, Dios creador mandó a las plantas que diera cada una fruto según su propia especie: así también mandó a los cristianos, que son como las plantas de su Iglesia viva, que cada uno diera un fruto de devoción conforme a su calidad, estado y vocación.

La devoción, insisto, se ha de ejercitar de diversas maneras, según que se trate de una persona noble o de un obrero, de un criado o de un príncipe, de una viuda o de una joven soltera, o bien de una mujer casada. Más aún: la devoción se ha de practicar de un modo acomodado a las fuerzas, negocios y ocupaciones particulares de cada uno.

Dime, te ruego, mi Filotea, si sería lógico que los obispos quisieran vivir entregados a la soledad, al modo de los cartujos; que los casados no se preocuparan de aumentar su peculio más que los religiosos capuchinos; que un obrero se pasara el día en la iglesia, como un religioso; o que un religioso, por el contrario, estuviera continuamente absorbido, a la manera de un obispo, por todas las circunstancias que atañen a las necesidades del prójimo. Una tal devoción ¿por ventura no sería algo ridículo, desordenado o inadmisible?

Y con todo, esta equivocación absurda es de lo más frecuente. No ha de ser así; la devoción, en efecto, mientras sea auténtica y sincera, nada destruye, sino que todo lo perfecciona y completa, y, si alguna vez resulta de verdad contraria a la vocación o estado de alguien, sin duda es porque se trata de una falsa devoción.

La abeja saca miel de las flores sin dañarlas ni destruirlas, dejándolas tan íntegras, incontaminadas y frescas como las ha encontrado. Lo mismo, y mejor aún, hace la verdadera devoción: ella no destruye ninguna clase de vocación o de ocupaciones, sino que las adorna y embellece.

Del mismo modo que algunas piedras preciosas bañadas en miel se vuelven más fúlgidas y brillantes, sin perder su propio color, así también el que a su propia vocación junta la devoción se hace más agradable a Dios y más perfecto. Esta devoción hace que sea mucho más apacible el cuidado de la familia, que el amor mutuo entre marido y mujer sea más sincero, que la sumisión debida a los gobernantes sea más leal, y que todas las ocupaciones, de cualquier clase que sean, resulten más llevaderas y hechas con más perfección.

Es, por tanto, un error, por no decir una herejía, el pretender excluir la devoción de los regimientos militares, del taller de los obreros, del palacio de los príncipes, de los hogares y familias; hay que admitir, amadísima Filotea, que la devoción puramente contemplativa, monástica y religiosa puede ser ejercida en estos oficios y estados; pero, además de este triple género de devoción, existen también otros muchos y muy acomodados a las diversas situaciones de la vida seglar.

Así pues, en cualquier situación en que nos hallemos, debemos y podemos aspirar a la vida de perfección.

Responsorio: Efesios 4, 32 – 5, 1; Mateo 11, 29.

R. Sed buenos, comprensivos, perdonándoos unos a otros como Dios os perdonó en Cristo Sed imitadores de Dios, como hijos queridos.

V.  Cargad con mi yugo y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón. Sed imitadores de Dios, como hijos queridos.

Oración:

Señor, Dios nuestro, tú has querido que el santo obispo Francisco de Sales se entregara a todos generosamente para la salvación de los hombres; concédenos, a ejemplo suyo, manifestar la dulzura de tu amor en el servicio a nuestros hermanos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 24: Conmemoración de la Bienaventurada Virgen María.

Conmemoración de la Bienaventurada Virgen María.

Memoria obligatoria en la Diócesis de Toledo.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Según refiere el obispo Cixila, en la fiesta de la Encarnación, que según el decreto del Concilio X de Toledo, se celebraba el 18 de diciembre, san Ildefonso, llegado a su iglesia para cantar las horas nocturnas, se encontró con la Santísima Virgen María sentada en la sede episcopal, recibiendo de ella un don celestial. La Iglesia de Toledo, que iconográficamente ha representado profusamente este acontecimiento, hace en este día conmemoración litúrgica del mismo.

Segunda lectura:
Del libro de san Ildefonso, obispo, de la Perpetua Virginidad de la Bienaventurada Virgen María.

El Santo que nacerá de ti será llamado Hijo de Dios,
y te predicen cuál será su grandeza.

Oh la elegida de Dios, la acogida por Dios, la llamada por Dios cercana a Dios, adherida a Dios y a Dios unida; tú, la visitada por el Ángel, saludada por el Ángel, bendecida por el Ángel, alegrada por el Ángel, ruborosa ante sus palabras, atónita en tu pensamiento, estupefacta por el saludo, admirada por el anuncio de la promesa!

Oyes que hallaste gracia ante Dios. Se te pide no temer; eres confirmada en tu fe, instruida en el conocimiento de prodigios, llevada a la gloria de la novedad inaudita. Con referencia a un hijo es advertido tu pudor, y con el nombre del hijo certificada tu virginidad. Se anuncia que el santo que nacerá de ti, será llamado Hijo de Dios, y te predicen cuál será la grandeza del que nace.

«¿Cómo se hará?», preguntas; ¿Interrogas el origen? ¿Indagas la razón? ¿Quieres conocer el hecho y el modo de realizarse? Escucha un oráculo nunca oído, considera una realización sin precedentes advierte un inaudito arcano, presta atención al hecho jamás visto: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo be cubrirá con su sombra.»

Toda la Trinidad realizará en ti visiblemente la concepción; pero sólo la persona del Hijo de Dios nacerá corporalmente, tomara de ti carne, y por tanto lo que será concebido en ti y nacerá de ti, lo que saldrá de ti, engendrado en ti y por ti alumbrado, será llamado Santo, Hijo de Dios. Éste será el gran Dios de las virtudes, éste será el Rey de los siglos. éste, el creador de todas las cosas.

Responsorio:

R. Alégrate, ¡oh Virgen María!, que aplastaste todas las herejías, porque creíste en la palabra del Arcángel san Gabriel. * engendraste virginalmente al Dios hecho hombre y permaneciste intacta después del parto.

V. Dichosa que has creído, porque se ha cumplido lo que se te ha dicho. * engendraste virginalmente al Dios hecho hombre y permaneciste intacta después del parto.

Oración:

Dios todopoderoso y eterno, que por la maternidad virginal de María entregaste a los hombres los bienes de la salvación, concédenos experimentar la intercesión materna de la que nos ha dado a tu Hijo Jesucristo, el autor de la vida. Él que vive y reina contigo. 

Día 25: La Conversión de san Pablo. 

La conversión del apóstol san Pablo.

Fiesta.

Himno:

Si derribado caíste,
fue para elevarte más.
De hoy por siempre seguirás
al Cristo que perseguiste.
Ruega por mí, ciego y triste,
que Saulo de errores fui.
Si en el pecado me hundí,
pueda seguirte en tu vuelo.
Desde el fulgor de tu cielo,
san Pablo, ruega por mí.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmodia:

Antífona 1: «¿Quién eres, Señor?» «Soy Jesús, a quien tú persigues. Peor para ti si das coces contra el pincho.»

Salmo 18 A.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre.

Antífona 1: «¿Quién eres, Señor?» «Soy Jesús, a quien tú persigues. Peor para ti si das coces contra el pincho.»

Antífona 2: Ananías, ve y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando; es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas.

Salmo 63.

Escucha, oh Dios, la voz de mi lamento,
protege mi vida del terrible enemigo;
escóndeme de la conjura de los perversos
y del motín de los malhechores:

afilan sus lenguas como espadas
y disparan como flechas palabras venenosas,
para herir a escondidas al inocente,
para herirlo por sorpresa y sin riesgo.

Se animan al delito,
calculan cómo esconder trampas,
y dicen: «¿Quién lo descubrirá?»
Inventan maldades y ocultan sus invenciones,
porque su mente y su corazón no tienen fondo.

Pero Dios los acribilla a flechazos,
por sorpresa los cubre de heridas;
su misma lengua los lleva a la ruina,
y los que lo ven menean la cabeza.

Todo el mundo se atemoriza,
proclama la obra de Dios
y medita sus acciones.

El justo se alegra con el Señor,
se refugia en él,
y se felicitan los rectos de corazón.

Gloria al Padre.

Antífona 2: Ananías, ve y pregunta por un tal Saulo de Tarso. Está orando; es un instrumento elegido por mí para dar a conocer mi nombre a pueblos y reyes, y a los israelitas.

Antífona 3: Pablo se puso a predicar en las sinagogas, demostrando que Jesús es el Mesías.

Salmo 96.

El Señor reina, la tierra goza,
se alegran las islas innumerables.
Tiniebla y nube lo rodean,
justicia y derecho sostienen su trono.

Delante de él avanza fuego,
abrasando en torno a los enemigos;
sus relámpagos deslumbran el orbe,
y, viéndolos, la tierra se estremece.

Los montes se derriten como cera
ante el dueño de toda la tierra;
los cielos pregonan su justicia,
y todos los pueblos contemplan su gloria.

Los que adoran estatuas se sonrojan,
los que ponen su orgullo en los ídolos;
ante él se postran todos los dioses.

Lo oye Sión, y se alegra,
se regocijan las ciudades de Judá
por tus sentencias, Señor;

porque tú eres, Señor,
altísimo sobre toda la tierra,
encumbrado sobre todos los dioses.

El Señor ama al que aborrece el mal,
protege la vida de sus fieles
y los libra de los malvados.

Amanece la luz para el justo,
y la alegría para los rectos de corazón.
Alegraos, justos, con el Señor,
celebrad su santo nombre.

Gloria al Padre.

Antífona 3: Pablo se puso a predicar en las sinagogas, demostrando que Jesús es el Mesías.

V. El Señor es compasivo y misericordioso.

R. Lento a la ira y rico en clemencia.
 

Primera lectura: Gálatas 1, 11-24.

Reveló a su Hijo en mí, para que yo lo anunciara.

Porque os hago saber, hermanos, que el Evangelio anunciado por mí, no es de orden humano, pues yo no lo recibí ni aprendí de hombre alguno, sino por revelación de Jesucristo.

Pues ya estáis enterados de mi conducta anterior en el Judaísmo, cuán encarnizadamente perseguía a la Iglesia de Dios y la devastaba, y cómo sobrepasaba en el Judaísmo a muchos de mis compatriotas contemporáneos, superándoles en el celo por las tradiciones de mis padres.

Mas, cuando Aquel que me separó desde el seno de mi madre y me llamó por su gracia, tuvo a bien revelar en mí a su Hijo, para que le anunciase entre los gentiles, al punto, sin pedir consejo ni a la carne ni a la sangre, sin subir a Jerusalén donde los apóstoles anteriores a mí, me fui a Arabia, de donde nuevamente volví a Damasco.

Luego, de allí a tres años, subí a Jerusalén para conocer a Cefas y permanecí quince días en su compañía. Y no vi a ningún otro apóstol, y sí a Santiago, el hermano del Señor. Y en lo que os escribo, Dios me es testigo de que no miento.

Luego me fui a las regiones de Siria y Cilicia; pero personalmente no me conocían las Iglesias de Judea que están en Cristo. Solamente habían oído decir: «El que antes nos perseguía ahora anuncia la buena nueva de la fe que entonces quería destruir». Y glorificaban a Dios a causa de mí. 

Responsorio: Gálatas 1, 11-12; 2ª Corintios 11, 10. 7.

R. El Evangelio anunciado por no es de origen humano; * Yo no lo he recibido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

V. Por la verdad de Cristo que poseo, os anuncié el Evangelio de Dios. * Yo no lo he recibido de ningún hombre, sino por revelación de Jesucristo.

Segunda lectura:
De las homilías de san Juan Crisóstomo.

Pablo lo sufrió todo por amor a Cristo.

Qué es el hombre, cuán grande su nobleza y cuánta su capacidad de virtud lo podemos colegir sobre todo de la persona de Pablo. Cada día se levantaba con una mayor elevación y fervor de espíritu y, frente a los peligros que lo acechaban, era cada vez mayor su empuje, como lo atestiguan sus propias palabras: Olvidándome de lo que queda atrás y lanzándome hacia lo que está por delante; y, al presentir la inminencia de su muerte, invitaba a los demás a compartir su gozo, diciendo: Estad alegres y asociaos a mi alegría; y, al pensar en sus peligros y oprobios, se alegra también y dice, escribiendo a los corintios: Vivo contento en medio de mis debilidades, de los insultos y de las persecuciones; incluso llama a estas cosas armas de justicia, significando con ello que le sirven de gran provecho.

Y así, en medio de las asechanzas de sus enemigos, habla en tono triunfal de las victorias alcanzadas sobre los ataques de sus perseguidores y, habiendo sufrido en todas partes azotes, injurias y maldiciones, como quien vuelve victorioso de la batalla, colmado de trofeos, da gracias a Dios, diciendo: Doy gracias a Dios, que siempre nos asocia a la victoria de Cristo. Imbuido de estos sentimientos, se lanzaba a las contradicciones e injurias, que le acarreaba su predicación, con un ardor superior al que nosotros empleamos en la consecución de los honores, deseando la muerte más que nosotros deseamos la vida, la pobreza más que nosotros la riqueza, y el trabajo mucho más que muchos otros apetecen el descanso que lo sigue. La única cosa que él temía era ofender a Dios; lo demás le tenía sin cuidado. Por esto mismo, lo único que deseaba era agradar siempre a Dios.

Y, lo que era para él lo más importante de todo, gozaba del amor de Cristo; con esto se consideraba el más dichoso de todos, sin esto le era indiferente asociarse a los poderosos y a los príncipes; prefería ser, con este amor, el último de todos, incluso del número de los condenados, que formar parte, sin él, de los más encumbrados y honorables.

Para él, el tormento más grande y extraordinario era el verse privado de este amor: para él, su privación significaba el infierno, el único sufrimiento, el suplicio infinito e intolerable.

Gozar del amor de Cristo representaba para él la vida, el mundo, la compañía de los ángeles, los bienes presentes y futuros, el reino, las promesas, el conjunto de todo bien; sin este amor, nada catalogaba como triste o alegre. Las cosas de este mundo no las consideraba, en sí mismas, ni duras ni suaves.

Las realidades presentes las despreciaba como hierba ya podrida. A los mismos gobernantes y al pueblo enfurecido contra él les daba el mismo valor que a un insignificante mosquito.

Consideraba como un juego de niños la muerte y la más variada clase de tormentos y suplicios, con tal de poder sufrir algo por Cristo.

Responsorio: 1ª Timoteo 1, 13-14; 1ª Corintios 15, 9.

R. Dios tuvo compasión de mí, porque yo no era creyente y no sabía lo que hacía. * El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús.

V. Yo no soy digno de llamarme apóstol, porque he perseguido a la Iglesia de Dios. * El Señor derrochó su gracia en mí, dándome la fe y el amor en Cristo Jesús.

Himno TE DEUM.
(Que se recita los Domingos, Fiestas y Solemnidades).

Oración:

Señor, Dios nuestro, tú que has instruido a todos los pueblos con la predicación del apóstol san Pablo, concede a cuantos celebramos su conversión caminar hacia ti, siguiendo su ejemplo, y ser ante el mundo testigos de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 26: San Timoteo y san Tito.

San Timoteo y san Tito, obispos.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Timoteo y Tito, discípulos y colaboradores del apóstol Pablo, presidieron las Iglesias de Éfeso y de Creta, respectivamente. Ellos fueron los destinatarios de las cartas llamadas «pastorales», cartas llenas de excelentes recomendaciones para la formación de pastores y fieles.

Segunda lectura:
De las homilías de san Juan Crisóstomo, obispo.

He combatido bien mi combate.

     Pablo, encerrado en la cárcel, habitaba ya en el cielo, y recibía los azotes y heridas con un agrado superior al de los que conquistan el premio en los juegos; amaba los sufrimientos no menos que el premio, ya que estos mismos sufrimientos, para él, equivalían al premio; por esto, los consideraba como una gracia. Sopesemos bien lo que esto significa. El premio consistía ciertamente en partir para estar con Cristo; en cambio, quedarse en esta vida significaba el combate; sin embargo, el mismo anhelo de estar con Cristo lo movía a diferir el premio, llevado del deseo del combate, ya que lo juzgaba más necesario.

     Comparando las dos cosas, el estar separado de Cristo representaba para él el combate y el sufrimiento, más aún el máximo combate y el máximo sufrimiento. Por el contrario, estar con Cristo representaba el premio sin comparación; con todo, Pablo, por amor a Cristo, prefiere el combate al premio.

     Alguien quizá dirá que todas estas dificultades él las tenía por suaves, por su amor a Cristo. También yo lo admito, ya que todas aquellas cosas, que para nosotros son causa de tristeza, en él engendraban el máximo deleite. Y ¿para qué recordar las dificultades y tribulaciones? Su gran aflicción le hacía exclamar: ¿Quién enferma sin que yo enferme?; ¿quién cae sin que a mi me dé fiebre?

     Os ruego que no sólo admiréis, sino que también imitéis este magnífico ejemplo de virtud: así podremos ser partícipes de su corona.

     Y, si alguien se admira de esto que hemos dicho, a saber, que el que posea unos méritos similares a los de Pablo obtendrá una corona semejante a la suya, que atienda a las palabras del mismo Apóstol: He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. Ahora me aguarda la corona merecida con la que el Señor, juez justo, me premiará en aquel día; y no sólo a mí, sino a todos los que tienen amor a su venida. ¿Te das cuenta de cómo nos invita a todos a tener parte en su misma gloria?

     Así pues, ya que a todos nos aguarda una misma corona de gloria, procuremos hacernos dignos de los bienes que tenemos prometidos.

     Y no sólo debemos considerar en el Apóstol la magnitud y excelencia de sus virtudes y su pronta y robusta disposición de ánimo, por las que mereció llegar a un premio tan grande, sino que hemos de pensar también que su naturaleza era en todo igual a la nuestra; de este modo, las cosas más arduas nos parecerán fáciles y llevaderas y, esforzándonos en este breve tiempo de nuestra vida, alcanzaremos aquella corona incorruptible e inmortal, por la gracia y la misericordia de nuestro Señor Jesucristo, a quien pertenece la gloria y el imperio ahora y siempre y por los siglos de los siglos. Amén.

Responsorio: 1ª Timoteo 6, 11-12; Tito 2, 1.

R. Tú, hombre de Dios, practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. * Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna.
V. Habla de lo que es conforme a la sana doctrina. * Combate el buen combate de la fe, conquista la vida eterna.

Oración:

   Oh Dios, que hiciste brillar con virtudes apostólicas a los santos Timoteo y Tito, concédenos, por su intercesión, que, después de vivir en este mundo en justicia y santidad, merezcamos llegar al reino de los cielos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 27: Santa Ángela de Mérici. 

Santa Ángela de Mérici, virgen.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Nació alrededor del año 1470 en Desenzano, región de Venecia. Tomó el hábito de la tercera Orden franciscana y reunió a un grupo de jóvenes, a las que instruyó en la práctica de la caridad. El año 1535 fundó en Brescia una sociedad de mujeres, bajo la advocación de santa Úrsula, dedicadas a la formación cristiana de las niñas pobres. Murió el año 1540.

Segunda lectura:
Del testamento espiritual de santa Ángela de Mérici.

Lo dispuso todo con suavidad.

     Queridísimas madres y hermanas en Cristo Jesús: En primer lugar, poned todo vuestro empeño, con la ayuda de Dios, en concebir el propósito de no aceptar el cuidado y dirección de los demás, si no es movidas únicamente por el amor de Dios y el celo de las almas.

     Sólo si se apoya en esta doble caridad, podrá producir buenos y saludables frutos vuestro cuidado y dirección, ya que, como afirma nuestro Salvador: Un árbol sano no puede dar frutos malos.

     El árbol sano, dice, esto es, el corazón bueno y el ánimo encendido en caridad, no puede sino producir obras buenas y santas; por esto, decía san Agustín: «Ama, y haz lo que quieras»; es decir, con tal de que tengas amor y caridad, haz lo que quieras, que es como si dijera: «La caridad no puede pecar».

     Os ruego también que tengáis un conocimiento personal de cada una de vuestras hijas, y que llevéis grabado en vuestros corazones no sólo el nombre de cada una, sino también su peculiar estado y condición. Ello no os será difícil si las amáis de verdad.

     Las madres en el orden natural, aunque tuvieran mil hijos, llevarían siempre grabados en el corazón a cada uno de ellos, y jamás se olvidarían de ninguno, porque su amor es sobremanera auténtico. Incluso parece que cuantos más hijos tienen, más aumenta su amor y el cuidado de cada uno de ellos. Con más motivo, las madres espirituales pueden y deben comportarse de este modo, ya que el amor espiritual es más poderoso que el amor que procede del parentesco de sangre.

     Por lo cual, queridísimas madres, si amáis a estas vuestras hijas con una caridad viva y sincera, por fuerza las llevaréis a todas y cada una de ellas grabadas en vuestra memoria y en vuestro corazón.

     También os ruego que procuréis atraerlas con amor, mesura y caridad, no con soberbia ni aspereza, teniendo con ellas la amabilidad conveniente, según aquellas palabras de nuestro Señor: Aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, imitando a Dios, del cual leemos: Lo dispuso todo con suavidad. Y también dice Jesús: Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera.

   Del mismo modo, vosotras tratadlas siempre a todas con suavidad, evitando principalmente el imponer con violencia vuestra autoridad: Dios, en efecto, nos ha dado a todos la libertad y, por esto, no obliga a nadie, sino que se limita a señalar, llamar, persuadir. Algunas veces, no obstante, será necesario actuar con autoridad y severidad, cuando razonablemente lo exijan las circunstancias y necesidades personales; pero, aun en este caso, lo único que debe movernos es la caridad y el celo de las almas.

Responsorio: Efesios 5, 8-9; Mateo 5, 14. 16.
R. Sois luz en el Señor. Caminad como hijos de la luz. * Toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz.
V. Vosotros sois la luz del mundo. Alumbre vuestra luz a los hombres. * Toda bondad, justicia y verdad son frutos de la luz.

Oración:

     Señor, que no deje de encomendarnos a tu misericordia la santa virgen Ángela de Mérici, para que, siguiendo sus ejemplos de caridad y prudencia, sepamos guardar tu doctrina y llevarla a la práctica en la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 27: San Julián de Cuenca. 

San Julián de Cuenca, obispo.

Memoria libre.
(En la Diócesis de Toledo).

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Julián Ben Tauro nació en Toledo en 1128 en el seno de una familia mozárabe. Tras su ordenación sacerdotal llegó a ser arcediano de la catedral primada. Elegido segundo obispo de la joven diócesis de Cuenca, llevó a cabo una magnifica labor pastoral entre musulmanes, judíos y cristianos. Recorrió su vasta diócesis para reformar las costumbres y vida de su clero y fieles, mereciendo, por su profunda caridad, ser llamado “padre de los pobres”. Murió el 28 de enero de 1208, y fue canonizado por Clemente VIII en 1594.

Segunda lectura:
De los sermones de san Fulgencio de Ruspe, obispo.

Criado fiel y solícito.

     El Señor, queriendo explicar el peculiar ministerio de aquellos siervos que ha puesto al frente de su pueblo, dice: ¿Quién es el criado fiel y solícito a quien el Señor ha puesto al frente de su familia para que les reparta la medida de trigo a sus horas? Dichoso ese criado, si el Señor al llegar lo encuentra portándose así. ¿Quién es este Señor, hermanos? Cristo, sin duda, quien dice a sus discípulos: Vosotros me llamáis «el Maestro» y «el Señor» y decís bien, porque lo soy.

     ¿Y cuál es la familia de este Señor? Sin duda aquella que el mismo Señor ha liberado de la mano del enemigo para hacerla pueblo suyo. Esta familia santa es la Iglesia católica, que por su abundante fertilidad se encuentra esparcida por todo el mundo y se gloría de haber sido redimida por la preciosa sangre de su Señor. El Hijo del hombre — dice el mismo Señor — no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos.

     Él mismo es también el buen pastor que entrega su vida por sus ovejas. La familia del Redentor es la grey del buen pastor.

     Quien es el criado que debe ser al mismo tiempo fiel y solícito, nos lo enseña el apóstol Pablo cuando, hablando de sí mismo y de sus compañeros, afirma: Que la gente sólo vea en vosotros servidores de Cristo y administradores de los misterios de Dios. Ahora, en un administrador, lo que se busca es que sea fiel.

     Y, para que nadie caiga en el error de creer que el apóstol Pablo designa como administradores sólo a los apóstoles y que, en consecuencia, despreciando el ministerio eclesial, venga a ser un siervo infiel y descuidado, el mismo apóstol Pablo dice que los obispos son también administradores: El obispo, siendo administrador de Dios, tiene que ser intachable.

     Somos siervos del padre de familias, somos administradores de Dios, y recibiremos la misma medida de trigo que os servimos. Si queremos saber cuál deba ser esta medida de trigo, nos lo enseña también el mismo apóstol Pablo, cuando afirma: Estimaos moderadamente, según la medida de la fe que Dios otorgó a cada uno.

     Lo que Cristo designa como medida de trigo, Pablo lo llama medida de la fe, para que sepamos que el trigo espiritual no es otra cosa sino el misterio venerable de la fe cristiana. Nosotros os repartimos esta medida de trigo, en nombre del Señor, todas las veces que, iluminados por el don de la gracia, hablamos de acuerdo con la regla de la verdadera fe. Vosotros mismos recibís la medida de trigo, por medio de los administradores del Señor, todas las veces que escucháis la palabra de la verdad, por medio de los siervos de Dios.

Responsorio: Mateo 25, 21. 20.
R. Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante. * Pasa al banquete de tu Señor.
V. Señor, cinco talentos me dejaste; mira, he ganado otros cinco. * Pasa al banquete de tu Señor.

Oración:

     Señor, tú que has querido contar en el número de los santos pastores a tu siervo san Julián de Cuenca, y lo has hecho brillar por el fuego de la caridad y el poder de una fe que vence al mundo, haz que, por su intercesión, perseveremos en la fe y en el amor, y merezcamos así participar de la gloria con que lo coronaste. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 28: Santo Tomás de Aquino. 

Santo Tomás de Aquino, presbítero y doctor de la Iglesia.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Nació alrededor del año 1225, de la familia de los condes de Aquino. Estudió primero en el monasterio de Montecasino, luego en Nápoles; más tarde ingresó en la Orden de Predicadores, y completó sus estudios en París y en Colonia, donde tuvo por maestro a san Alberto Magno. Escribió muchas obras llenas de erudición y ejerció también el profesorado, contribuyendo en gran manera al incremento de la filosofía y de la teología. Murió cerca de Terracina el día 7 de marzo de 1274. Su memoria se celebra el día 28 de enero, por razón de que en esa fecha tuvo lugar, el año 1369, el traslado de su cuerpo a Tolosa del Languedoc.

Segunda lectura:
De santo Tomás de Aquino.

En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

     ¿Era necesario que el Hijo de Dios padeciera por nosotros? Lo era, ciertamente, y por dos razones fáciles de deducir: la una, para remediar nuestros pecados; la otra, para darnos ejemplo de cómo hemos de obrar.

     Para remediar nuestros pecados, en efecto, porque en la pasión de Cristo encontramos el remedio contra todos los males que nos sobrevienen a causa del pecado.

     La segunda razón tiene también su importancia, ya que la pasión de Cristo basta para servir de guía y modelo a toda nuestra vida. Pues todo aquel que quiera llevar una vida perfecta no necesita hacer otra cosa que despreciar lo que Cristo despreció en la cruz y apetecer lo que Cristo apeteció. En la cruz hallamos el ejemplo de todas las virtudes.

     Si buscas un ejemplo de amor: Nadie tiene más amor que el que da la vida por sus amigos. Esto es lo que hizo Cristo en la cruz. Y, por esto, si él entregó su vida por nosotros, no debemos considerar gravoso cualquier mal que tengamos que sufrir por él.

     Si buscas un ejemplo de paciencia, encontrarás el mejor de ellos en la cruz. Dos cosas son las que nos dan la medida de la paciencia: sufrir pacientemente grandes males, o sufrir, sin rehuirlos, unos males que podrían evitarse. Ahora bien, Cristo, en la cruz, sufrió grandes males y los soportó pacientemente, ya que en su pasión no profería amenazas; como cordero llevado al matadero, enmudecía y no abría la boca. Grande fue la paciencia de Cristo en la cruz: Corramos en la carrera que nos toca, sin retirarnos, fijos los ojos en el que inició y completa nuestra fe: Jesús, que, renunciando al gozo inmediato, soportó la cruz, despreciando la ignominia.

     Si buscas un ejemplo de humildad, mira al crucificado: él, que era Dios, quiso ser juzgado bajo el poder de Poncio Pilato y morir.

     Si buscas un ejemplo de obediencia, imita a aquel que se hizo obediente al Padre hasta la muerte: Si por la desobediencia de uno — es decir, de Adán — todos se convirtieron en pecadores, así por la obediencia de uno todos se convertirán en justos.

     Si buscas un ejemplo de desprecio de las cosas terrenales, imita a aquel que es Rey de reyes y Señor de señores, en quien están encerrados todos los tesoros del saber y el conocer, desnudo en la cruz, burlado, escupido, flagelado, coronado de espinas, a quien finalmente, dieron a beber hiel y vinagre.

     No te aficiones a los vestidos y riquezas, ya que se repartieron mis ropas; ni a los honores, ya que él experimentó las burlas y azotes; ni a las dignidades, ya que le pusieron una corona de espinas, que habían trenzado; ni a los placeres, ya que para mi sed me dieron vinagre.

Responsorio: Sabiduría 7, 7-8; 9, 17.
R. Supliqué, y se me concedió la prudencia; invoqué, y vino a mí el espíritu de sabiduría. * La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.
V. ¿Quién conocerá tu designio, Señor, si tú no le das la sabiduría, enviando tu Santo Espíritu desde el cielo? * La preferí a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza.

Oración:

     Oh Dios, que hiciste de santo Tomás de Aquino un varón preclaro por su anhelo de santidad y por su dedicación a las ciencias sagradas, concédenos entender lo que él enseñó e imitar el ejemplo que nos dejó en su vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 29: San Julián, obispo de Toledo.

San Julián, obispo.

Fiesta en la Diócesis de Toledo.

Todo del día, excepto lo siguiente, si se celebra como memoria:

     Nacido en Toledo a principios del siglo séptimo, y educado por el Obispo Eugenio III, en enero del año 680 fue elegido Arzobispo de la Iglesia Toledana, de la que se mostró celoso pastor. Presidió los Concilios Toledanos del XII al XV. Murió el 6 de marzo del año 690. Fue constante propagador de la liturgia hispana, para la que compuso numerosos textos, que evidencian su gran erudición.

Del Común de Pastores:

V. Escucharás una palabra de mi boca.
R. Y les darás la alarma de mi parte.

Primera lectura: Tito 1, 7-11; 2, 1-8.

Doctrina del Apóstol sobre las cualidades y obligaciones de los obispos.

     Querido hermano: El obispo, siendo administrador de Dios, tiene que ser intachable, no arrogante ni colérico, no dado al vino ni pendenciero, ni tampoco ávido de ganancias. Al contra­rio. ha de ser hospitalario, amigo de lo bueno, prudente, justo, fiel, dueño de sí. Debe mostrar adhesión a la doctrina cierta, para ser capaz de predicar una enseñanza sana y de rebatir a los adversarios.

     Porque hay mucho insubordinado, charlatán y embaucador, sobre todo entre los judíos convertidos, y hay que taparles la boca. Revuelven familias enteras, enseñando lo que no se debe, todo para sacar dinero.

     Por tu parte, habla de lo que es conforme a la sana doctrina.

     Di a los ancianos que sean sobrios, serios y prudentes; que estén robustos en la fe, en el amor y en la paciencia. A las ancianas, lo mismo: que sean decentes en el porte, que no sean chismosas ni se envicien con el vino, sino maestras en lo bueno, de modo que inspiren buenas ideas a las jóvenes, enseñándoles a amar a los maridos y a sus hijos, a ser moderadas y púdicas, a cui­dar de la casa, a ser bondadosas y sumisas a los maridos, para que no se desacredite la palabra de Dios.

   A los jóvenes, exhórtalos también a ser prudentes, presentándote en todo como un modelo de buena conducta. En la enseñanza sé íntegro y grave, con un hablar sensato e intachable, para que la parte contraria se abochorne, no pudiendo criticar­nos en nada.

Responsorio: Cf. Hechos 20, 28; 1ª Corintios 4, 2.
R. Tened cuidado del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, * Como pastores de la Iglesia que él adquirió con la sangre de su Hijo.
V. En un administrador lo que se busca es que sea fiel, * Como pastores de la Iglesia que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Segunda lectura:
Del Prognosticorum futuri saeculi, de San Julián, obispo.

Oración del peregrino a la patria celestial.

     Habitando en el desierto de Idumea, como ciego y enfermi­zo poseedor, clamo a ti, Hijo de David; compadécete de mí, pues busco mi Patria, la eterna Jerusalén; deseo contemplar a sus ciudadanos, y, sin embargo, no encuentro guías para conducirme allí.

     Pero tú, que te has dignado mostrarte a mí como Camino, dame tu mano, de modo que no ya ciego sino vidente, pueda llegar allí sin obstáculo alguno de ladrones. Ya que tú solo eres un tal Camino que no tolera ladrón. He aquí que mi pobre corazón, suspirando largo tiempo hacia ti por el retorno a aquella Patria, se dilata con una gran solicitud por las realidades futuras; deseando que, antes que alboree, pueda ser contemplada ya aquí aquella futura y gozosa felicidad.

     Pues indagar qué fruto permanece después de la muerte de este cuerpo, para las almas de los difuntos y qué glorificación les sobreviene después de recobrar nuevamente el cuerpo, de cuanto pude conocer de las discusiones de los mayores, según la capacidad de mis fuerzas, he recogido para este trabajo algunos datos útiles.

     Mas también estas cosas, en cuanto pueden ser dichas por los mortales, han sido dichas; no, empero, expuestas todas las que son necesariamente futuras, ya que los caminos de tus jui­cios son inescrutables. Con todo, yo, deseando volar al seno de aquella Patria, de la que tantas cosas grandes se cuentan, te ruego ir por ti, que eres el Camino, no tropezar en ti, que eres la Verdad, y llegar a ti que eres la Vida. Por lo tanto, de ti, que eres el sendero de la suma felicidad, jamás sea separado por circunstancia alguna, o arrancado por impedimento de cosa alguna; sino al contrario, avanzando en ti, no sufra en mi agonía al ladrón, ni tenga que soportar, después de muerto al Acusador.

     Protégeme en mi muerte con la custodia angélica; y conforta con una gran piedad al que es llamado a ti, a fin de que, llegando hasta ti sin experimentar confusión, contemple la bienaventurada Jerusalén.

    ¡Oh Señor! Ya es demasiado lo que hasta ahora perdí cegado por la tiniebla de los pecados. Te ruego, pues, y suplico por el don glorioso de tu sangre y el signo contemplado y venerado de tu cruz, que esto que para el remedio mío y de mis hermanos preparo, no sea ocasión de tropiezo en algo, ni pueda ser acusa­do de temerario, o despreciado como engañoso y castigado juzgándome con aquellos que hablan grandes cosas, pero de su corazón, no de tu Espíritu. Aquí me tienes, Señor; un pobre tuyo mendigando y suplicando, no adoctrinando sobre lo desconocido con insolencia, sino sólo deseando conocer con humildad lo que se debe saber.

Responsorio:
R. En medio de la Iglesia abrió su boca. * El Señor lo llenó de espíritu de sabiduría y de inteligencia.
V. Hallará en ella gozo y corona de alegría. * El Señor lo llenó de espíritu de sabiduría y de inteligencia.

Himno TE DEUM.
(Que se recita los Domingos, Fiestas y Solemnidades).

Oración:

     Señor Dios nuestro, que has querido infundir en san Julián tu admirable doctrina, concédenos por su intercesión, permane cer fieles a esa misma doctrina y modelar conforme a ella nuestra propia conducta. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 30: Beato Manuel Domingo y Sol.

Beato Manuel Domingo y Sol, presbítero.

Memoria libre.(en la Diócesis de Toledo).

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Nacido en Tortosa (España) el año 1836, trabajó como sacerdote en su propia diócesis en todos los campos apostólicos. El encuentro providencial con un seminarista necesitado, le indujo a optar definitivamente por la formación de los futuros sacerdotes, mediante la creación y dirección de centros especializados y la fundación de la Hermandad de Sacerdotes Operarios del Corazón de Jesús, a la que fue confiada la dirección de numerosos seminarios en España y otros países, entre ellos el Seminario Diocesano de Toledo en el año 1898. Muerto en 1909, fue beatificado por Juan Pablo II, quien no dudó en calificarlo el santo apóstol de las vocaciones sacerdotales.

Segunda lectura:
De los escritos del beato Manuel Domingo y Sol, presbítero.

No estamos destinados a salvarnos solos.

     Dios ha confiado a cada uno el cuidado de su prójimo. No sabemos si estamos destinados a ser río rápido que haga florecer en sus orillas jardines amenos, o si hemos de parecernos a la gota de rocío que envía Dios en el desierto a la planta desconocida; pero, más brillante o más humilde, nuestra vocación es cierta: no estamos destinados a salvarnos solos. No debemos estar sin posteridad en el cielo.

     ¿Qué hemos de hacer, pues? Posesionarnos bien de este deber de corresponder a los designios de Dios; revestirnos de un verdadero deseo del bien de las almas; que si este deseo nos animara, pondríamos al servicio del Señor nuestro talento, nuestro prestigio, nuestros intereses. Y no habría obra buena que no nos interesara, ni asociación de propaganda que no mereciera nuestro óbolo y nuestra simpatía, ni acontecimiento triste de la Iglesia que nos lastimara.

     Pero entre todas las obras de celo, no hay ninguna tan grande y de tanta gloria de Dios, como contribuir a dar muchos y buenos sacerdotes a la Iglesia.

     Está en la convicción de todos que si hubiera bueno y numeroso clero, la sociedad sería remediable y el mundo se salvaría. La historia nos lo enseña en cuantos períodos críticos ha pasado la sociedad. Más aún, cuando el vendaval del infierno se ha cernido sobre una nación o una parte del mundo, si el clero se ha mantenido en su puesto — aunque hayan ido a la guillotina — la gloria de Dios ha brotado en medio del martirio, y ha venido a triunfar de la misma impiedad triunfante.

     Es la llave de la cosecha el tener clero, mucho y bueno. Con esto, todo puede esperarse. Sin esto, casi son inútiles los esfuerzos.

     El Señor me ha hecho gustar, y en abundancia, de todos los consuelos y sinsabores de los varios campos del ministerio sacerdotal: cura de almas, enseñanza, monjas, asociaciones, y últimamente fomentador de vocaciones eclesiásticas; y de todo, esto último es lo que forma y formará mi gozo y mi corona.

     Por esto, hemos de ser más santos los Operarios. ¿Cómo poder nosotros vivir en la disipación, en el peligro, estando amonestando y dirigiendo aquellas almas y preparándolas a la perfección sacerdotal? Las palabras se nos atragantarían y nos parecería que están leyendo nuestro corazón y nos cogerían ganas de irnos a la otra parte de los mares, para ocultar nuestra confusión.

     Tenemos, pues, un deber especial y lo contraemos ante el Corazón de Jesús, de caminar — qué digo? — de poseer la santidad ya, por la trascendencia de nuestros ministerios, de los cuales depende la gloria de Dios en grandísima escala.

Responsorio: 1ª Pedro 1, 13. 15; Levítico 1, 44.
R. Estad interiormente preparados para la acción; el que os llamó es santo. * Como él, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta.
V. Yo soy el Señor, vuestro Dios; santificaos y sed santos. Porque yo soy santo. * Como él, sed también vosotros santos en toda vuestra conducta.

Oración:

     Oh Dios que descubriste al beato Manuel el profundo sentido de tu llamada, y en especial de la vocación sacerdotal, suscita, por su intercesión, decididos apóstoles de la vocación y generosas respuestas a tus llamadas. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 31: San Juan Bosco.

San Juan Bosco, presbítero.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Nació junto a Castelnuovo, en la diócesis de Turín, el año 1815. Su niñez fue dura. Una vez ordenado sacerdote, empleó todas sus energías en la educación de los jóvenes e instituyó Congregaciones destinadas a enseñarles diversos oficios y formarlos en la vida cristiana. Escribió también algunos opúsculos en defensa de la religión. Murió el año 1888.

Segunda lectura:
De las cartas de san Juan Bosco, presbítero.

Trabajé siempre con amor.

     Si de verdad buscamos la auténtica felicidad de nuestros alumnos y queremos inducirlos al cumplimiento de sus obligaciones, conviene, ante todo, que nunca olvidéis que hacéis las veces de padres de nuestros amados jóvenes, por quienes trabajé siempre con amor, por quienes estudié y ejercí el ministerio sacerdotal, y no sólo yo, sino toda la Congregación salesiana.

     ¡Cuántas veces, hijos míos, durante mi vida, ya bastante prolongada, he tenido ocasión de convencerme de esta gran verdad! Es más fácil enojarse que aguantar; amenazar al niño que persuadirlo; añadiré incluso que, para nuestra impaciencia y soberbia, resulta más cómodo castigar a los rebeldes que corregirlos, soportándolos con firmeza y suavidad a la vez.

     Os recomiendo que imitéis la caridad que usaba Pablo con los neófitos, caridad que con frecuencia los llevaba a derramar lágrimas y a suplicar, cuando los encontraba poco dóciles y rebeldes a su amor.

     Guardaos de que nadie pueda pensar que os dejáis llevar por los arranques de vuestro espíritu. Es difícil, al castigar, conservar la debida moderación, la cual es necesaria para que en nadie pueda surgir la duda de que obramos sólo para hacer prevalecer nuestra autoridad o para desahogar nuestro mal humor.

     Miremos como a hijos a aquellos sobre los cuales debemos ejercer alguna autoridad. Pongámonos a su servicio, a imitación de Jesús, el cual vino para obedecer y no para mandar, y avergoncémonos de todo lo que pueda tener incluso apariencia de dominio; si algún dominio ejercemos sobre ellos, ha de ser para servirlos mejor.

     Éste era el modo de obrar de Jesús con los apóstoles, ya que era paciente con ellos, a pesar de que eran ignorantes y rudos, e incluso poco fieles; también con los pecadores se comportaba con benignidad y con una amigable familiaridad, de tal modo que era motivo de admiración para unos, de escándalo para otros, pero también ocasión de que muchos concibieran la esperanza de alcanzar el perdón de Dios. Por esto, nos mandó que fuésemos mansos y humildes de corazón.

     Son hijos nuestros, y, por esto, cuando corrijamos sus errores, hemos de deponer toda ira o, por lo menos, dominarla de tal manera como si la hubiéramos extinguido totalmente.

     Mantengamos sereno nuestro espíritu, evitemos el desprecio en la mirada, las palabras hirientes; tengamos comprensión en el presente y esperanza en el futuro, como nos conviene a unos padres de verdad, que se preocupan sinceramente de la corrección y enmienda de sus hijos.

     En los casos más graves, es mejor rogar a Dios con humildad que arrojar un torrente de palabras, ya que éstas ofenden a los que las escuchan, sin que sirvan de provecho alguno a los culpables.

Responsorio: Marcos 10, 13-14; Mateo 18, 5.
R. Acercaban niños a Jesús para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús les dijo: * «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.»
V. El que acoge a un niño en mi nombre me acoge a mí. * Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.

Oración:

     Señor, tú que has suscitado en san Juan Bosco un padre y un maestro para la juventud, danos también a nosotros un celo infatigable y un amor ardiente, que nos impulse a entregarnos al bien de los hermanos y a servirte a ti en ellos con fidelidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

FEBRERO

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Día 2: PRESENTACIÓN DEL SEÑOR.

La Presentación del Señor.

Fiesta.

Himno:

En el templo entra María,
más que nunca pura y blanca,
luces del mármol arranca,
reflejos al oro envía.

Va el Cordero entre la nieve,
la Virgen nevando al Niño,
nevando a puro cariño
este blanco vellón leve.

Las dos tórtolas que ofrece
ya vuelan y ya se posan.
Ana y Simeón rebosan
gozo del tiempo que crece,

que estalla, que está; no hubo
quien, viendo al blanco alhelí,
dijera —por ti, por mí—
que al hielo esta noche estuvo.

Ya ha cesado la nevada;
y el Niño, tan blanco, blanco,
oye que va a ser el blanco
de contradicción, la espada,

ay, para su Madre, y mueve
hacia ella sus ojuelos,
regalando desconsuelos,
como si él no fuera nieve.

Gloria al Padre, gloria al Hijo,
gloria al Espíritu Santo,
por los siglos de los siglos. Amén.

Salmodia:

Antífona 1: Éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten.

Salmo 2.
El Mesías, rey vencedor.

¿Por qué se amotinan las naciones,
y los pueblos planean un fracaso?

Se alían los reyes de la tierra,
los príncipes conspiran
contra el Señor y contra su Mesías:
«Rompamos sus coyundas,
sacudamos su yugo.»

El que habita en el cielo sonríe,
el Señor se burla de ellos.
Luego les habla con ira,
los espanta con su cólera:
«Yo mismo he establecido a mi Rey
en Sión, mi monte santo.»

Voy a proclamar el decreto del Señor;
él me ha dicho:
«Tú eres mi hijo: yo te he engendrado hoy.
Pídemelo: te daré en herencia las naciones,
en posesión, los confines de la tierra:
los gobernarás con cetro de hierro,
los quebrarás como jarro de loza.»

Y ahora, reyes, sed sensatos;
escarmentad, los que regís la tierra:
servid al Señor con temor,
rendidle homenaje temblando;
no sea que se irrite, y vayáis a la ruina,
porque se inflama de pronto su ira.
¡Dichosos los que se refugian en él!

Gloria al Padre.

Antífona 1: Éste está puesto para que muchos en Israel caigan y se levanten.

Antífona 2: ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor aparecerá sobre ti!

Salmo 18 A.

El cielo proclama la gloria de Dios,
el firmamento pregona la obra de sus manos:
el día al día le pasa el mensaje,
la noche a la noche se lo susurra.

Sin que hablen, sin que pronuncien,
sin que resuene su voz,
a toda la tierra alcanza su pregón
y hasta los límites del orbe su lenguaje.

Allí le ha puesto su tienda al sol:
él sale como el esposo de su alcoba,
contento como un héroe, a recorrer su camino.

Asoma por un extremo del cielo,
y su órbita llega al otro extremo:
nada se libra de su calor.

Gloria al Padre.

Antífona 2: ¡Levántate, brilla, Jerusalén, que llega tu luz; la gloria del Señor aparecerá sobre ti!

Antífona 3: Goza, alégrate, nueva Sión, mira a tu Rey, que viene humilde a salvar a su pueblo.

Salmo 44.
Las nupcias del Rey.

Me brota del corazón un poema bello,
recito mis versos a un rey;
mi lengua es ágil pluma de escribano.

Eres el más bello de los hombres,
en tus labios se derrama la gracia,
el Señor te bendice eternamente.

Cíñete al flanco la espada, valiente:
es tu gala y tu orgullo;
cabalga victorioso por la verdad y la justicia,
tu diestra te enseñe a realizar proezas.
Tus flechas son agudas, los pueblos se te rinden,
se acobardan los enemigos del rey.

Tu trono, oh Dios, permanece para siempre,
cetro de rectitud es tu cetro real;
has amado la justicia y odiado la impiedad:
por eso el Señor, tu Dios, te ha ungido
con aceite de júbilo
entre todos tus compañeros.

A mirra, áloe y acacia huelen tus vestidos,
desde los palacios de marfiles te deleitan las arpas.
Hijas de reyes salen a tu encuentro,
de pie a tu derecha está la reina,
enjoyada con oro de Ofir.

Escucha, hija, mira: inclina el oído,
olvida tu pueblo y la casa paterna;
prendado está el rey de tu belleza:
póstrate ante él, que él es tu Señor.
La ciudad de Tiro viene con regalos,
los pueblos más ricos buscan tu favor.

Ya entra la princesa, bellísima,
vestida de perlas y brocado;
la llevan ante el rey, con séquito de vírgenes,
la siguen sus compañeras:
las traen entre alegría y algazara,
van entrando en el palacio real.

«A cambio de tus padres, tendrás hijos,
que nombrarás príncipes por toda la tierra.»

Quiero hacer memorable tu nombre
por generaciones y generaciones,
y los pueblos te alabarán
por los siglos de los siglos.

Gloria al Padre.

Antífona 3: Goza, alégrate, nueva Sión, mira a tu Rey, que viene humilde a salvar a su pueblo.

V. Oh Dios, meditamos tu misericordia.
R. En medio de tu templo.

Primera Lectura: Éxodo 13, 1-3a. 11-16.

Consagración de los primogénitos.

     Habló Yahveh a Moisés, diciendo:

     «Conságrame todo primogénito, todo lo que abre el seno materno entre los israelitas. Ya sean hombres o animales, míos son todos.»

     Dijo, pues, Moisés al pueblo:

     «Cuando Yahveh te haya introducido en la tierra del cananeo, como lo tiene jurado a ti y a tus padres, y te la haya dado, consagrarás a Yahveh todo lo que abre el seno materno. Todo primer nacido de tus ganados, si son machos, pertenecen también a Yahveh. Todo primer nacido del asno lo rescatarás con un cordero; y si no lo rescatas lo desnucarás. Rescatarás también todo primogénito de entre tus hijos.

     Y cuando el día de mañana te pregunte tu hijo: “¿Qué significa esto?”, le dirás: “Con mano fuerte nos sacó Yahveh de Egipto, de la casa de servidumbre. Como Faraón se obstinó en no dejarnos salir, Yahveh mató a todos los primogénitos en el país de Egipto, desde el primogénito del hombre hasta el primogénito del ganado. Por eso sacrifico a Yahveh todo macho que abre el seno materno, y rescato todo primogénito de mis hijos.”

     Esto será como señal en tu mano y como insignia entre tus ojos; porque con mano fuerte nos sacó Yahveh de Egipto.»

Responsorio:

R. Adorna tu morada, Sión, para recibir al Mesías rey: * A quien la Virgen concibió, la Virgen dio a luz, la Virgen, que lo había engendrado, adoró después del parto.

V. Simeón tomó al niño en brazos, dio gracias y bendijo al Señor, * A quien la Virgen concibió, la Virgen dio a luz, la Virgen, que lo había engendrado, adoró después del parto.

Segunda Lectura:
De los sermones de san Sofronio.

Acojamos la luz clara y eterna.

     Corramos todos al encuentro del Señor, los que con fe celebramos y veneramos su misterio, vayamos todos con alma bien dispuesta. Nadie deje de participar en este encuentro, nadie deje de llevar su luz.

     Llevamos en nuestras manos cirios encendidos, ya para significar el resplandor divino de aquel que viene a nosotros — el cual hace que todo resplandezca y, expulsando las negras tinieblas, lo ilumina todo con la abundancia de la luz eterna —, ya, sobre todo, para manifestar el resplandor con que nuestras almas han de salir al encuentro de Cristo.

     En efecto, del mismo modo que la Virgen Madre de Dios tomó en sus brazos la luz verdadera y la comunicó a los que yacían en tinieblas, así también nosotros, iluminados por él y llevando en nuestras manos una luz visible para todos, apresurémonos a salir al encuentro de aquel que es la luz verdadera.

     Sí, ciertamente, porque la luz ha venido al mundo, para liberarlo de las tinieblas en que estaba envuelto y llenarlo de resplandor, y nos ha visitado el sol que nace de lo alto, llenando de su luz a los que vivían en tinieblas: esto es lo que nosotros queremos significar. Por esto, avanzamos en procesión con cirios en las manos; por esto acudimos llevando luces, queriendo representar la luz que ha brillado para nosotros, así como el futuro resplandor que, procedente de ella, ha de inundarnos. Por tanto, corramos todos a una, salgamos al encuentro de Dios.

     Ha llegado ya aquella luz verdadera que viniendo a este mundo alumbra a todo hombre. Dejemos, hermanos que esta luz nos penetre y nos transforme.

     Ninguno de nosotros ponga obstáculos a esta luz y se resigne a permanecer en la noche; al contrario, avancemos todos llenos de resplandor; todos juntos, iluminados, salgamos a su encuentro y, con el anciano Simeón, acojamos aquella luz clara y eterna; imitemos la alegría de Simeón y, como él, cantemos un himno de acción de gracias al Engendrador y Padre de la luz, que ha arrojado de nosotros las tinieblas y nos ha hecho partícipes de la luz verdadera.

     También nosotros, representados por Simeón, hemos visto la salvación de Dios, que él ha presentado ante todos los pueblos y que ha manifestado para gloria de nosotros, los que formamos el nuevo Israel; y, así como Simeón, al ver a Cristo, quedó libre de las ataduras de la vida presente, así también nosotros hemos sido liberados del antiguo y tenebroso pecado.

     También nosotros, acogiendo en los brazos de nuestra fe a Cristo, que viene desde Belén hasta nosotros, nos hemos convertido de gentiles en pueblo de Dios (Cristo es, en efecto, la salvación de Dios Padre) y hemos visto, con nuestros ojos, al Dios hecho hombre; y, de este modo, habiendo visto la presencia de Dios y habiéndola aceptado, por decirlo así, en los brazos de nuestra mente, somos llamados el nuevo Israel. Esto es lo que vamos celebrando año tras año, porque no queremos olvidarlo.

Responsorio: Ezequiel 43, 4-5; cf. Lucas 2, 27.
R. La gloria del Señor entró en el templo por la puerta oriental. * La gloria del Señor llenó el templo.
V. Llevaron al niño Jesús sus padres al templo. * La gloria del Señor llenó el templo.

Himno TE DEUM.
(Se recita los Domingos, Fiestas y Solemnidades).

Oración:

    Dios todopoderoso y eterno, te rogamos humildemente que, así como tu Hijo unigénito, revestido de nuestra humanidad, ha sido presentado hoy en el templo, nos concedas, de igual modo, a nosotros la gracia de ser presentados delante de ti con el alma limpia. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 3: San Blas.

San Blas, obispo y mártir.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Fue obispo de Sebaste de Armenia en el siglo IV. Durante la edad media su culto se difundió por toda la Iglesia.

Segunda lectura:
De los sermones de san Agustín, obispo.

Sufre por mis ovejas.

     El Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Tal es el modo como el Señor se puso a nuestro servicio, y como quiere que nosotros nos pongamos al servicio de los demás. Dio su vida en rescate por muchos: así es como nos redimió.

     ¿Quién de nosotros es capaz de redimir a otro? Fue su sangre y su muerte lo que nos redimió de la muerte, fue su abajamiento lo que nos levantó de nuestra postración; pero también nosotros debemos poner nuestra pequeña parte en favor de sus miembros, ya que hemos sido hechos miembros suyos: él es la cabeza, nosotros su cuerpo.

     El Señor había dicho: El que quiera ser primero entre vosotros, que sea vuestro esclavo. Igual que el Hijo del hombre no ha venido para que le sirvan, sino para servir y dar su vida en rescate por muchos. Por esto, el apóstol Juan nos exhorta a imitar su ejemplo, con estas palabras: Cristo dio su vida por nosotros; también nosotros debemos dar nuestra vida por los hermanos.

     Y el mismo Señor, después de su resurrección, dijo a Pedro: ¿Me quieres? Él respondió: Te quiero. Por tres veces se repitió la misma pregunta y respuesta, y las tres veces dijo el Señor: Apacienta mis ovejas.

     «¿Cómo podrás demostrar que me quieres, sino apacentando mis ovejas? ¿Qué vas a darme con tu amor, si todo lo esperas de mí? Aquí tienes lo que has de hacer para quererme: apacienta mis ovejas.»

     Por tres veces se repiten las mismas palabras: «¿Me quieres?» «Te quiero». «Apacienta mis ovejas». Tres veces lo había negado por temor; tres veces le hace profesión de amor.

     Finalmente, después que el Señor ha encomendado por tercera vez sus ovejas a Pedro, al responderle éste con su profesión de amor, con la que condenaba y borraba su pasado temor, añade el Señor a continuación: «Cuando eras joven, mismo te ceñías e ibas adonde querías; pero cuando seas viejo, otro te ceñirá y te llevará a donde no quieras». Esto dijo aludiendo a la muerte con que iba dar gloria a Dios. Le anunciaba por adelantado la cruz, le predecía su martirio.

     El Señor, pues, va más allá de lo que había dicho: Apacienta mis ovejas, ya que añade equivalentemente: «Sufre por mis ovejas».

Responsorio: Filipenses 1, 20; Salmo 68, 21.

R. En ningún caso saldré derrotado; * Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte.

V. La afrenta me destroza el corazón, y desfallezco. * Cristo será glorificado abiertamente en mi cuerpo, sea por mi vida o por mi muerte.

Oración:

     Escucha, Señor, las súplicas de tu pueblo, que hoy te invoca apoyado en la protección de tu mártir san Blas: concédenos, por sus méritos, la paz en esta vida y el premio de la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 3 bis: San Óscar.

San Óscar, obispo.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Nació en Francia a principios del siglo IX y fue educado el monasterio de Corbie. El año 826 marchó a Dinamarca a predicar la fe cristiana, pero con poco fruto; en Suecia, en cambio, obtuvo mejores resultados. Fue elegido obispo de Hamburgo, y el papa Gregorio IV, después de confirmar su nombramiento, lo designó también legado pontificio para Dinamarca y Suecia. Tuvo que enfrentarse a una serie de dificultades en su obra evangelizadora, pero todas las superó su fortaleza de ánimo. Murió el año 865.

Segunda lectura:
Del Decreto Ad gentes, sobre la actividad misionera de la Iglesia, del Concilio Vaticano II.

Hay que anunciar, con toda libertad, el misterio de Cristo.

     Aunque a todo discípulo de Cristo incumbe el deber de propagar la fe según su condición, Cristo, el Señor, de entre los discípulos, llama siempre a los que le parece bien, para tenerlos en su compañía y para enviarlos a predicar a las naciones.

     Por lo cual, por medio del Espíritu Santo, que distribuye sus carismas según le place para común utilidad, inspira la vocación misionera en el corazón de cada uno y suscita al mismo tiempo en la Iglesia institutos que reciben como misión propia el deber de la evangelización, que pertenece a toda la Iglesia.

     Son marcados con una vocación especial aquellos que, dotados de un carácter natural conveniente, idóneos por sus buenas dotes e ingenio, están dispuestos a emprender la obra misional, sean nativos del lugar o extranjeros: sacerdotes, religiosos o seglares. Enviados por la autoridad legítima, se dirigen con fe y obediencia a los que están lejos de Cristo, separados para el ministerio a que han sido destinados, como servidores del Evangelio, para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios.

     El hombre debe responder al llamamiento de Dios de tal modo que, no asintiendo a la carne ni a la sangre, se entregue totalmente a la obra del Evangelio. Pero no puede dar esta respuesta si no lo inspira y alienta el Espíritu Santo.

     El enviado entra en la vida y en la misión de aquel que se despojó de su rango y tomó la condición de esclavo. Por eso, debe estar dispuesto a perseverar toda su vida en la vocación, a renunciarse a sí mismo y a hacerse todo para todos.

     El que anuncia el Evangelio entre los paganos anuncie, con toda libertad, el misterio de Cristo, de quien es embajador, de suerte que, con su fuerza, se atreva a hablar como conviene, sin avergonzarse del escándalo de la cruz. Siguiendo las huellas de su Maestro, manso y humilde de corazón, manifieste que su yugo es llevadero y su carga ligera.

     Dé testimonio de su Señor con una vida enteramente evangélica, con mucha constancia, con longanimidad, con benignidad, con caridad sincera, y, si es necesario, hasta el derramamiento de su propia sangre.

     Dios le concederá valor y fortaleza para que vea qué abundancia de gozo se encierra en la experiencia intensa de la tribulación y de la absoluta pobreza.

Responsorio: 1ª Corintios 9, 16. 22.
R. El hecho de predicar no es para mí motivo de orgullo; no tengo más remedio. * ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!
V. Me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos. * ¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!

Oración:

    Señor, Dios nuestro, que has querido enviar al obispo san Óscar a evangelizar numerosos pueblos, concédenos, por su intercesión, caminar siempre en la luz de tu verdad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 5: Santa Águeda.

Santa Águeda, virgen y mártir.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Padeció el martirio en Catania (Sicilia), probablemente en la persecución de Decio (249-251). Desde la antigüedad su culto se extendió por toda la Iglesia y su nombre fue introducido en el Canon romano.

Segunda lectura:
Del sermón de san Metodio de Sicilia, obispo.

Su bondad provenía del mismo Dios, fuente de todo bien.

     Hermanos, como sabéis, la conmemoración anual de esta santa mártir nos reúne en este lugar para celebrar principalmente su glorioso martirio, que pertenece ya al pasado, pero que es también actual, ya que también ahora continúa su victorioso combate por medio de los milagros divinos por los que es coronada de nuevo todos los días y recibe una incomparable gloria.

     Es una virgen, porque nació del Verbo inmortal (quien también por mi causa gustó de la muerte en su carne) e indiviso Hijo de Dios, como afirma el teólogo Juan: A cuantos le recibieron, les da poder para ser hijos de Dios.

     Esta mujer virgen, la que hoy os ha invitado a nuestro convite sagrado, es la mujer desposada con un solo esposo, Cristo, para decirlo con el mismo simbolismo nupcial que emplea el apóstol Pablo.

     Una virgen que, con la lámpara siempre encendida, enrojecía y embellecía sus labios, mejillas y lengua con la púrpura de la sangre del verdadero y divino Cordero, y que no dejaba de recordar y meditar continuamente la muerte de su ardiente enamorado, como si la tuviera presente ante sus ojos.

     De este modo, su mística vestidura es un testimonio que habla por sí mismo a todas las generaciones futuras, ya que lleva en sí la marca indeleble de la sangre de Cristo, de la que está impregnada, como también la blancura resplandeciente de su virginidad.

     Águeda hizo honor a su nombre, que significa «buena»; ella fue en verdad buena por su identificación con el mismo Dios; fue buena para su divino Esposo y lo es también para nosotros, ya que su bondad provenía del mismo Dios, fuente de todo bien.

     En efecto, ¿cuál es la causa suprema de toda bondad sino aquel que es el sumo bien? Por esto, difícilmente hallaríamos algo que mereciera, como Águeda, nuestros elogios y alabanzas.

     Águeda, buena de nombre y por sus hechos; Águeda, cuyo nombre indica de antemano la bondad de sus obras maravillosas, y cuyas obras corresponden a la bondad de su nombre; Águeda, cuyo solo nombre es un estímulo para que todos acudan a ella, y que nos enseña también con su ejemplo a que todos pongamos el máximo empeño en llegar sin demora al bien verdadero, que es sólo Dios.

Responsorio:
R.
Yo, con la gracia de Dios, perseveraré en su alabanza; * Él me ha salvado y consolado.
V.
El Señor, que es inmaculado, me consagró misericordiosamente para él como sierva inmaculada. * Él me ha salvado y consolado.

Oración:

     Te rogamos, Señor, que la virgen santa Águeda nos alcance tu perdón, pues ella fue agradable a tus ojos por la fortaleza que mostró en su martirio y por el mérito de su castidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 6: San Pablo Miki y compañeros mártires.

San Pablo Miki y compañeros mártires.

Memoria obligatoria.

Todo del día, excepto lo siguiente:

Pablo nació en Japón entre los años 1564 y 1566. Ingresó la Compañía de Jesús y predicó con mucho fruto el Evangelio entre sus conciudadanos. Al arreciar la persecución contra los católicos, fue encarcelado junto con otros veinticinco, entre ellos san Pedro Bautista, franciscano español, con cinco hermanos de hábito. Después de soportar graves ultrajes, fueron crucificados en Nagasaki el 5 de febrero de 1597.

Segunda lectura: De la Historia del martirio de san Pablo Miki y compañeros, escrita por un contemporáneo.

Seréis mis testigos.

Clavados en la cruz, era admirable ver la constancia de todos, a la que les exhortaban el padre Pasio y el padre Rodríguez. El Padre Comisario estaba casi rígido, los ojos fijos en el cielo. El hermano Martín daba gracias a la bondad divina entonando algunos salmos y añadiendo el verso: A tus manos, Señor. También el hermano Francisco Blanco daba gracias a Dios con voz clara. El hermano Gonzalo recitaba también en alta voz la oración dominical y la salutación angélica.

Pablo Miki, nuestro hermano, al verse en el púlpito más honorable de los que hasta entonces había ocupado, declaró en primer lugar a los circunstantes que era japonés y jesuita, y que moría por anunciar el Evangelio, dando gracias a Dios por haberle hecho beneficio tan inestimable. Después añadió estas palabras:

«Al llegar este momento no creerá ninguno de vosotros que me voy a apartar de la verdad. Pues bien, os aseguro que no hay más camino de salvación que el de los cristianos. Y como quiera que el cristianismo me enseña a perdonar a mis enemigos y a cuantos me han ofendido, perdono sinceramente al rey y a los causantes de mi muerte, y les pido que reciban el bautismo».

Y, volviendo la mirada a los compañeros, comenzó a animarles para el trance supremo. Los rostros de todos tenían un aspecto alegre, pero el de Luis era singular. Un cristiano le gritó que estaría en seguida en el paraíso. Luis hizo un gesto con sus dedos y con todo su cuerpo, atrayendo las miradas de todos.

Antonio, que estaba al lado de Luis, fijos los ojos en el cielo, y después de invocar los nombres de Jesús y María, entonó el salmo: Alabad, siervos del Señor, que había aprendido en la catequesis de Nagasaki, pues en ella se les hace aprender a los niños ciertos salmos.

Otros repetían: «¡Jesús! ¡María!», con rostro sereno. Algunos exhortaban a los circunstantes a llevar una vida digna de cristianos. Con éstas y semejantes acciones mostraban su prontitud para morir.

Entonces los verdugos desenvainaron cuatro lanzas como las que se usan en Japón. Al verlas, los fieles exclamaron: «¡Jesús! ¡María!», y se echaron a llorar con gemidos que llegaban al cielo. Los verdugos remataron en pocos instantes a cada uno de los mártires.

Responsorio: Cf. Gálatas 6, 14; Filipenses 1, 29.

R. Nosotros hemos de gloriarnos en la cruz de nuestro Señor Jesucristo: en él está nuestra salvación, vida y resurrección; * Él nos ha salvado y libertado.

V. A vosotros se os ha concedido la gracia de estar del lado de Cristo, no sólo creyendo en él, sino sufriendo por él. * Él nos ha salvado y libertado.

Oración:

Oh Dios, fortaleza de todos los santos, que has llamado a san Pablo Miki y a sus compañeros a la vida eterna por medio de la cruz; concédenos, por su intercesión, mantener con vigor, hasta la muerte, la fe que profesamos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 8: San Jerónimo Emiliani.

San Jerónimo Emiliani.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Nació en Venecia el año 1486. Abrazó la carrera de las armas, que más tarde dejó, consagrándose al servicio de los pobres, después de distribuir entre ellos sus bienes. Fundó la Orden de los Clérigos Regulares de Somasca, con la misión de socorrer a los niños huérfanos y pobres. Murió en Somasca (Bérgamo) el año 1537.

Segunda lectura:
De las cartas de san Jerónimo Emiliani a sus hermanos de religión.

Sólo en el Señor debemos confiar.

     Hermanos dilectísimos en Cristo e hijos de la Sociedad de los Siervos de los pobres:

     Os saluda vuestro humilde padre, y os exhorta a que perseveréis en el amor de Cristo y en la fiel observancia de la ley cristiana, tal como os lo demostré de palabra y obra cuando estaba con vosotros, a fin de que el Señor sea glorificado por mí en vosotros.

     Nuestro fin es Dios, fuente de todo bien, y, como decimos en nuestra oración, sólo en él debemos confiar, y no en otros. Nuestro Señor, que es benigno, queriendo aumentar vuestra fe (sin la cual, como dice el Evangelio, Cristo no pudo hacer muchos milagros) y escuchar vuestra oración, determinó que vivierais pobres, enfermos, afligidos, cansados y abandonados de todos, y que os vieseis incluso privados de mi presencia corporal, aunque no de la presencia espiritual de este vuestro pobre padre, que tanto os ama.

     Sólo Dios sabe por qué obra así con vosotros; pero podemos sospechar tres razones:

     La primera, que nuestro Señor os quiere contar entre sus hijos queridos, con tal que perseveréis en sus caminos; esto es lo que suele hacer con sus amigos para santificarlos.

     La otra razón es que pretende haceros confiar exclusivamente en él. Dios, como os he dicho, no realiza sus obras en aquellos que se resisten a depositar en él totalmente su fe y su esperanza; en cambio, infunde la plenitud de su caridad en aquellos que están llenos de fe y esperanza, y realiza grandes obras en ellos. Por eso, si tenéis auténtica fe y esperanza, hará con vosotros grandes cosas, él, que exalta a los humildes. Al hacer que me haya alejado de vosotros, y al alejar también a cualquier otro que goce de vuestro favor, Dios os da a elegir entre dos cosas: apartaros de la fe, volviendo a las cosas del mundo, o permanecer fuertes en la fe y obtener así su aprobación.

     He aquí, pues, la tercera razón: Dios quiere probaros como al oro en el crisol. El fuego va consumiendo la ganga del oro, pero el oro bueno permanece y aumenta su valor. De igual modo se comporta Dios con su siervo bueno que espera y persevera en la tribulación. El Señor lo levanta y le devuelve, ya en este mundo, el ciento por uno de todo lo que dejó por amor suyo, y después le da la vida eterna.

     Así es como se comporta Dios con todos sus santos. Así hizo con el pueblo de Israel después de que pasó tantas tribulaciones en Egipto: lo condujo por el desierto entre prodigios, lo alimentó con el maná y sobre todo le dio la tierra prometida. Si vosotros perseveráis constantes en la fe en medio de las tentaciones, Dios os dará paz y descanso temporal en este mundo, y sosiego imperecedero en el otro.

Responsorio: 1ª Pedro 3, 8. 9; Romanos 12, 10-11.

R. Procurad todos tener un mismo pensar y un mismo sentir: con afecto fraternal, con ternura, con humildad, * Porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

V. Como buenos hermanos, sed cariñosos unos con otros, estimando a los demás más que a uno mismo. En la actividad, no seáis descuidados; en el espíritu, manteneos ardientes. Servid constantemente al Señor. * Porque para esto habéis sido llamados: para heredar una bendición.

Oración:

     Señor, Dios de las misericordias, que hiciste a san Jerónimo Emiliani padre y protector de los huérfanos, concédenos, por su intercesión, la gracia de permanecer siempre fieles al espíritu de adopción que nos hace verdaderamente hijos tuyos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 8: Santa Josefina Bakhita.

Santa Josefina Bakhita, virgen.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Nació en la sudanesa región de Darfur, cerca del pueblo Jebel Agüere, alrededor del año 1868. Siendo todavía una muchachita fue raptada y vendida varias veces en los mercados de esclavos, padeciendo una cruel esclavitud. Liberada finalmente, se hizo cristiana en Venecia e hizo profesión religiosa en las Hijas de la Caridad Canosianas. El resto de su vida lo pasó sirviendo a todos en la ciudad italiana de Schio, en la región de Vincenza, donde murió en el año 1947.

Segunda lectura:
De los sermones de san Agustín, obispo: Sermón 53, 1-6.

Bienaventurados los limpios de corazón
porque
ellos verán a Dios.

     No hay que esquivar el combate si se ama el premio. Con la confianza de la recompensa inflámese el ánimo para actuar con alegría. Lo que queremos, lo que deseamos, lo que suplicamos, vendrá después, pero haz enseguida lo que se nos ordena hacer ahora a causa de lo que vendrá después.

     Comienza a recordar las palabras de Dios, no sólo los mandamientos del Evangelio sino también los dones. Bienaventurados los pobres de espíritu porque de ellos es el Reino de los cielos. El Reino de los cielos será tuyo después; ahora sé pobre de espíritu. ¿Quieres que después sea tuyo el Reino de los cielos? Mira de quién eres ahora. Sé pobre de espíritu. Quizá me preguntes en qué consiste ser pobre de espíritu. El orgulloso no es pobre de espíritu; por tanto, el humilde es pobre de espíritu. El Reino de los cielos está en lo alto, pero el que se humilla será ensalzado.

     Escucha lo siguiente: Bienaventurados los mansos porque ellos poseerán la tierra en herencia. ¿Quieres poseer ya la tierra? Procura no ser poseído por la tierra. La poseerás si eres manso; serás poseído si no eres manso. Cuando escuches el premio propuesto, la posesión de la tierra, no agrandes el bolsillo de la avaricia por la que quieres poseer ahora la tierra, excluyendo incluso a toda costa a tu vecino. ¡Que no te engañe esa manera de pensar! Poseerás verdaderamente la tierra cuando permanezcas unido al que hizo cielo y tierra. Ser manso consiste en no resistirle a tu Dios de modo que, cuando hagas el bien, sea Él mismo quien te agrade, no tú a ti mismo; pero, cuando sufras males justamente, no sea Él quien te desagrade, sino tú a ti mismo. No es poca cosa que, desagradándote a ti, le agrades a Él, pues le desagradarás si te agradas a ti.

     Que se abra paso la tarea y el don: Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia porque ellos serán saciados. Quieres ser saciado. ¿De qué? Si tu cuerpo desea ser saciado, una vez que hayas digerido esa saciedad, volverás a padecer hambre. Jesucristo dice: Quien beba de esta agua, volverá a tener sed. El medicamento aplicado a la herida, si la ha sanado, ya no duele; lo que se aplica contra el hambre, el alimento, se aplica de tal manera que sus efectos duran poco. Pasada la saciedad, vuelve el hambre. Cada día acude el remedio de la saciedad, pero no se sana la herida de la debilidad. Así pues, tengamos hambre y sed de justicia para que seamos saciados por la justicia misma, de la que ahora tenemos hambre y sed. Seremos saciados de lo que estamos hambrientos y sedientos. Tenga hambre y sed nuestro hombre interior, porque tiene su alimento y bebida adecuados. Jesucristo dice: Yo soy el pan que ha bajado del cielo. Tienes el pan del hambriento; desea también la bebida del sediento, porque en ti está la fuente de la vida.

     Escucha lo que sigue: Bienaventurados los limpios de corazón, es decir, los que tienen un corazón limpio, porque ellos verán a Dios. Éste es el fin de nuestro amor: el fin por el que somos perfeccionados, no por el que somos consumidos. El alimento tiene un fin, el vestido tiene un fin; el pan porque se consume al comerlo; el vestido porque se perfecciona al tejerlo. Uno y otro tienen un fin: pero un fin concierne a la consunción, y el otro a la perfección. Lo que hacemos, aunque sólo lo que hacemos bien, lo que construimos, lo que con ardor anhelamos de forma loable, lo que deseamos irreprochablemente, lo dejaremos de buscar cuando llegue la visión de Dios. ¿Qué busca el que está junto a Dios? ¿O qué bastará a quien no le basta Dios? Queremos ver a Dios, buscamos ver a Dios, ardemos por ver a Dios. ¿Quién no? Pero observa lo que se dijo: Bienaventurados los limpios de corazón porque ellos verán a Dios. Prepárate para verlo. Me serviré del ejemplo del cuerpo: ¿por qué deseas la salida del sol cuando tienes los ojos enfermos? Si los ojos están sanos, la luz será también un gozo; si los ojos no están sanos, la luz será un tormento. No se te dejará ver con el corazón impuro lo que sólo se puede ver con el corazón puro. Serás alejado, serás apartado, no verás.

Responsorio:
R.
Tomad mi yugo sobre vosotros, dice el Señor, y aprended de mí que soy manso y humilde de corazón; * Pues mi yugo es suave y mi carga ligera.
V. Venid a mí todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré. * Pues mi yugo es suave y mi carga ligera.

Oración:

     Oh Dios, que de la humillante esclavitud condujiste a santa Josefina a la dignidad de hija tuya y esposa de Cristo, te rogamos nos concedas que, imitando su ejemplo, sigamos con amor firme a Cristo crucificado y, movidos a misericordia, perseveremos en el amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 10: Santa Escolástica.

Santa Escolástica, virgen.

Memoria obligatoria.

     Hermana de san Benito, nació en Nursia (Italia), hacia el año 480. Se entregó a Dios como su hermano y le siguió al Monte Casino, donde murió hacia el año 547.

Segunda lectura:
De los libros de los Diálogos de san Gregorio Magno.

Pudo más porque amó más.

     Escolástica, hermana de Benito, dedicada desde su infancia al Señor todopoderoso, solía visitar a su hermano una vez al año. El varón de Dios se encontraba con ella fuera de las puertas del convento, en las posesiones del monasterio. Cierto día vino Escolástica, como de costumbre, y su venerable hermano bajó a verla con algunos discípulos, y pasaron el día entero entonando las alabanzas de Dios y entretenidos en santas conversaciones. Al anochecer, cenaron juntos.

     Con el interés de la conversación se hizo tarde y entonces aquella santa mujer le dijo:

     «Te ruego que no me dejes esta noche y que sigamos hablando de las delicias del cielo hasta mañana.»

     A lo que respondió Benito:

     «¿Qué es lo que dices, hermana? No me está permitido permanecer fuera del convento.»

     Pero aquella santa, al oír la negativa de su hermano, cruzando sus manos, las puso sobre la mesa y, apoyando en ellas la cabeza, oró al Dios todopoderoso.

     Al levantar la cabeza, comenzó a relampaguear, tronar y diluviar de tal modo, que ni Benito ni los hermanos que le acompañaban pudieron salir de aquel lugar.

     Comenzó entonces el varón de Dios a lamentarse y entristecerse, diciendo:

     «Que Dios te perdone, hermana. ¿Qué es lo que acabas de hacer?»

     Respondió ella:

     «Te lo pedí, y no quisiste escucharme; rogué a mi Dios, y me escuchó. Ahora sal, si puedes, despídeme y vuelve al monasterio.»

     Benito, que no había querido quedarse voluntariamente, no tuvo, al fin, más remedio que quedarse allí. Así pudieron pasar toda la noche en vela, en santas conversaciones sobre la vida espiritual, quedando cada uno gozoso de las palabras que escuchaba a su hermano.

     No es de extrañar que al fin la mujer fuera más poderosa que el varón, ya que, como dice Juan: Dios es amor, y, por esto, pudo más porque amó más.

     A los tres días, Benito, mirando al cielo, vio cómo el alma de su hermana salía de su cuerpo en figura de paloma y penetraba en el cielo. Él, congratulándose de su gran gloria, dio gracias al Dios todopoderoso con himnos y cánticos, y envió a unos hermanos a que trajeran su cuerpo al monasterio y lo depositaran en el sepulcro que había preparado para sí.

     Así ocurrió que estas dos almas, siempre unidas en Dios, no vieron tampoco sus cuerpos separados ni siquiera en la sepultura.

Responsorio: Salmo 132, 1.
R. Rogando a Dios la santa y virginal religiosa que no la dejase su hermano, * Obtuvo más de su amado Señor, porque amó más.
V. Ved qué dulzura, qué delicia, convivir los hermanos unidos. * Obtuvo más de su amado Señor, porque amó más.

Oración:

     Te rogamos, Señor, al celebrar la fiesta de santa Escolástica, virgen, que, imitando su ejemplo, te sirvamos con un corazón puro, y alcancemos así los saludables efectos de tu amor. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 11 de febrero: Nuestra Señora de Lourdes.

Nuestra Señora de Lourdes.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     En el año 1858 la Virgen María Inmaculada se apareció a Bernardita Soubirous, cerca de Lourdes (Francia), dentro de la cueva de Massabielle. Por medio de esta humilde jovencita, María llama a los pecadores a la conversión, suscitando un gran celo de oración y amor, principalmente como servicio a los enfermos y pobres.

Segunda lectura:
De una carta de santa María Bernarda Soubirous, virgen.

La Señora me habló.

     Cierto día fui a la orilla del río Gave a recoger leña con otras dos niñas. En seguida oí como un ruido. Miré a la pradera, pero los árboles no se movían. Alcé entonces la cabeza hacia la gruta y vi a una mujer vestida de blanco, con un cinturón azul celeste y sobre cada uno de sus pies una rosa amarilla, del mismo color que las cuentas de su rosario.

     Creyendo engañarme, me restregué los ojos. Metí la mano en el bolsillo para buscar mi rosario. Quise hacer la señal de la cruz, pero fui incapaz de llevar la mano a la frente. Cuando la Señora hizo la señal de la cruz, lo intenté yo también y, aunque me temblaba la mano, conseguí hacerla. Comencé a rezar el rosario, mientras la Señora iba desgranando sus cuentas, aunque sin despegar los labios. Al acabar el rosario, la visión se desvaneció.

     Pregunté entonces a las dos niñas si habían visto algo. Ellas lo negaron y me preguntaron si es que tenía que hacerles algún descubrimiento. Les dije que había visto a una mujer vestida de blanco, pero que no sabía de quién se trataba. Les pedí que no lo contaran. Ellas me recomendaron que no volviese más por allí, a lo que me opuse. El domingo volví, pues sentía internamente que me impulsaban...

     Aquella Señora no me habló hasta la tercera vez, y me preguntó si querría ir durante quince días. Le dije que sí, y ella añadió que debía avisar a los sacerdotes para que edificaran allí una capilla. Luego me ordenó que bebiera de la fuente. Como no veía ninguna fuente, me fui hacia el río Gave, pero ella me indicó que no hablaba de ese río, y señaló con el dedo la fuente. Me acerqué, y no hallé más que un poco de agua entre el barro. Metí la mano, y apenas podía sacar nada, por lo que comencé a escarbar y al final pude sacar algo de agua; por tres veces la arrojé y a la cuarta pude beber. Después desapareció la visión y yo me marché.

     Volví a ir allá durante quince días. La Señora se me apareció como de costumbre, menos un lunes y un viernes. Siempre me decía que advirtiera a los sacerdotes que debían edificarle una capilla, me mandaba lavarme en la fuente y rogar por la conversión de los pecadores. Le pregunté varias veces quién era, a lo que me respondía con una leve sonrisa. Por fin, levantando los brazos y ojos al cielo, me dijo:

     «Yo soy la Inmaculada Concepción».

     En aquellos días me reveló también tres secretos, prohibiéndome absolutamente que los comunicase a nadie, lo que he cumplido fielmente hasta ahora.

Responsorio: Lucas 1, 46. 49. 48.
R. Proclama mi alma la grandeza del Señor, * Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es Santo.
V. Desde ahora me felicitarán todas las generaciones. * Porque el poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es Santo.

Oración:

     Dios de misericordia, remedia con el amparo del cielo nuestro desvalimiento, para que, cuantos celebramos la memoria de la inmaculada Virgen María, Madre de Dios, podamos, por su intercesión, vernos libres de nuestros pecados. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 14: Santos Cirilo y Metodio, Patronos de Europa.

San Cirilo, monje, y san Metodio, obispo.

Fiesta.

     Cirilo, nacido en Tesalónica, hizo brillantes estudios en Constantinopla. En unión de su hermano Metodio se dirigió a Moravia a predicar la fe. Entre los dos publicaron los textos litúrgicos en lengua eslava escritos en caracteres «cirílicos», como después se designaron. Llamados a Roma, Cirilo murió allí el 14 de febrero del año 869. Metodio, consagrado obispo, marchó a Panonia, donde desarrolló una infatigable labor de evangelización. Tuvo que sufrir mucho a causa de los envidiosos, pero contó siempre con el apoyo de los papas. Murió el 6 de abril del año 885 en la ciudad checoslovaca de Vellehrad.

Himno: 

Puerta de Dios en el redil humano
fue Cristo, el buen Pastor que al mundo vino,
glorioso va delante del rebaño,
guiando su marchar por buen camino.

Madero de la cruz es su cayado,
su voz es la verdad que a todos llama,
su amor es el del Padre, que le ha dado
Espíritu de Dios, que a todos ama.

Pastores del Señor son sus ungidos,
nuevos cristos de Dios, son enviados
a los pueblos del mundo redimidos;
del único Pastor siervos amados.

La cruz de su Señor es su cayado,
la voz de la verdad es su llamada,
los pastos de su amor, fecundo prado,
son vida del Señor que nos es dada. Amén.

Salmodia:

Antífona 1: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. 

Salmo 20, 2-8. 14.
Acción de gracias por la victoria del rey

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre.

Antífona 1: Quien quiera ser el primero, que sea el último de todos y el servidor de todos. 

Antífona 2: Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

Salmo 91.
Alabanza del Dios creador.

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Gloria al Padre.

Antífona 2: Cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

Antífona 3: Empleado bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.

II

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre.

Antífona 3: Empleado bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor. 

V. Oirás de mi boca una palabra.
R. Y les advertirás de mi parte.

Primera lectura: Tito 1, 7-11; 2, 1-8.

Doctrina del apóstol sobre las cualidades y obligaciones de los obispos.

     Querido hermano: El epíscopo, como administrador de Dios, debe ser irreprochable; no arrogante, no colérico, no bebedor, no violento, no dado a negocios sucios; sino hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí. Que esté adherido a la palabra fiel, conforme a la enseñanza, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que contradicen.

     Querido hermano: El epíscopo, como administrador de Dios, debe ser irreprochable; no arrogante, no colérico, no bebedor, no violento, no dado a negocios sucios; sino hospitalario, amigo del bien, sensato, justo, piadoso, dueño de sí. Que esté adherido a la palabra fiel, conforme a la enseñanza, para que sea capaz de exhortar con la sana doctrina y refutar a los que contradicen.

     Porque hay muchos rebeldes, vanos habladores y embaucadores, sobre todo entre los de la circuncisión, a quienes es menester tapar la boca; hombres que trastornan familias enteras, enseñando por torpe ganancia lo que no deben.

     Mas tú enseña lo que es conforme a la sana doctrina.

     Que los ancianos sean sobrios, dignos, sensatos, sanos en la fe, en la caridad, en la paciencia, en el sufrimiento; que las ancianas asimismo sean en su porte cual conviene a los santos: no calumniadoras ni esclavas de mucho vino, maestras del bien, para que enseñen a las jóvenes a ser amantes de sus maridos y de sus hijos, a ser sensatas, castas, hacendosas, bondadosas, sumisas a sus maridos, para que no sea injuriada la Palabra de Dios.

     Exhorta igualmente a los jóvenes para que sean sensatos en todo. Muéstrate dechado de buenas obras: pureza de doctrina, dignidad, palabra sana, intachable, para que el adversario se avergüence, no teniendo nada malo que decir de nosotros.

Responsorio: Cf. Hechos 20, 28; 1ª Corintios 4, 2.


R. Tened cuidado del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, * Como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.


V. En un administrador lo que se busca es que sea fiel. * Como pastores de la Iglesia de Dios, que él adquirió con la sangre de su Hijo.

Segunda lectura: De la Vida eslava de Constantino Cirilo.

Acrecienta tu Iglesia, y reúne a todos sus miembros en la unidad.

     Cargado de trabajos, Constantino Cirilo cayó enfermo; estuvo muchos días con fiebre y un día tuvo una visión de Dios y empezó a cantar así:

     «Qué alegría cuando me dijeron: “Vamos a la casa del Señor”; se regocijan mi corazón y mi espíritu.»

     Revestido de sus ornamentos, se pasó todo aquel día lleno de contento, diciendo:

     «Desde ahora ya no soy siervo ni del emperador ni de hombre alguno sobre la tierra, sino sólo de Dios todopoderoso. Primero no existía, luego existí, y existiré para siempre. Amén».


Al día siguiente se vistió con el santo hábito monástico y, como quien añade luz a la luz, se impuso el nombre de Cirilo. Permaneció con este hábito durante cincuenta días.

     Llegada la hora de recibir el merecido descanso y emigrar a las moradas eternas, levantó las manos hacia Dios, diciendo entre sollozos:

     «Señor Dios mío, que creaste todas las jerarquías angélicas y las potestades incorpóreas, desplegaste el cielo y afirmaste la tierra y trajiste todas las cosas de la inexistencia a la existencia, que escuchas continuamente a los que hacen tu voluntad, te temen y guardan tus preceptos: escucha mi oración y guarda a tu fiel rebaño, que encomendaste a este tu siervo inepto e indigno.

     Líbralos de la impiedad y del paganismo de los que blasfeman contra ti, acrecienta tu Iglesia y reúne a todos sus miembros en la unidad. Haz que tu pueblo viva concorde en la verdadera fe, e inspírale la palabra de tu doctrina, pues tuyo es el don que nos diste para que predicáramos el Evangelio de tu Cristo, exhortándonos a hacer buenas obras que fueran de tu agrado. Te devuelvo como tuyos a los que me diste; dirígelos con tu poderosa diestra y guárdalos bajo la sombra de tus alas, para que todos alaben y glorifiquen el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Amén.»

     Y, besando a todos con el ósculo santo, dijo:

     «Bendito el Señor, que no nos entregó en presa a sus dientes; hemos salvado la vida como un pájaro de la trampa del cazador; la trampa se rompió, y escapamos.»

     Y con esto se durmió en el Señor. Tenía cuarenta y dos años de edad.

     El papa ordenó que todos los griegos residentes en Roma, así como los romanos, asistieran con cirios al funeral de aquel santo varón, y que lo hicieran como si del mismo papa se tratase.

Responsorio: Salmo 88, 20-22; Jeremías 3, 15.


R. Hablaste a mis amigos: He levantado a un soldado sobre el pueblo, encontré a David, mi siervo. * Lo he ungido con óleo sagrado, para que mi mano esté siempre con él.


V. Os daré pastores a mi gusto, que os apacienten con saber y acierto. * Lo he ungido con óleo sagrado, para que mi mano esté siempre con él.

Himno TE DEUM.

Oración:

     Dios, que iluminaste a los pueblos eslavos mediante los trabajos apostólicos de los santos hermanos Cirilo y Metodio, concédenos la gracia de aceptar tu palabra y de llegar a formar un pueblo unido en la confesión y defensa de la verdadera fe. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 17: Los 7 Fundadores de la Orden de los Siervos de María.

Los siete santos fundadores de la Orden de los Siervos de la Virgen María.

Memoria libre.

Todo del día, excepto lo siguiente:

     Estos siete varones florentinos llevaron primero una vida eremítica en el monte Senario, con particular dedicación al culto de la Virgen. Después se dedicaron a predicar por toda la Toscana y fundaron la Orden de Siervos de santa María Virgen, «Servitas», reconocida por la Santa Sede el año 1304. Su memoria anual se celebra este día, en el que, según se dice, murió uno de ellos, san Alejo Falconieri, el año 1310.

Segunda lectura:
De la tradición sobre el origen de la Orden de los Siervos de la Virgen María.
Hagamos el elogio de los hombres ilustres.

     Siete fueron los varones, dignos de reverencia y honor, que reunió nuestra Señora como siete estrellas, para dar comienzo, por la concordia de su cuerpo y de su espíritu, a la Orden de sus siervos.

     Cuando yo entré en la Orden sólo vivía uno de aquéllos, que se llamaba hermano Alejo. Nuestra Señora tuvo a bien mantenerlo en vida hasta nuestros días para que nos contara los orígenes de la Orden. La vida de este hermano Alejo era, como pude ver con mis propios ojos, una vida tan edificante que no sólo movía con su ejemplo a todos los que con él vivían, sino que constituía la mejor garantía a favor de su espíritu, del de sus compañeros y de nuestra Orden.

    Su estado de vida, antes de que vivieran en comunidad, constaba de cuatro puntos. El primero, referente a su condición ante la Iglesia. Unos habían hecho voto de virginidad o castidad perpetua, otros estaban casados y otros viudos. Referente a su actividad pública, eran comerciantes. Pero en cuanto encontraron la perla preciosa, es decir, nuestra Orden, no solamente dieron a los pobres todo lo que poseían, sino que se entregaron con gran alegría al servicio de Dios y de la Señora.

     El tercer punto se refiere a su devoción a la Virgen. En Florencia existía una antiquísima congregación que, debido a su antigüedad, su santidad y número de miembros, se llamaba «Sociedad mayor de nuestra Señora». De esta sociedad procedían aquellos siete varones, tan amantes de nuestra Señora.

     Por último, me referiré a su espíritu de perfección. Amaban a Dios sobre todas las cosas, a él dirigían, como pide el debido orden, todo cuanto hacían y le honraban con sus pensamientos, palabras y obras.

     Una vez que tomaron la decisión de vivir en comunidad, y confirmado su propósito por inspiración divina, ya que nuestra Señora les impulsaba especialmente a este género de vida, fueron arreglando la situación de sus familias, dejándoles lo necesario y repartiendo lo demás entre los pobres. Después buscaron a varones prudentes, honestos y ejemplares y les participaron su propósito.

   Subieron al monte Senario, edificaron en lo alto una casita y se fueron a vivir allí. Comenzaron a pensar que no sólo estaban allí para conseguir su santidad, sino que también debían admitir a otros miembros para acrecentar la nueva Orden que nuestra Señora había comenzado con ellos. Dispuestos a recibir a más hermanos, admitieron a algunos de ellos y así fundaron nuestra Orden. Nuestra Señora fue la principal artífice en la edificación de la Orden, fundada sobre la humildad de nuestros hermanos, construida sobre su caridad y conservada por su pobreza.

Responsorio: Hechos 4, 32; 2, 46b-47a.
R. En el grupo de los creyentes todos pensaban y sentían lo mismo: * Lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.
V. Comían juntos, alabando a Dios con alegría y de todo corazón, y eran bien vistos de todo el pueblo. * Lo poseían todo en común y nadie llamaba suyo propio nada de lo que tenía.

Oración:

     Señor, infunde en nosotros el espíritu de amor que llevó a estos santos hermanos a venerar con la mayor devoción a la Madre de Dios, y les impulsó a conducir a tu pueblo al conocimiento y al amor de tu nombre. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 18: San Eladio.

San Eladio, obispo.

Memoria obligatoria (en Diócesis de Toledo).

     Eladio, nacido a mediados del siglo VI, ocupó altos cargos en la corte visigoda, a los que renunció para ingresar en el monasterio Agaliense, del que llegó a ser abad. El año 621 fue elegido, contra su voluntad, pastor de la Iglesia Toledana. Se distinguió por su prudencia pastoral, y por su gran caridad hacia los pobres y necesitados. Murió cargado de años y de méritos, el año 633.

Segunda lectura:
Del libro “De viris illustribus”, capítulo 7, de san Ildefonso, obispo.

Lo que tenía que escribir, lo ofreció con el ejemplo de su vida diaria.

     Después de Aurasio, Eladio obtuvo el lugar de su Sede. Todavía seglar, ilustre en el aula regia y gobernador en las cosas civiles, obraba siempre como monje. Pues a nuestro monasterio (el Agaliense digo, en el cual me recibió como monje), que, por el favor de Dios, está adornado con perenne y clara santidad, como es cierto y evidente a todos, venía, y, dejando aparte la pompa y la gloria, vivía la vida de los monjes, en tal forma que, unido a ellos, transportaba los haces de paja al horno, como uno de tantos.

     Como amara y buscara los misterios de la soledad, aún estando inmerso en las grandezas de este mundo, dejando todo lo mundano se vino para vivir la vida monacal; con su vida y escuela santas fue padre de todos los monjes; rigió sabiamente a toda la comunidad y la colmó de toda clase de riquezas. Después, ya viejo, fue llamado a la cumbre del Pontificado; y porque fue llamado, aunque a la fuerza, e ignorado, en él dio ejemplos de virtud aún más que cuando era monje; porque rigió con gran discreción aquel mundo, al que había renunciado varonilmente. Su conmiseración y abundancia de limosnas a favor de los pobres fue tal, como si pensase que del estómago pasaba a las articulaciones y todo el cuerpo recibía nutrición. No quiso escribir porque lo que tenía que decir lo ofreció con el ejemplo de su vida diaria.

     A mí, vuelto al monasterio, me ordenó de Levita al fin de sus días. En los tiempos de los reyes Sisebuto, Chintuliano y en el comienzo de Sisenando, fue cuando rigió santamente la Iglesia, mereciendo después con una senectud llena de méritos, la gloria del reino celestial.

Responsorio:
R. Éste es quien obró maravillas a los ojos de Dios, y toda la tierra se llenó de su doctrina. * Que él interceda ante Dios por los pecados del mundo.
V. Éste es quien aborreció la vida mundana, y así llegó a los reinos celestiales. * Que él interceda ante Dios por los pecados del mundo.

Oración:

     Concédenos, Dios omnipotente, gloriarnos de tal modo en la festividad de san Eladio que, por su intercesión sepamos ejercitarnos fielmente en la piedad y amor a los pobres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 21: San Pedro Damiani.

San Pedro Damiani, obispo y doctor de la Iglesia.

Memoria libre.

     Nació en Ravena, el año 1007; acabados los estudios, ejerció la docencia, pero se retiró en seguida al yermo de Fonte Avellana, donde fue elegido prior. Fue gran propagador de la vida religiosa allí y en otras regiones de Italia. En aquella dura época ayudó eficazmente a los papas, con sus escritos y legaciones, en la reforma de la Iglesia. Creado por Esteban IX cardenal y obispo de Ostia, murió el año 1072 y al poco tiempo era venerado como santo.

Segunda lectura:
De las cartas de san Pedro Damián.

Tras la tristeza, espera con alegría el gozo.

     Me has pedido, dilectísimo hermano, que te transmita por carta unas palabras de consuelo capaces de endulzar tu razón, amargado por tantos sufrimientos como te afligen.

     Pero si tu inteligencia está despierta, a mano tienes el consuelo que necesitas, pues la misma palabra divina te instruye como a hijo, destinado a obtener la herencia. Medita en aquellas palabras: Hijo mío, cuando te acerques al temor de Dios, prepárate para las pruebas; mantén el corazón firme, sé valiente.

     Donde está el temor está la justicia. La prueba que para nosotros supone cualquier adversidad no es un castigo de esclavos, sino una corrección paterna.

     Por esto Job, en medio de sus calamidades, si bien dice: Que Dios se digne triturarme y cortar de un tirón la trama de mi vida, añade a continuación: Sería un consuelo para mí; aun torturado sin piedad, saltaría de gozo.

     Para los elegidos de Dios, sus mismas pruebas son un consuelo, pues en virtud de estos sufrimientos momentáneos dan grandes pasos por el camino de la esperanza hasta alcanzar la felicidad del cielo.

     Lo mismo hacen el martillo y la lima con el oro, quitándole la escoria para que brille más. El horno prueba la vasija del alfarero, el hombre se prueba en la tribulación. Por esto dice también Santiago: Hermanos míos: Teneos por muy dichosos cuando os veáis asediados por toda clase de pruebas.

     Con razón deben alegrarse quienes sufren por sus malas obras una pena temporal, y, en cambio, obtienen por sus obras buenas los premios sempiternos del cielo.
Todo ello significa que no deben deprimir tu espíritu los sufrimientos que padeces y las correcciones con que te aflige la disciplina celestial; no murmures ni te lamentes, no te consumas en la tristeza o la pusilanimidad. Que resplandezca en tu rostro la serenidad, en tu mente la alegría, en tu boca la acción de gracias.

     Alabanza merece la dispensación divina, que aflige temporalmente a los suyos para librarlos del castigo eterno, que derriba para exaltar, corta para curar y deprime para elevar.

     Robustece tu espíritu con éstos y otros testimonios de la Escritura y, tras la tristeza, espera con alegría el gozo que vendrá.

     Que la esperanza te levante ese gozo, que la caridad encienda tu fervor. Así tu mente, bien saciada, será  capaz de olvidar los sufrimientos exteriores y progresará en la posesión de los bienes que contempla en su interior.

Responsorio: Eclesiástico 31, 8. 11. 10.
R. Dichoso el hombre que se conserva íntegro y no se pervierte por la riqueza. * Su bondad está confirmada.
V. Porque, pudiendo desviarse, no se desvió, pudiendo hacer el mal, no lo hizo. * Su bondad está confirmada.

Oración:

     Dios todopoderoso, concédenos seguir con fidelidad los consejos y ejemplos de san Pedro Damiani, obispo, para que, amando a Cristo sobre todas las cosas, y dedicados siempre al servicio de tu Iglesia, merezcamos llegar a los gozos eternos. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 22: La Cátedra del apóstol san Pedro.

La Cátedra del apóstol san Pedro.

Fiesta.

     La festividad de la Cátedra de san Pedro se celebraba en Roma ya en el siglo IV, en este día, para poner de manifiesto la unidad de la Iglesia, fundada en la persona del Apóstol.


V. Señor, ¿a quién vamos a acudir?
R. Tú tienes palabras de vida eterna.

Primera lectura: Hechos de los Apóstoles 11, 1-18.

Pedro explica la conversión de los gentiles.

     Los apóstoles y los hermanos que había por Judea oyeron que también los gentiles habían aceptado la Palabra de Dios; así que cuando Pedro subió a Jerusalén, los de la circuncisión se lo reprochaban, diciéndole:

     «Has entrado en casa de incircuncisos y has comido con ellos.»

     Pedro entonces se puso a explicarles punto por punto diciendo:

     «Estaba yo en oración en la ciudad de Joppe, y en éxtasis vi una visión: una cosa así como un lienzo, atado por las cuatro puntas, que bajaba del cielo y llegó hasta mí. Lo miré atentamente y vi en él los cuadrúpedos de la tierra, las bestias, los reptiles, y las aves del cielo.

     Oí también una voz que me decía:

     “Pedro, levántate, sacrifica y come”.

     Y respondí:

     “De ninguna manera, Señor; pues jamás entró en mi boca nada profano ni impuro”.

     Me dijo por segunda vez la voz venida del cielo:

     “Lo que Dios ha purificado no lo llames tú profano.”

     Esto se repitió hasta tres veces; y al fin fue retirado todo de nuevo al cielo.

     En aquel momento se presentaron tres hombres en la casa donde nosotros estábamos, enviados a mí desde Cesarea. El Espíritu me dijo que fuera con ellos sin dudar. Fueron también conmigo estos seis hermanos, y entramos en la casa de aquel hombre. Él nos contó cómo había visto un ángel que se presentó en su casa y le dijo:
“Manda a buscar en Joppe a Simón, llamado Pedro, quien te dirá palabras que traerán la salvación para ti y para toda tu casa.”

     Había empezado yo a hablar cuando cayó sobre ellos el Espíritu Santo, como al principio había caído sobre nosotros. Me acordé entonces de aquellas palabras que dijo el Señor:

     “Juan bautizó con agua, pero vosotros seréis bautizados con el Espíritu Santo”.
Por tanto, si Dios les ha concedido el mismo don que a nosotros, por haber creído en el Señor Jesucristo, ¿quién era yo para poner obstáculos a Dios?»

     Al oír esto se tranquilizaron y glorificaron a Dios diciendo: 

     «Así pues, también a los gentiles les ha dado Dios la conversión que lleva a la vida.»

Responsorio: Lucas 22, 32; Mateo 16, 17b.

R. Yo he pedido por ti, Pedro, para que tu fe no se apague. * Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

V. No te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo. * Y tú, cuando te recobres, da firmeza a tus hermanos.

Segunda lectura:
De los sermones de san León Magno, papa.

La Iglesia de Cristo se levanta sobre la firmeza de la fe de Pedro.

    De todos se elige a Pedro, a quien se pone al frente de la misión universal de la Iglesia, de todos los apóstoles y los Padres de la Iglesia; y, aunque en el pueblo de Dios hay muchos sacerdotes y muchos pastores, a todos los gobierna Pedro, aunque todos son regidos eminentemente por Cristo. La bondad divina ha concedido a este hombre una excelsa y admirable participación de su poder, y todo lo que tienen de común con Pedro los otros jerarcas, les es concedido por medio de Pedro.

    El Señor pregunta a sus apóstoles qué es lo que los hombres opinan de él, y en tanto coinciden sus respuestas en cuanto reflejan la ambigüedad de la ignorancia humana.

    Pero, cuando urge qué es lo que piensan los mismos discípulos, es el primero en confesar al Señor aquel que es primero en la dignidad apostólica. A las palabras de Pedro: Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo, le responde el Señor: ¡Dichoso tú, Simón, hijo de Jonás!, porque eso no te lo ha revelado nadie de carne y hueso, sino mi Padre que está en el cielo.

     Es decir: «Eres verdaderamente dichoso porque es mi Padre quien te lo ha revelado; la humana opinión no te ha inducido a error, sino que la revelación del cielo te ha iluminado, y no ha sido nadie de carne y hueso, sino que te lo ha enseñado aquel de quien soy el Hijo único.»

     Y añade: Ahora te digo yo, esto es: «Del mismo modo que mi Padre te ha revelado mi divinidad, igualmente yo ahora te doy a conocer tu dignidad: Tú eres Pedro: yo, que soy la piedra inviolable, la piedra angular que ha hecho de los dos pueblos una sola cosa, yo, que soy el fundamento, fuera del cual nadie puede edificar, te digo a ti, Pedro, que eres también piedra, porque serás fortalecido por mi poder de tal forma que lo que me pertenece por propio poder sea común a ambos por tu participación conmigo.»

     Sobre esta piedra edificaré mi Iglesia, y el poder del infierno no la derrotará. «Sobre esta fortaleza —quiere decir— construiré el templo eterno y la sublimidad de mi Iglesia, que alcanzará el cielo y se levantará sobre la firmeza de la fe de Pedro.»
El poder del infierno no podrá con esta profesión de fe ni la encadenarán los lazos de la muerte, pues estas palabras son palabras de vida. Y del mismo modo que lleva al cielo a los confesores de la fe, igualmente arroja al infierno a los que la niegan.
Por esto dice al bienaventurado Pedro: Te daré las llaves del reino de los cielos; lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo.

     La prerrogativa de este poder se comunica también a los otros apóstoles y se transmite a todos los obispos de la Iglesia, pero no en vano se encomienda a uno lo que se ordena a todos; de una forma especial se otorga esto a Pedro, porque la figura de Pedro se pone al frente de todos los pastores de la Iglesia.

Responsorio:

R. Simón Pedro, antes de llamarte de la nave, te conocí, y te nombré príncipe de mi pueblo. * Te di las llaves del reino de los cielos.

V. Lo que ates en la tierra quedará atado en el cielo, y lo que desates en la tierra quedará desatado en el cielo. * Te di las llaves del reino de los cielos.

Himno TE DEUM.

Oración:

     Dios todopoderoso, no permitas que seamos perturbados por ningún peligro, tú que nos has afianzado sobre la roca de la fe apostólica. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 23: San Policarpo.

San Policarpo, obispo y mártir.

Memoria obligatoria.

     Policarpo, discípulo de los apóstoles y obispo de Esmirna, dio hospedaje a Ignacio de Antioquía. Hizo un viaje a Roma para tratar con el papa Aniceto la cuestión de la fiesta de la Pascua. Sufrió el martirio hacia el año 155, siendo quemado vivo en el estadio de la ciudad.

 

Segunda lectura:
De
la carta de la Iglesia de Esmirna sobre el martirio de san Policarpo.

Como un sacrificio enjundioso y agradable.

 Preparada la hoguera, Policarpo se quitó todos sus vestidos, se desató el ceñidor e intentaba también  descalzarse, cosa que antes no acostumbraba a hacer, ya que todos los fieles competían entre por ser los primeros en tocar su cuerpo; pues, debido a sus buenas costumbres, aun antes de alcanzar la palma del martirio, estaba adornado con todas las virtudes.

Policarpo se encontraba en el lugar del tormento rodeado de todos los instrumentos necesarios para quemar a un reo. Pero, cuando le quisieron sujetar con los clavos, les dijo:

«Dejadme así, pues quien me da fuerza para soportar el fuego me concederá también permanecer inmóvil en medio de la hoguera sin la sujeción de los clavos.»

Por tanto, no le sujetaron con los clavos, sino que lo ataron.

Ligadas las manos a la espalda como si fuera una víctima insigne seleccionada de entre el numeroso rebaño para el sacrificio, como ofrenda agradable a Dios, mirando al cielo, dijo:

«Señor, Dios todopoderoso, Padre de nuestro amado y bendito Jesucristo, Hijo tuyo, por quien te hemos conocido; Dios de los ángeles, de los arcángeles, de toda criatura y de todos los justos que viven en tu presencia: te bendigo, porque en este día y en esta hora me has concedido ser contado entre el número de tus mártires, participar del cáliz de Cristo y, por el Espíritu Santo, ser destinado a la resurrección de la vida eterna en la incorruptibilidad del alma y del cuerpo. ¡Ojalá que sea yo también contado entre el número de tus santos como un sacrificio enjundioso y agradable, tal como lo dispusiste de antemano, me lo diste a conocer y ahora lo cumples, oh Dios veraz e ignorante de la mentira!

Por esto te alabo, te bendigo y te glorifico en todas las cosas por medio de tu Hijo amado Jesucristo, eterno y celestial Pontífice. Por él a ti, en unión con él mismo y el Espíritu Santo, sea la gloria ahora y en el futuro, por los siglos de los siglos. Amén.»

Una vez que acabó su oración y hubo pronunciado su «Amén», los verdugos encendieron el fuego.

Cuando la hoguera se inflamó, vimos un milagro; nosotros fuimos escogidos para contemplarlo, con el fin de que lo narrásemos a la posteridad. El fuego tomó la forma de una bóveda, como la vela de una nave henchida por el viento, rodeando el cuerpo del mártir que, colocándose en medio, no parecía un cuerpo que está abrasándose, sino como un pan que está cociéndose, o como el oro o la plata que resplandecen en la fundición. Finalmente, nos embriagó un olor exquisito, como si se estuviera quemando incienso o algún otro preciado aroma.

Responsorio: Apocalipsis 2, 8-9. 10

R. Al ángel de la Iglesia de Esmirna escribe así: Esto dice el que es el primero y el último, el que estuvo muerto y volvió a la vida: Conozco tus apuros y tu pobreza, y, sin embargo, eres rico. * fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida.

V. No temas nada de lo que vas a sufrir, porque el diablo va a meter a algunos de vosotros en la cárcel para poneros a prueba. * fiel hasta la muerte, y te daré la corona de la vida.

Oración:

     Dios de todas las criaturas, que te has dignado agregar a san Policarpo, tu obispo, al número de los mártires, concédenos, por su intercesión, participar con él en la pasión de Cristo, y resucitar a la vida eterna. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 25: Beato Ciriaco María Sancha y Hervás.

Beato Ciriaco María Sancha y Hervás, obispo.

Memoria obligatoria (en Toledo).

     Nació en 1833 en Quintana del Pidió (Burgos). Ordenado sacerdote en Osma, partió a Santiago de Cuba, donde se entregó a los pobres y sufrió prisión por su fidelidad a la Santa Sede. Consagrado como obispo auxiliar de Toledo, posteriormente pastoreó las diócesis de Ávila, Madrid-Alcalá, Valencia y la primada de Toledo, Se distinguió por su amor a los necesitados y por su piedad eucarística. Fundó institutos religiosos, inició el movimiento católico en España y se desvivió por la unidad de la Iglesia, Murió en Toledo en 1909 a consecuencia de un acto heroico de caridad.

Segunda lectura:
De
la carta convocando al primer Congreso Eucarístico Nacional en España.

La Eucaristía es el centro de la vida católica.

Nosotros creemos que Jesucristo no es una ilusión ni una abstracción meramente histórica, sino una realidad presente, viva, sustancial y personal, enteramente distinta del mundo creado. Y creemos asimismo que está Sacramentado en el sagrado Tabernáculo, y que nuestra fe no se apoya solamente en la humana razón, de suyo mutable y deficiente, sino en el testimonio de los profetas, en las enseñanzas del Evangelio, en las afirmaciones de la tradición, en el magisterio de la Iglesia, en las luces de la divina gracia, en el plan misericordioso de la Redención, en la naturaleza del corazón humano y en las virtudes heroicas, fruto hermosísimo de la santidad de nuestros altares, que embalsama nuestro espíritu y le llena de consuelos y de dulces esperanzas.

La Eucaristía es el centro de la vida católica, y sin ese manjar celeste no habría apóstoles para la predicación, ni vírgenes para las purísimas aspiraciones de la inocencia, ni mártires para vencer a los verdugos, ni doctores para las cumbres de la sabiduría, ni confesores para la verdad revelada, ni tampoco atracciones eficaces para soportar la dureza de las pruebas y los tenaces asaltos de la tentación. Mientras que con la Eucaristía todo florece y prospera en la Iglesia. Y esta Esposa inmaculada nada teme de las contradicciones del mundo, no le asustan las catacumbas, no le parece duro el destierro, no le amedrenta el martirio, ni tampoco desfallece ante las amenazas de sus poderosos enemigos, porque tiene en su seno a Jesucristo que la sostiene y conforta.

También la Eucaristía es necesaria para la vida y prosperidad de la sociedad, porque aunque no falten a ésta glorias y esplendores, y cuente en su seno con lumbreras científicas, con parlamentos, riquezas y progresos industriales, sin embargo, la historia contemporánea enseña con hechos elocuentes que, cuando los Estados no tienen la presencia de Cristo Sacramentado ni los bienes incomparables que Cristo nos trajo, se parecen a una casa sin dueño, a un cuerpo sin leyes de equilibrio ni centro de gravedad, y a una naturaleza sin sol. Todo es en ellos estéril, frío y llevan una existencia penosa llena de vértigos y confusión. Nada, por tanto, tan necesario en nuestros días como el poner a Cristo por fundamento y piedra angular de las instituciones sociales. Éstas necesitan una alma, y esa alma es Jesucristo.

Es además necesario restablecer el espíritu eucarístico de los primeros siglos del cristianismo, estrechar más la unión de la almas con Jesús Sacramentado, y hacer por tanto más frecuente la sagrada Comunión, donde se halla sustancialmente el pan de los fuertes, la sangre que engendra vírgenes, el escudo de los que combaten, el consuelo de los que sufren, la protección de los desamparados, la esperanza de los náufragos, el imán de los que aman, la alegría de los corazones, el dulce encanto de los justos, y, en una palabra, aquel deífico Corazón que en el Calvario sintió sed ardiente de salvar a todos los hombres, y derramó a torrentes su sacratísima sangre para darla en precio de la Redención del género humano.

Responsorio:

R. Reconoced en el pan lo que estuvo colgado en la cruz; en el cáliz, lo que manó de su costado. Tomad, pues, y comed el cuerpo de Cristo; tomad y bebed la sangre de Cristo. * Ya estáis hechos, vosotros, miembros de Cristo.

V. Para que no viváis separados, comed al que es vínculo de vuestra unión; para que no os estiméis en poco, bebed vuestro precio. * Ya estáis hechos, vosotros, miembros de Cristo.

Oración:

     Dios de misericordia, que por medio del beato Ciriaco María colmaste de consuelo a tus fieles, concédenos, por su intercesión, mantenernos ardientes en la caridad y solícitos por la unidad de tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo. 

Día 4 de marzo: San Casimiro.

San Casimiro.

Conmemoración.

Hijo del rey de Polonia, nació el año 1458. Cultivó de manera eminente las virtudes cristianas, sobre todo la castidad y la caridad con los pobres. Gran defensor de la fe, tuvo particular devoción a la eucaristía y a la Virgen María. Murió tuberculoso el año 1484 en Grodno (antigua Polonia) y está enterrado en Vilna (Lituania).

Segunda lectura:
De
la Vida de san Casimiro, escrita por un autor casi contemporáneo.

Invirtió su tesoro según el mandato del Altísimo.

La sorprendente, sincera y no engañosa caridad de Casimiro, por la que amaba ardientemente al Dios todopoderoso en el Espíritu, impregnaba de tal forma su corazón, que brotaba espontáneamente hacia su prójimo. No había cosa más agradable y más deseable para él que repartir sus bienes y entregarse a sí mismo a los pobres de Cristo, a los peregrinos, enfermos, cautivos y atribulados.

Para las viudas y huérfanos y necesitados era no solamente un defensor y un protector, sino que se portaba con ellos como si fuera su padre, su hijo o su hermano.

Tendríamos que escribir una larga historia si hubiésemos de contar uno por uno sus actos de amor a Dios y sus obras de caridad con el prójimo.

Es poco menos que imposible describir su gran amor por la justicia, su templanza, su prudencia, su fortaleza y constancia, precisamente en esa edad en la que los hombres suelen sentir mayor inclinación al mal.

A cada paso exhortaba a su padre, el rey, a respetar la justicia en el gobierno de la nación y en el de los pueblos que le estaban sometidos. Y, si alguna vez el rey por debilidad o negligencia incurría en algún error, no dudaba en reprochárselo con modestia.

Tomaba como suyas las causas de los pobres y miserables, por lo que la gente le llamaba «defensor de los pobres». A pesar de su dignidad de príncipe y de su nobleza de sangre, no tenía dificultad en tratar con cualquier persona por humilde y despreciable que pareciera.

Siempre fue su deseo ser contado más bien entre los pobres de espíritu, de quienes es el reino de los cielos, que entre los personajes famosos y poderosos de este mundo. No tuvo ambición del dominio terreno ni quiso nunca recibir la corona que el padre le ofrecía, por temor de que su alma se viera herida por el aguijón de las riquezas, que nuestro Señor Jesucristo llamó espinas, o sufriera el contagio de las cosas terrenas.

Personas de gran autoridad, algunas de las cuales viven aún y que conocían hasta el fondo su comportamiento, aseguran que permaneció virgen hasta el fin de sus días.

Responsorio: Eclesiástico 29, 14; Timoteo 6, 11.

R. Invierte tu tesoro según el mandato del Altísimo, * Y te producirá más que el oro.

V. Practica la justicia, la piedad, la fe, el amor, la paciencia, la delicadeza. * Y te producirá más que el oro.

Oración:

Dios todopoderoso, sabemos que servirte es reinar; por eso te pedimos nos concedas, por intercesión de san Casimiro, vivir sometidos a tu voluntad en santidad y justicia. Por nuestro Señor Jesucristo.

MARZO

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Día 7 de marzo: Santas Perpetua y Felicidad.

Santa Perpetua y santa Felicidad, mártires.

Conmemoración

     Fueron martirizadas en Cartago, durante la persecución de Septimio Severo (año 203). Conservamos una bellísima narración de dicho martirio, elaborada en parte por los mismos mártires y en parte por un escritor de la época.

Segunda lectura:
De la Historia del martirio de los santos mártires cartagineses.

Llamados y elegidos para gloria del Señor.

     Brilló por fin el día de la victoria de los mártires y marchaban de la cárcel al anfiteatro, como si fueran al cielo, con el rostro resplandeciente de alegría, y sobrecogidos no por el temor, sino por el gozo.

     La primera en ser lanzada en alto fue Perpetua y cayó de espaldas. Se levantó, y como viera a Felicidad tendida en el suelo, se acercó, le dio la mano y la levantó. Ambas juntas se mantuvieron de pie y, doblegada la crueldad del pueblo, fueron llevadas a la puerta llamada Sanavivaria. Allí Perpetua fue recibida por un tal Rústico, que por entonces era catecúmeno, y que la acompañaba. Ella, como si despertara de un sueño (tan fuera de sí había estado su espíritu), comenzó a mirar alrededor suyo y, asombrando a todos dijo:

     «¿Cuándo nos arrojarán esa vaca, no sé cual?»

     Como le dijeran que ya se la habían arrojado, no quiso creerlo hasta que comprobó en su cuerpo y en su vestido las marcas de la embestida.     Después, haciendo venir a su hermano, también catecúmeno, dijo:

     «Permaneced firmes en la fe, amaos los unos a los otros y no os escandalicéis de nuestros padecimientos».

     Del mismo modo Saturo, junto a la otra puerta, exhortaba al soldado Pudente, diciéndole:

     «En resumen, como presentía y predije, hasta ahora no he sentido ninguna de las bestias. Ahora créeme de todo corazón: cuando salga de nuevo, seré abatido por una única dentellada de leopardo».

     Cuando el espectáculo se acercaba a su fin, fue arrojado un leopardo y de una dentellada quedó tan cubierto de sangre, que el pueblo, cuando el leopardo intentaba morderle de nuevo, como dando testimonio de aquel segundo bautismo, gritaba:

     «Salvo, el que está lavado; salvo, el que está lavado».

     Y ciertamente estaba salvado por haber sido lavado de esta forma.

     Entonces Saturo dijo al soldado Pudente:

     «Adiós, y acuérdate de la fe y de mí; que estos padecimientos no te turben, sino que te confirmen».

     Luego le pidió un anillo que llevaba al dedo y, empapándolo en su sangre, se lo entregó como si fuera su herencia, dejándoselo como prenda y recuerdo de su sangre. Después, exánime, cayó en tierra, donde se encontraban todos los demás que iban a ser degollados en el lugar acostumbrado.

     Pero el pueblo exigió que fueran llevados al centro del anfiteatro para ayudar, con sus ojos homicidas, a la espada que iba a atravesar sus cuerpos. Ellos se levantaron y se colocaron allí donde el pueblo quería, y se besaron unos a otros para sellar el martirio con el rito solemne de la paz.

     Todos, inmóviles y en silencio, recibieron el golpe de la espada; especialmente Saturo, que había subido  el primero, pues ayudaba a Perpetua,  fue el primero en entregar su espíritu.

     Perpetua dio un salto al recibir el golpe de la espalda entre los huesos, sin duda para que sufriera algún  dolor. Y ella misma trajo la mano titubeante del gladiador inexperto hasta su misma garganta. Quizás una mujer de este temple, que era temida por el mismo espíritu inmundo, no hubiera podido ser muerta de otra forma, si ella misma no lo hubiese querido.

    ¡Oh valerosos y felices mártires! ¡Oh, vosotros, que de verdad habéis sido llamados y elegidos para gloria de nuestro Señor Jesucristo.

Responsorio: Romanos 8, 34-35. 37.

R. Cristo Jesús está a la derecha de Dios e intercede por nosotros. * ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la persecución?, ¿la espada? 

V. En todo esto vencemos fácilmente por aquél que nos ha amado. * ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la persecución?, ¿la espada?

Oración:

     Señor, tus santas mártires Perpetua y Felicidad, a instancias de tu amor, pudieron resistir al que las perseguía y superar el suplicio de la muerte; concédenos, por su intercesión, crecer constantemente en nuestro amor a ti. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 8 de marzo: San Juan de Dios.

San Juan de Dios, religioso.

Conmemoración

     Nació en Portugal el año 1495. Después de una milicia llena de peligros, se entregó por completo al servicio de los enfermos. Fundó un hospital en Granada y vinculó a su obra un grupo de compañeros, los cuales constituyeron después la Orden de los Hospitalarios de San Juan de Dios. Destacó, sobre todo, por su caridad con los enfermos y necesitados. Murió en Granada el año 1550.

Segunda lectura:
De las cartas de san Juan de Dios, religioso.

Jesucristo es fiel y lo provee todo.

     Si mirásemos cuán grande es la misericordia de Dios, nunca dejaríamos de hacer bien mientras pudiésemos: pues que, dando nosotros, por su amor, a los pobres lo que él mismo nos da, nos promete ciento por uno en la bienaventuranza. ¡Oh bienaventurado logro y ganancia! ¿Quién no da lo que tiene a este bendito mercader, pues hace con nosotros tan buena mercancía y nos ruega, los brazos abiertos, que nos convirtamos y lloremos nuestros pecados y hagamos caridad primero a nuestras ánimas y después a los prójimos? Porque, así como el agua mata al fuego, así la caridad al pecado.

     Son tantos los pobres que aquí se llegan, que yo mismo muchas veces estoy espantado cómo se pueden sustentar, mas Jesucristo lo provee todo y les da de comer. Como la ciudad es grande y muy fría, especialmente ahora en invierno, son muchos los pobres que se llegan a esta casa de Dios. Entre todos, enfermos y sanos, gente de servicio y peregrinos, hay más de ciento diez. Como esta casa es general, reciben en ella generalmente de todas enfermedades y suerte de gentes, así que aquí hay tullidos, mancos, leprosos, mudos, locos, paralíticos, tiñosos, y otros muy viejos y muy niños, y, sin estos, otros muchos peregrinos y viandantes, que aquí se allegan, y les dan fuego y agua, sal y vasijas para guisar de comer. Para todo esto no hay renta, mas Jesucristo lo provee todo.

     De esta manera, estoy aquí empeñado y cautivo por solo Jesucristo. Viéndome tan empeñado, muchas veces no salgo de casa por las deudas que debo, y viendo padecer tantos pobres, mis hermanos y prójimos, y con tantas necesidades, así al cuerpo como al ánima, como no los puedo socorrer, estoy muy triste, mas empero confío en Jesucristo; que él me desempeñará, pues él sabe mi corazón. Y, así, digo que maldito el hombre que fía de los hombres, sino de solo Jesucristo; de los hombres has de ser desamparado, que quieras o no; mas Jesucristo es fiel y durable, y pues que Jesucristo lo provee todo, a él sean dadas las gracias por siempre jamás. Amén.

Responsorio: Isaías 58, 7-8.

R. Parte tu pan con el hambriento, hospeda a los pobres sin techo; * Entonces romperá tu luz como la aurora, y te abrirá camino la justicia.

V. Viste al que veas desnudo, y no te cierres a tu propia carne. * Entonces romperá tu luz como la aurora, y te abrirá camino la justicia.

Oración:

     Señor, tú que infundiste en san Juan de Dios espíritu de misericordia, haz que nosotros, practicando las obras de caridad, merezcamos encontrarnos un día entre los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 9 de marzo: Santa Francisca Romana.

Santa Francisca Romana, religiosa.

Conmemoración

     Nació en Roma el año 1384. Se casó joven y tuvo tres hijos. En la dura época que le tocó vivir repartió sus bienes entre los pobres, atendió a los enfermos y desempeñó una admirable actividad con los necesitados, destacando, sobre todo, por su humildad y paciencia. El año 1425 instituyó la Congregación de  Oblatas, bajo la regla de san Benito. Murió el año 1440.

Segunda lectura:
De la Vida de santa Francisca Romana, escrita por María Magdalena Anguillaria, superiora de las Oblatas de Tor de’Specchi.

La paciencia y caridad de santa Francisca.

     Dios probó la paciencia de Francisca no sólo en su fortuna, sino también en su mismo cuerpo, haciéndola expe­rimentar largas y graves enfermedades, como se ha dicho antes y se dirá luego. Sin embargo, no se pudo observar en ella ningún acto de impaciencia, ni mostró el menor signo de desagrado por la torpeza con que a veces la atendían.

     Francisca manifestó su entereza en la muerte prematura de sus hijos, a los que amaba tiernamente; siempre aceptó con serenidad la voluntad de Dios, dando gracias por todo lo que le acontecía. Con la misma paciencia soportaba a los que la criticaban, calumniaban y hablaban mal de su forma de vivir. Nunca se advirtió en ella ni el más leve indicio de aversión respecto de aquellas personas que hablaban mal de ella y de sus asuntos; al contrario, devolviendo bien por mal, rogaba a Dios continuamente por dichas personas.

     Y ya que Dios no la había elegido para que se preocupara exclusivamente de su santificación, sino para que emplease los dones que él le había concedido para la salud espiritual y corporal del prójimo, la había dotado de tal bondad que, a quien le acontecía ponerse en contacto con ella, se sentía inmediatamente cautivado por su amor y su estima, y se hacía dócil a todas sus indicaciones. Es que, por el poder de Dios, sus palabras poseían tal eficacia que con una breve exhortación consolaba a los afligidos y desconsolados, tranquilizaba a los desasosegados, calmaba a los iracundos, reconciliaba a los enemigos, extinguía odios y rencores inveterados, en una palabra, moderaba las pasiones de los hombres y las orientaba hacia su recto fin.

     Por esto todo el mundo recurría a Francisca como a un asilo seguro, y todos encontraban consuelo, aunque reprendía severamente a los pecadores y censuraba sin timidez a los que habían ofendido o eran ingratos a Dios.

     Francisca, entre las diversas enfermedades mortales y pestes que abundaban en Roma, despreciando todo peligro de contagio, ejercitaba su misericordia con todos los desgraciados y todos los que necesitaban ayuda de los demás. Fácilmente los encontraba; en primer lugar les incitaba a la expiación uniendo sus padecimientos a los de Cristo, después les atendía con todo cuidado, exhortándoles amorosamente a que aceptasen gustosos todas las incomodidades como venidas de la mano de Dios, y a que las soportasen por el amor de aquel que había sufrido tanto por ellos.

     Francisca no se contentaba con atender a los enfermos que podía recoger en su casa, sino que los buscaba en sus chozas y hospitales públicos. Allí calmaba su sed, arreglaba sus camas y curaba sus úlceras con tanto mayor cuidado cuanto más fétidas o repugnantes eran.

     Acostumbraba también a ir al hospital de Camposanto y allí distribuía entre los más necesitados alimentos y delicados manjares. Cuando volvía a casa, llevaba consigo los harapos y los paños sucios y los lavaba cuidadosa­mente y planchaba con esmero, colocándolos entre aromas, ­como si fueran a servir para su mismo Señor.

     Durante treinta años desempeñó Francisca este servicio a los enfermos, es decir, mientras vivió en casa de su marido, y también durante este tiempo realizaba frecuentes visitas a los hospitales de Santa María, de Santa Cecilia en el Trastévere, del Espíritu Santo y de Camposanto. Y, como durante este tiempo en el que abundaban las enfermedades contagiosas, era muy difícil encontrar no sólo médicos que curasen los cuerpos, sino también sacerdotes que se preocupasen de lo necesario para el alma, ella misma los buscaba y los llevaba a los enfermos ­que ya estaban preparados para recibir la penitencia y la eucaristía. Para poder actuar con más libertad, ella misma retribuía de su propio peculio a aquellos sacerdotes que atendían en los hospitales a los enfermos que ella les indicaba.

Responsorio: Rut 3, 10-11; Judit 13, 25.

R. El Señor te bendiga, * Pues ya saben todos los del pueblo que eres una mujer de cualidades.

V. El Señor ha glorificado tu nombre de tal modo, que tu alabanza está siempre en la boca de todos. * Pues ya saben todos los del pueblo que eres una mujer de cualidades.

Oración:

    Oh Dios, que nos diste en santa Francisca Romana modelo singular de vida matrimonial y monástica, concédenos vivir en tu servicio con tal perseverancia, que podamos descubrirte y seguirte en todas las circunstancias de la vida. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 15 de marzo: San Raimundo de Fitero.

San Raimundo de Fitero, Abad.

En la Catedral de Toledo y Parroquia de Ciruelos:
Memoria obligatoria.
En la diócesis de Toledo: Memoria libre.

Nació en Tarazona (España), de cuya Iglesia, según se cree, fue canónigo. Monje en el monasterio cisterciense de Scala Dei (Tarbes, Francia), volvió a su tierra natal para fundar el monasterio de Santa María de Fitero en 1152. En los años 1158-1159 fundó la Orden Militar de Calatrava, bajo la Regla del Císter. Murió el 6 de febrero de 1163 en Ciruelos (Toledo) siendo sepultado en la iglesia monástica de la Orden Militar de Calatrava allí existente. El 15 de marzo de 1468, sus restos fueron trasladados al Monasterio de Monte Sión, en Toledo, y desde el siglo XIX se veneran en la Santa Iglesia Catedral Primada.

Del común de santos varones: para los religiosos.

Segunda lectura:
De las obras de Rodrigo Ximénez de Rada, obispo.

Con la ayuda del Señor, prosperó la acción de los monjes.

Después de llegar el rey Sancho a Toledo, corrió el rumor de que los árabes se dirigían con un gran ejército hasta Calatrava. Los Templarios, que guarnecían esta plaza, temiendo no poder hacer frente al ataque de los árabes, acudieron al rey Sancho y le rogaron que se hiciera cargo del castillo y de la ciudad de Calatrava ya que ellos no tenían fuerzas suficientes para resistir al enemigo y no habían podido encontrar otro señor que quisiera correr el riesgo de la defensa de la plaza.

Se hallaba entonces en al capital del Reino un religioso llamado Raimundo, abad de Fitero, a quien acompañaba el monje Diego Velázquez, de origen noble, que se había educado en su juventud con el rey Sancho y había sido experto en las artes militares. Este monje, al ver al rey preocupado por la suerte de Calatrava aconsejó al abad que pidiera al rey dicha plaza y, aunque al principio el abad se resistiera al fin hizo caso a las instancias del monje y, llegándose al rey, le pidió Calatrava. A pesar de que esto no les parecía cuerdo a algunos, sin embargo, como era del agrado de Dios, el rey dio su consentimiento.

Entonces el abad y el monje acudieron inmediatamente al primado Juan, que entonces presidía la Iglesia toledana. Éste, al oír su santo propósito, dio gracias a Dios, les ayudó enseguida con sus propios bienes y mandó predicar públicamente que todos los que acudieran en defensa de Calatrava obtendrían el perdón de sus pecados. Con esto se hizo tal conmoción en la ciudad que apenas quedó nadie que no marchara en persona o al menos proporcionara caballos, armas o dinero para dicha acción. El rey Sancho donó al instante al abad y a la Abadía de Santa María de Fitero la fortaleza y la ciudad de Calatrava como posesión perpetua.

Guiados por el Señor, el abad y el monje Diego se dirigieron a Calatrava. Entonces ocurrió que, por providencia del Altísimo, aquel ejército agareno del que tanto se había hablado, no asedió la ciudad. Muchos, movidos por la devoción, recibieron la forma de vida de aquellos monjes, vistiendo un hábito más simplificado, como lo exigía la agilidad militar, y así con la ayuda del Señor, prosperó la obra emprendida por los monjes. El abad Raimundo regresó a su monasterio de Fitero y, tomando consigo animales, rebaños y otros enseres, y acompañado de gran número de guerreros a quienes él mismo había suministrado dinero y avituallamiento, volvió de nuevo a Calatrava. En Fitero dejó solo a los ancianos y enfermos para el cuidado del monasterio. Así es como el santo abad Raimundo fundó la esclarecida Orden de Calatrava. Sus monjes alababan a Dios con el salterio, al mismo tiempo que ceñían la espada. Su comida era muy frugal; sus vestidos, áspera lana. La estricta observancia de la Regla les servía de prueba y la práctica del silencio les acompañaba. El frecuente doblar las rodillas les humillaba y las vigilias nocturnas les mortificaban. La oración ferviente les instruía y el continuo trabajo era su mejor ejercicio. Unos a otros se ayudaban como hermanos en el mutuo ejemplo.

Raimundo fue el primer abad de Fitero. Al morir fue sepultado en la villa de Ciruelos, cerca de Toledo, donde, según cuenta la tradición, Dios obró muchos milagros por su medio.

Responsorio:Lucas 12, 35-36; Mateo 24, 42.

R. Tened ceñida la cintura y en encendidas las lámparas. * Vosotros estad como los que aguardan a que el Señor vuelva de la boda.

V. Estad en vela, porque no sabéis qué día vendrá vuestro Señor. * Vosotros estad como los que aguardan a que el Señor vuelva de la boda.

Oración:

Señor, concediste al abad san Raimundo entregarse de corazón a la causa del Reino en medio de las vicisitudes de este mundo; concédenos también por sus méritos, la gracia de vivir fielmente nuestra vocación y de librarnos de todo mal. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 17 de marzo: San Patricio.

San Patricio, obispo.

Conmemoración

Nacido en Gran Bretaña hacia el 385, muy joven fue llevado cautivo a Irlanda, y obligado a guardar ovejas. Recobrada la libertad, abrazó el estado clerical y fue consagrado obispo de Irlanda, desplegando extraordinarias dotes de evangelizador, y convirtiendo a la fe a numerosas gentes, entre las que organizó la Iglesia. Murió el año 461, en Down, llamado en su honor Downpatrik (Irlanda).

Segunda lectura:
De
la Confesión de san Patricio, obispo.

Muchos pueblos renacieron a Dios por mí.

Sin cesar doy gracias a Dios que me mantuvo fiel el día de la prueba. Gracias a él puedo hoy ofrecer con toda confianza a Cristo, quien me liberó de todas mis tribulaciones, el sacrificio de mi propia alma como víctima viva, y puedo decir: ¿Quién soy yo, y cuál es la excelencia de mi vocación, Señor, que me has revestido de tanta gracia divina? Tú me has concedido exultar de gozo entre los gentiles y proclamar por todas partes tu nombre, lo mismo en la prosperidad que en la adversidad. Tú me has hecho comprender que cuanto me sucede, lo mismo bueno que malo, he de recibirlo con idéntica disposición, dando gracias a Dios que me otorgó esta fe inconmovible y que constantemente me escucha. Tú has concedido a este ignorante el poder realizar en estos tiempos esta obra tan piadosa y maravillosa, imitando a aquellos de los que el Señor predijo que anunciarían su Evangelio para que llegue a oídos de todos los pueblos. ¿De dónde me vino después este don tan grande y tan saludable: conocer y amar a Dios, perder a mi patria y a mis padres y llegar a esta gente de Irlanda, para predicarles el Evangelio, sufrir ultrajes de parte de los incrédulos, ser despreciado como extranjero, sufrir innumerables persecuciones hasta ser encarcelado y verme privado de mi condición de hombre libre, por el bien de los demás?

Si Dios me juzga digno de ello, estoy dispuesto a dar mi vida gustoso y sin vacilar por su nombre, gastándola hasta la muerte. Mucho es lo que debo a Dios, que me concedió gracia tan grande de que muchos pueblos renacieron a Dios por mí. Y después les dio crecimiento y perfección. Y también porque pude ordenar en todos aquellos lugares a los ministros para el servicio del pueblo recién convertido; pueblo que Dios había llamado desde los confines de la tierra, como lo había prometido por los profetas: A ti vendrán los paganos, de los extremos del orbe, diciendo: «Qué engañoso es el legado de nuestros padres, qué vaciedad sin provecho.» Y también: Te hago luz de las naciones, para que mi salvación alcance hasta el confín de la tierra.

Allí quiero esperar el cumplimiento de su promesa infalible, como afirma en el Evangelio: Vendrán de Oriente y Occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob. Como lo afirma nuestra fe, los creyentes vendrán de todas partes del mundo.

Responsorio: Romanos 15, 15-16; 1, 9.

R. El don recibido de Dios me hace ministro de Cristo Jesús para con los gentiles: mi acción sacra consiste en anunciar el Evangelio de Dios, * Para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios.

V. Doy culto al Padre con toda mi alma, proclamando el Evangelio de su Hijo. * Para que la ofrenda de los gentiles, consagrada por el Espíritu Santo, agrade a Dios.

Oración:

Oh Dios, que elegiste a tu obispo san Patricio para que anunciara tu gloria a los pueblos de Irlanda, concede, por su intercesión y sus méritos, a cuantos se glorían de llamarse cristianos, la gracia de proclamar siempre tus maravillas delante de los hombres. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 18 de marzo: San Cirilo de Jerusalén.

San Cirilo de Jerusalén, obispo y doctor de la Iglesia.

Conmemoración

Nació de padres cristianos el año 315; sucedió al obispo Máximo en la sede de Jerusalén el año 348. Por su actitud en la controversia arriana, se vio más de una vez condenado al destierro. De su actividad pastoral dan testimonio sus numerosos sermones en los que explicaba a los fieles la doctrina ortodoxa, la Sagrada Escritura y la Tradición. Murió el año 386.

Segunda lectura:
Catequesis
de san Cirilo de Jerusalén, obispo.

Preparad limpios los vasos para recibir al Espíritu Santo.

Alégrese el cielo, goce la tierra, por estos que van a ser rociados con el hisopo y purificados con el hisopo espiritual, por el poder de aquel que en su pasión bebió desde la cruz por medio de la caña de hisopo. Alégrense las virtudes de los cielos; y prepárense las almas que van a desposarse con el Esposo. Una voz grita en el desierto: «Preparad el camino del Señor».

Comportaos, pues, rectamente, oh hijos de la justicia, recordando la exhortación de Juan: Allanad sus senderos: Retirad todos los estorbos e impedimentos para llegar directamente a la vida eterna. Por la fe sincera, preparad limpios los vasos de vuestra alma para recibir al Espíritu Santo. Comenzad por lavar vuestros vestidos con la penitencia, a fin de que os encuentren limpios, ya que habéis sido llamados al tálamo del Esposo.

El Esposo llama a todos sin distinción, pues su gracia es liberal y abundante; sus pregoneros reúnen a todos a grandes voces, pero luego él segrega a aquellos que no son dignos de entrar a las bodas, figura del bautismo.

Que ninguno de los inscritos tenga que oír aquella voz: Amigo, ¿cómo has entrado aquí sin vestirte de fiesta?

Ojalá que todos escuchéis aquellas palabras: Muy bien. Eres un empleado fiel y cumplidor; como has sido fiel en lo poco, te daré un cargo importante; pasa al banquete de tu Señor.

Hasta ahora os habéis quedado fuera de la puerta, pero deseo que todos podáis decir: El rey me introdujo en su cámara. Me alegro con mi Dios: porque me ha vestido un traje de gala y me ha envuelto en un manto de triunfo, como novio que se pone la corona, o novia que se adorna con sus joyas.

Que vuestra alma se encuentre sin mancha ni arruga, ni nada por el estilo; no digo antes de recibir la infusión de la gracia (¿para qué, entonces, habríais sido llamados a la remisión de los pecados?), pero sí que, cuando la gracia se os infunda, vuestra conciencia, estando libre de toda falta, concurra al efecto de la gracia.

El bautismo es algo sumamente valioso y debéis acercaros a él con la mejor preparación. Que cada uno se coloque ante la presencia de Dios, rodeado de todas las miradas de los ejércitos celestiales. El Espíritu Santo sellará vuestras almas, pues habéis sido elegidos para militar al servicio del gran rey.

Preparaos, pues, y disponeos para ello, no tanto con la blancura inmaculada de vuestra túnica, cuanto con un espíritu verdaderamente fervoroso.

Responsorio: Malaquías 2, 6; Salmo 88, 22.

R. Una doctrina auténtica llevaba en la boca, y en sus labios no se hallaba maldad; * Se portaba conmigo con integridad y rectitud, dice el Señor.

V. Mi mano estaba siempre con él, y mi brazo lo hizo valeroso. * Se portaba conmigo con integridad y rectitud, dice el Señor.

Oración:

Señor, Dios nuestro, que has permitido a tu Iglesia penetrar con mayor profundidad en los sacramentos de la salvación, por la predicación de san Cirilo, obispo de Jerusalén, concédenos, por su intercesión, llegar a conocer de tal modo a tu Hijo que podamos participar con mayor abundancia de su vida divina. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 19 de marzo: San José, esposo de la Virgen María.

San José, Esposo de la Virgen María.

Solemnidad.

Himno:

Porque fue varón justo,
lo
amó el Señor,
y
dio el ciento por uno
su
labor.

El alba mensajera
del
sol de alegre brillo
conoce
ese martillo
que
suena en la madera.
La
mano carpintera
madruga
a su quehacer,
y
hay gracia antes que sol en el taller.

Cabeza
de tu casa
del
que el Señor se fía,
por
la carpintería
la
gloria entera pasa.
Tu
mano se acompasa
con
Dios en la labor,
y
alargas la mano del Señor.

Y,
pues que el mundo entero
te
mira y se pregunta,
di
cómo se junta
ser
santo y carpintero,
la
gloria y el madero,
la
gracia y el afán,
tener
propicio a Dios y escaso el pan.

Salmodia:

Antífona 1: Un ángel del Señor se apareció a José y le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.» (T.P. Aleluya.)

Salmo 20, 2-8. 14.
Acción de gracias por la victoria del rey.

Señor, el rey se alegra por tu fuerza,
¡y cuánto goza con tu victoria!
Le has concedido el deseo de su corazón,
no le has negado lo que pedían sus labios.

Te adelantaste a bendecirlo con el éxito,
y has puesto en su cabeza una corona de oro fino.
Te pidió vida, y se la has concedido,
años que se prolongan sin término.

Tu victoria ha engrandecido su fama,
lo has vestido de honor y majestad.
Le concedes bendiciones incesantes,
lo colmas de gozo en tu presencia;
porque el rey confía en el Señor,
y con la gracia del Altísimo no fracasará.

Levántate, Señor, con tu fuerza,
y al son de instrumentos cantaremos tu poder.

Gloria al Padre.

Antífona 1: Un ángel del Señor se apareció a José y le dijo: «José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer. Dará a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús.» (T.P. Aleluya.)

Antífona 2: Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor, y se llevó a casa a María, su mujer. (T.P. Aleluya.)

Salmo 91.
Alabanza del Dios creador.

I

Es bueno dar gracias al Señor
y tocar para tu nombre, oh Altísimo,
proclamar por la mañana tu misericordia
y de noche tu fidelidad,
con arpas de diez cuerdas y laúdes,
sobre arpegios de cítaras.

Tus acciones, Señor, son mi alegría,
y mi júbilo, las obras de tus manos.
¡Qué magníficas son tus obras, Señor,
qué profundos tus designios!
El ignorante no los entiende
ni el necio se da cuenta.

Aunque germinen como hierba los malvados
y florezcan los malhechores,
serán destruidos para siempre.
Tú, en cambio, Señor,
eres excelso por los siglos.

Gloria al Padre.

Antífona 2: Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor, y se llevó a casa a María, su mujer. (T.P. Aleluya.)

Antífona 3: José subió desde Nazaret a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con María. (T.P. Aleluya.)

II

Porque tus enemigos, Señor, perecerán,
los malhechores serán dispersados;
pero a mí me das la fuerza de un búfalo
y me unges con aceite nuevo.
Mis ojos despreciarán a mis enemigos,
mis oídos escucharán su derrota.

El justo crecerá como una palmera,
se alzará como un cedro del Líbano:
plantado en la casa del Señor,
crecerá en los atrios de nuestro Dios;

en la vejez seguirá dando fruto
y estará lozano y frondoso,
para proclamar que el Señor es justo,
que en mi Roca no existe la maldad.

Gloria al Padre.

Antífona 3: José subió desde Nazaret a la ciudad de David, que se llama Belén, para inscribirse con María. (T.P. Aleluya.)

V. El justo germinará como una azucena. (T.P. Aleluya.)
R. Y florecerá eternamente ante el Señor. (T.P. Aleluya.)

Primera Lectura: Hebreos 11, 1-16.

Fe de los santos patriarcas.

La fe es garantía de lo que se espera; la prueba de las realidades que no se ven. Por ella fueron alabados nuestros mayores. Por la fe, sabemos que el universo fue formado por la palabra de Dios, de manera que lo que se ve resultase de lo que no aparece.

Por la fe, ofreció Abel a Dios un sacrificio más excelente que Caín, por ella fue declarado justo, con la aprobación que dio Dios a sus ofrendas; y por ella, aun muerto, habla todavía.

Por la fe, Henoc fue trasladado, de modo que no vio la muerte y no se le halló, porque le trasladó Dios. Porque antes de contar su traslado, la Escritura da en su favor testimonio de haber agradado a Dios. Ahora bien, sin fe es imposible agradarle, pues el que se acerca a Dios ha de creer que existe y que recompensa a los que le buscan.

Por la fe, Noé, advertido por Dios de lo que aún no se veía, con religioso temor construyó un arca para salvar a su familia; por la fe, condenó al mundo y llegó a ser heredero de la justicia según la fe.

Por la fe, Abraham, al ser llamado por Dios, obedeció y salió para el lugar que había de recibir en herencia, y salió sin saber a dónde iba. Por la fe, peregrinó por la Tierra Prometida como en tierra extraña, habitando en tiendas, lo mismo que Isaac y Jacob, coherederos de las mismas promesas. Pues esperaba la ciudad asentada sobre cimientos, cuyo arquitecto y constructor es Dios.

Por la fe, también Sara recibió, aun fuera de la edad apropiada, vigor para ser madre, pues tuvo como digno de fe al que se lo prometía. Por lo cual también de uno solo y ya gastado nacieron hijos, numerosos como las estrellas del cielo, incontables como las arenas de las orillas del mar.

En la fe murieron todos ellos, sin haber conseguido el objeto de las promesas: viéndolas y saludándolas desde lejos y confesándose extraños y forasteros sobre la tierra. Los que tal dicen, claramente dan a entender que van en busca de una patria; pues si hubiesen pensado en la tierra de la que habían salido, habrían tenido ocasión de retornar a ella. Más bien aspiran a una mejor, a la celestial. Por eso Dios no se avergüenza de ellos, de ser llamado Dios suyo, pues les tiene preparada una ciudad.

Responsorio: Romanos 4, 20. 22; Santiago 2, 22.

R. Ante la promesa de Dios no fue incrédulo, sino que se hizo fuerte en la fe, dando con ello gloria a Dios, * Por lo cual le valió la justificación. (T.P. Aleluya.)

V. La fe actuaba en sus obras, y por las obras de la fe llegó a su madurez. * Por lo cual le valió la justificación. (T.P. Aleluya.)

Segunda Lectura:
De los sermones de san Bernardino de Siena, presbítero.

Protector y custodio fiel.

La norma general que regula la concesión de gracias singulares a una criatura racional determinada es la de que, cuando la gracia divina elige a alguien para un oficio singular o para ponerle en un estado preferente, le concede todos aquellos carismas que son necesarios para el ministerio que dicha persona ha de desempeñar.

Esta norma se ha verificado de un modo excelente en san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del universo y Señora de los ángeles. José fue elegido por el eterno Padre como protector y custodio fiel de sus principales tesoros, esto es, de su Hijo y de su Esposa, y cumplió su oficio con insobornable fidelidad. Por eso le dice el Señor: Eres un empleado fiel y cumplidor; pasa al banquete de tu Señor.

Si relacionamos a José con la Iglesia universal de Cristo, ¿no es éste el hombre privilegiado y providencial, por medio del cual la entrada de Cristo en el mundo se desarrolló de una manera ordenada y sin escándalos? Si es verdad que la Iglesia entera es deudora a la Virgen Madre por cuyo medio recibió a Cristo, después de María es san José a quien debe un agradecimiento y una veneración singular.

José viene a ser el broche del antiguo Testamento, broche en el que fructifica la promesa hecha a los patriarcas y los profetas. Sólo él poseyó de una manera corporal lo que para ellos había sido mera promesa.

No cabe duda de que Cristo no sólo no se ha desdicho de la familiaridad y respeto que tuvo con él durante su vida mortal como si fuera su padre, sino que la habrá completado y perfeccionado en el cielo.

Por eso, también con razón, se dice más adelante: Pasa al banquete de tu Señor. Aun cuando el gozo santificado por este banquete es el que entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decir: Pasa al banquete, a fin de insinuar místicamente que dicho gozo no es puramente interior, sino que circunda y absorbe por doquier al bienaventurado, como sumergiéndole en el abismo infinito de Dios.

Acuérdate de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tu oración ante aquel que pasaba por hijo tuyo; intercede también por nosotros ante la Virgen, tu esposa, madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por los siglos de los siglos. Amén.

Responsorio: Génesis 45, 8; 50, 20; Salmo 27, 7; 117, 14.

R. El Señor me hizo ministro del rey y señor de su casa. * Me exaltó para dar vida a pueblos numerosos. (T.P. Aleluya.)

V. El Señor es mi fuerza y mi escudo: él es mi salvación. * Me exaltó para dar vida a pueblos numerosos. (T.P. Aleluya.)

Himno TE DEUM.
(Se recita los Domingos, Fiestas y Solemnidades).

Oración:

Dios todopoderoso, que confiaste los primeros misterios de la salvación de los hombres a la fiel custodia de san José, haz que, por su intercesión, la Iglesia los conserve fielmente y los lleve a plenitud en su misión salvadora. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 23 de marzo: Santo Toribio de Mogrovejo.

Santo Toribio de Mogrovejo, obispo.

Conmemoración.

Nació en España hacia el 1538, y estudió derecho en Salamanca. Nombrado obispo de Lima el año 1580, marchó a América. Lleno de celo apostólico, reunió numerosos sínodos y concilios que promovieron con mucho fruto la vida religiosa de todo el virreinato. Defendió con valentía los derechos de la Iglesia, con gran dedicación a su grey y preocupación, sobre todo, por la población autóctona. Murió el año 1606.

Segunda lectura:
Del Decreto Christus Dominus, sobre el deber pastoral de los obispos en la Iglesia, del Concilio Vaticano II.

Disponibles para toda obra buena.

Los obispos, en el ejercicio de su deber de enseñar, anuncien a los hombres el Evangelio de Cristo, deber que destaca entre los principales de los obispos. Por la fortaleza del Espíritu, llamen a los hombres a la fe o confírmelos en la fe viva; propongan a los hombres el misterio íntegro de Cristo, es decir, todas aquellas verdades cuya ignorancia equivale a ignorar a Cristo, e igualmente muéstrenles el camino revelado por Dios para darle gloria y que, por eso mismo, conduce a alcanzar la eterna bienaventuranza.

Muestren, además, que las mismas cosas terrenas y las instituciones humanas, de acuerdo con el plan salvífico de Dios creador, se ordenan también a la salvación de los hombres y que por este motivo pueden contribuir en gran medida a la edificación del cuerpo de Cristo.

En consecuencia, enseñen hasta qué punto, de acuerdo con la doctrina de la Iglesia, debe ser estimada la persona humana con su libertad, y la vida misma del cuerpo; la familia, su unidad y estabilidad, la procreación y educación de la prole; la sociedad civil con sus leyes y profesiones; el trabajo y el descanso; las artes e inventos técnicos; la pobreza y la abundancia. Expongan los criterios de acuerdo con los cuales se puedan resolver los graves problemas que afectan a la posesión, incremento y recta distribución de los bienes materiales, a la guerra y a la paz, y a la fraterna convivencia de todos los pueblos.

Expongan la doctrina cristiana de manera acomodada a las necesidades de los tiempos, es decir, que den respuesta a las dificultades e interrogantes que preocupan y angustian especialmente a los hombres. Al mismo tiempo velen por la doctrina, enseñando a los mismos fieles a defenderla y propagarla. Al enseñarla, manifiesten la maternal solicitud de la Iglesia hacia todos los hombres, tanto fieles como no fieles, y tengan especial solicitud de los pobres y de los jóvenes, a quienes el Señor les ha enviado a evangelizar.

Al ejercer su oficio de padre y pastor, sean los obispos en medio de los suyos como servidores; sean buenos pastores que conocen a sus ovejas y que son a su vez conocidos por ellas; sean verdaderos pastores que se distinguen por el espíritu de amor y de solicitud hacia todos, y a cuya autoridad, conferida, desde luego, por Dios, todos se sometan de buen ánimo. Congreguen y formen de tal forma a toda su familia que todos, conscientes de sus deberes, vivan y actúen en comunión de caridad.

Para que puedan realizar esto eficazmente, los obispos, disponibles para toda obra buena y aguantándolo todo por los elegidos, deben adaptar su vida de tal forma que corresponda a las necesidades de los tiempos.

Responsorio: 1ª Pedro 5, 2. 3-4; Hechos Apóstoles 20, 28.

R. Sed pastores del rebaño de Dios, convirtiéndoos en modelos del rebaño. * Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

V. Tened cuidado del rebaño que el Espíritu Santo os ha encargado guardar, como pastores de la Iglesia de Dios. * Y, cuando aparezca el supremo Pastor, recibiréis la corona de gloria que no se marchita.

Oración:

     Señor, tú que has querido acrecentar la Iglesia mediante los trabajos apostólicos y el celo por la verdad de tu obispo santo Toribio, concede al pueblo a ti consagrado crecer constantemente en fe y en santidad. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 25 de marzo: La Anunciación del Señor.

ABRIL: Santos del mes.

2 | 5 |  7 | 11  | 13a - 13b21 | 23 | 24 | 25  | 26 | 28 - 28bis  | 29 | 30

Día 2 de abril: San Francisco de Paula.

San Francisco de Paula, ermitaño.

Conmemoración

Nacido en Paula (Calabria) el año 1416, fundó una congregación de vida eremítica que después se transformó en la Orden de los Mínimos, y que fue aprobada por la Santa Sede el año 1506. Murió en Tours (Francia) el año 1507.

Segunda lectura:
De
las cartas de san Francisco de Paula.

Convertíos con sinceridad.

Que nuestro Señor Jesucristo, que remunera con suma esplendidez, os dé la recompensa de vuestras fatigas.

Huid del mal, rechazad los peligros. Nosotros, y todos nuestros hermanos, aunque indignos, pedimos constantemente a Dios Padre, a su Hijo Jesucristo y a la Virgen María que estén siempre a vuestro lado para salvación de vuestras almas y vuestros cuerpos.

Hermanos, os exhorto vehementemente a que os preocupéis con prudencia y diligencia de la salvación de vuestras almas. La muerte es segura y la vida es breve y se desvanece como el humo.

Centrad vuestro pensamiento en la pasión de nuestro Señor Jesucristo, que, por el amor que nos tenía, bajó del cielo para redimirnos; que por nosotros sufrió toda clase de tormentos de alma y cuerpo, y tampoco evitó suplicio alguno. Con ello nos dejó un ejemplo soberano de paciencia y amor. Debemos, pues, tener paciencia en las adversidades.

Deponed toda clase de odio y de enemistades; tened buen cuidado de que no salgan de vuestra boca palabras duras y, si alguna vez salen, no seáis perezosos en pronunciar aquellas palabras que sean el remedio saludable para las heridas que ocasionaron vuestros labios: por tanto perdonaos mutuamente y olvidad para siempre la injuria que se os ha hecho.

El recuerdo del mal recibido es una injuria, complemento de la cólera, conservación del pecado, odio a la justicia, flecha oxidada, veneno del alma, destrucción del bien obrar, ¡gusano de la mente, motivo de distracciones en la oración, anulación de las peticiones que hacemos a Dios, enajenación de la caridad, espina clavada en el alma, iniquidad que nunca duerme, pecado que nunca se acaba y muerte cotidiana.

Amad la paz, que es el mayor tesoro que se puede desear. Ya sabéis que nuestros pecados provocan la ira de Dios; arrepentíos para que os perdone por su misericordia. Lo que ocultamos a los hombres es manifiesto a Dios; convertíos, pues, con sinceridad. Vivid de tal manera que obtengáis la bendición del Señor, y la paz de Dios, nuestro Padre, esté siempre con vosotros.

Responsorio:

R. Mientras vivimos, continuamente nos están entregando a la muerte, por causa de Jesús; * Para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. (T.P. Aleluya.)

V. Aunque nuestro hombre exterior se vaya deshaciendo, nuestro interior se renueva día a día. * Para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestra carne mortal. (T.P. Aleluya.)

Oración:

Señor, Dios nuestro, grandeza de los humildes, que has elevado a san Francisco de Paula a la gloria de tus santos, concédenos, por su intercesión y a imitación suya, alcanzar de tu misericordia el premio prometido a los humildes. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 5 de abril: San Vicente Ferrer.

San Vicente Ferrer, presbítero.

Conmemoración

Nacido en Valencia el año 1350. Miembro de la Orden de Predicadores, enseñó teología. Como predicador recorrió muchas comarcas con gran fruto, tanto en la defensa de la verdadera fe como en la reforma de las costumbres. Murió en Vannes (Francia), el año 1419.

Segunda lectura:
Del
tratado de san Vicente Ferrer, presbítero, sobre la vida espiritual, Capítulo 13.

Del modo de predicar.

En la predicación y exhortación debes usar un lenguaje sencillo y un estilo familiar, bajando a los detalles concretos. Utiliza ejemplos, todos los que puedas, para que cualquier pecador se vea retratado en la exposición que haces de su pecado; pero de tal manera que no des la impresión de soberbia o indignación, sino que lo haces llevado de la caridad y espíritu paternal, como un padre que se compadece de sus hijos cuando los ve en pecado o gravemente enfermos o que han caído en un hoyo, esforzándose por sacarlos del peligro y acariciándoles como una madre. Hazlo alegrándote del bien que obtendrán los pecadores y del cielo que les espera si se convierten.

Este modo de hablar suele ser de gran utilidad para el auditorio. Hablar en abstracto de las virtudes y los vicios no produce impacto en los oyentes.

En el confesionario debes mostrar igualmente sentimientos de caridad, lo mismo si tienes que animar a los pusilánimes que si tienes que amenazar a los contumaces; el pecador ha de sentir siempre que tus palabras proceden exclusivamente de tu caridad. Las palabras caritativas han de preceder siempre a las recomendaciones punzantes.

Si quieres ser útil a las almas de tus prójimos, recurre primero a Dios de todo corazón y pídele con sencillez que te conceda esa caridad, suma de todas las virtudes y la mejor garantía de éxito en tus actividades.

Responsorio:

R. Proclama la palabra, insiste a tiempo y a destiempo, reprende, reprocha, exhorta, * Con toda paciencia y deseo de instruir. (T.P. Aleluya.)

V. He predicado a los pueblos que se arrepientan y se conviertan a Dios. * Con toda paciencia y deseo de instruir. (T.P. Aleluya.)

Oración:

Dios todopoderoso, tú que elegiste a san Vicente Ferrer ministro de la predicación evangélica, concédenos la gracia de ver glorioso en el cielo a nuestro Señor Jesu­cristo, cuya venida a este mundo, como juez, anunció san Vicente en su predicación. Por nuestro Señor Jesu­cristo.

Día 7 de abril: San Juan Bautista de La Salle.

San Juan Bautista de La Salle, presbítero.

Conmemoración

Nació en Reims (Francia) el año 1651. Ordenado sacerdote, dedicó por entero a la educación de la infancia y a la fundación ­de escuelas para los pobres. Constituyó una Congrega­ción, por cuya existencia hubo de soportar innumerables dificultades. Murió en Ruán el 1719.

Segunda lectura:
De
las Meditaciones de san Juan Bautista de la Salle.

El amor de Cristo nos apremia.

Caed en la cuenta de lo que dice el apóstol Pablo, esto es, que Dios puso en su Iglesia apóstoles, profetas y doctores, y observaréis que es él quien os puso en vuestro oficio. Pablo es también quien os vuelve a dar testimonio, cuando dice que hay diversos ministerios y diversas operaciones y que es el mismo Espíritu quien se manifiesta en todas ellas para la utilidad común, es decir, para el bien de la Iglesia.

No dudéis entonces de que la gracia que se os ha concedido de enseñar a los niños, de anunciarles el Evangelio y de educar su espíritu religioso es un gran don de Dios, que es quien os ha llamado a este oficio.

Por tanto, los niños, que han sido entregados a vuestro cuidado, han de ver que sois ministros de Dios porque ejercéis vuestro oficio con una caridad sincera y una fraternal diligencia. El pensar que sois no sólo ministro Dios, sino también de Cristo y de la Iglesia, os debe ayudar a cumplir con vuestra obligación.

Esto es lo que dice san Pablo cuando exhorta a que todos los que anuncian el Evangelio sean considerados como ministros de Cristo y que escriban la carta que Cristo dicta, no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra, sino en las tablas de carne del corazón de los niños. Por esto, el amor de Dios debe apremiaros, puesto que Jesucristo murió por todos para que ya no vivamos para nosotros mismos, sino para él, que por nosotros murió y resucitó. Que vuestros discípulos, estimulados por vuestra diligencia y solicitud, sientan que es Dios mismo quien les exhorta por vuestro medio, ya que actuáis como embajadores de Cristo.

Es necesario que manifestéis a la Iglesia el amor que por ella sentís y le deis pruebas de vuestra diligencia pues trabajáis en unión con la Iglesia, que es el cuerpo de Cristo. Que vuestra actuación haga ver que amáis a los que Dios os encomendó con el mismo amor con que Cristo amó a su Iglesia.

Esforzaos porque los niños lleguen efectivamente a formar parte de este templo, de tal modo que sean dignos de presentarse un día ante el tribunal de Jesucristo gloriosamente, sin mancha ni arruga ni nada por el estilo, y puedan así manifestar a los siglos venideros las abundantes riquezas de la gracia que Dios os otorgó para educar y enseñar, y a ellos para aprender, todo con vistas a la herencia del reino de Dios y de Jesucristo, nuestro Señor.

Responsorio: Marcos 10, 13-14. 16.

R. Le acercaban a Jesús niños para que los tocara, pero los discípulos les regañaban. Al verlo, Jesús les dijo: * «Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios.» (T.P. Aleluya.)

V. Y lo abrazaba y los bendecía imponiéndoles las manos. * Dejad que los niños se acerquen a mí: no se lo impidáis; de los que son como ellos es el reino de Dios. (T.P. Aleluya.)

Oración:

Señor, que has elegido a san Juan Bautista de la Salle para educar a los jóvenes en la vida cristiana, suscita maestros en tu Iglesia que se entreguen con generosidad a la formación humana y cristiana de la juventud. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 11 de abril: San Estanislao.

San Estanislao, obispo y mártir.

Conmemoración

     Nacido en Szczepanowski (Polonia) hacia el año 1030 hizo sus estudios en París. Ordenado presbítero, sucedió a Lamberto, obispo de Cracovia, el año 1071. Fue un buen pastor al frente de su Iglesia, ayudó a los pobres y visitó a sus clérigos todos los años. El año 1079, fue asesinado por el rey Boleslao, a quien había increpado por su mala conducta.

De las cartas de san Cipriano.

La lucha por la fe.

Dios nos contempla, Cristo y sus ángeles nos miran mientras luchamos por la fe. Qué dignidad tan grande, qué felicidad tan plena es luchar bajo la mirada de Dios y ser coronados por Cristo.

Revistámonos de fuerza, hermanos amadísimos, y preparémonos para la lucha con un espíritu indoblegable; con una fe sincera, con una total entrega. Que el ejército de Dios marche a la guerra que se nos declara.

El Apóstol nos indica cómo debemos revestirnos y prepararnos, cuando dice: Abrochaos el cinturón de la verdad, por coraza poneos la justicia; bien calzados para estar dispuestos a anunciar el Evangelio de la paz. Y, por supuesto, tened embrazado el escudo de la fe, donde se apagarán las flechas incendiarias del Malo. Tomad por casco la salvación y por espada la del Espíritu, es decir, la palabra de Dios.

Que estas armas espirituales y celestes nos revistan y nos protejan para que en el día de la prueba podamos resistir las asechanzas del demonio y podamos vencerlo.

Pongámonos por coraza la justicia para que el pecho esté protegido y defendido contra los dardos del Enemigo; calzados y armados los pies con el celo por el Evangelio para que, cuando la serpiente sea pisoteada y hollada por nosotros, no pueda mordernos y derribarnos.

Tengamos fuertemente embrazado el escudo de la fe para que, protegidos por él, podamos repeler los dardos del Enemigo.

Tomemos también el casco espiritual para que, protegidos nuestros oídos, no escuchemos los edictos idolátricos, y, protegidos nuestros ojos, no veamos los ídolos detestables. ­Que el casco proteja también nuestra frente para que se conserve incólume la señal de Dios, y nuestra boca para que la lengua victoriosa confiese a su Señor, Cristo.

Armemos la diestra con la espada espiritual para que rehace con decisión los sacrificios sacrílegos y, acor­dándose de la eucaristía, en la que recibe el cuerpo del Señor, se una a él para poder después recibir de manos su Señor el premio de la corona eterna.

Que estas verdades, hermanos amadísimos, queden esculpidas en vuestros corazones. Si meditamos de verdad en estas cosas, cuando llegue el día de la persecución, el soldado de Cristo, instruido por sus preceptos y adver­tencias, no sólo no temerá el combate, sino que se encontrará preparado para el triunfo.

Responsorio:

R. Este santo combatió hasta la muerte por ser fiel al Señor, sin temer las amenazas de los enemigos; * Estaba cimentado sobre roca firme. (T.P. Aleluya.)

V. Éste despreció la vida del mundo, y llegó al reino celestial. * Estaba cimentado sobre roca firme. (T.P. Aleluya.)

Oración:

Señor, has otorgado a san Estanislao, tu obispo, la gracia de sucumbir en aras de tu gloria bajo la espada de los perseguidores; concédenos, por su intercesión, perseverar con firmeza en la fe, hasta la muerte. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 13 de abril: San Martín I.

San Martín I, Papa y mártir.

Conmemoración

    Nacido en Todi (Umbría), y miembro de la clerecía romana, fue elegido para la cátedra de san Pedro el año 649. Ese mismo año celebró un concilio en el que fue condenado el error monotelita. Detenido por el emperador Constante el año 653 y deportado a Constantinopla, sufrió lo indecible; por último fue trasladado al Quersoneso, donde murió el año 656.

Segunda lectura: De las cartas de san Martín primero, papa.

El Señor está cerca, ¿por qué me voy a preocupar?

Es un deseo nuestro constante el consolaros por carta, aliviando de algún modo la preocupación que sentís por nuestra situación, vosotros y todos los santos y hermanos que se interesan por nosotros en el Señor. Ved que ahora os recibimos desde nuestro cautiverio. Os digo la verdad en el nombre de Cristo, nuestro Dios.

Apartados de cualquier turbación mundana y depuestos por nuestros pecados, hemos llegado casi a vernos privados de nuestra propia vida. Ya que todos los habitan­tes de estas regiones son paganos y siguen las costumbres paganas, y no se da entre ellos esa caridad que es con­natural al hombre, que se da incluso entre los propios bárbaros, y que se manifiesta por una magnánima com­pasión.

Me ha sorprendido y me sigue sorprendiendo todavía sensibilidad y falta de compasión de todos aquellos que en cierto modo me pertenecíais, y también la de mis amigos y conocidos, quienes, cuando me he visto arrastra­do por esta desgracia, ni siquiera se acuerdan de mí, ni tampoco se preocupan de si todavía me encuentro sobre la tierra o de si estoy fuera de ella.

¿Creéis que tenemos miedo de presentarnos ante el tribunal de Cristo y que allí nos acusen y pidan cuentas hombres formados de nuestro mismo barro? ¿Por qué tienen l­os hombres tanto miedo de cumplir los mandamientos d­e Dios y temen precisamente donde no hay nada que temer? ¿O es que estoy endemoniado? ¿Tan perjudicial he sido para la Iglesia y contrario a ellos?

El Dios que quiere que todos se salven y lleguen al conocimiento de la verdad, confirme sus corazones, por intercesión de san Pedro, en la fe ortodoxa, y la robustezca contra cualquier hereje o adversario de la Iglesia y los guarde in­cólumes, sobre todo al pastor que ahora aparece como presidiéndolos, para que no se aparten, ni se desvíen, ni abandonen lo más mínimo de todo lo que profesaron por escrito ante Dios y ante sus ángeles, y puedan así recibir, juntamente conmigo, la corona de justicia de la fe ortodoxa, de manos del Señor y Salvador nuestro, Jesucristo.

De mi cuerpo ya se ocupará el Señor como él quiera, ya sea en continuas tribulaciones, ya sea en leve reposo.

El Señor está cerca, ¿por qué me voy a preocupar? Espero que por su misericordia no retrasará mucho el fin de mi carrera.

Saludad en el nombre del Señor a toda la familia y a todos los que se han sentido solidarios conmigo durante mi cautiverio. Que el Dios excelso os proteja, por su poder, de toda tentación y os dé la salvación en su reino.

Responsorio: 2ª Timoteo 4, 7-8; Filipenses 3, 8. 10.

R. He combatido bien mi combate, he corrido hasta la meta, he mantenido la fe. * Ahora me aguarda la corona merecida. (T.P. Aleluya.)

V. Todo lo estimo pérdida para conocer a Cristo, y la comunión con sus padecimientos, muriendo su misma muerte. * Ahora me aguarda la corona merecida. (T.P. Aleluya.)

Oración:

Dios todopoderoso, tú has querido que san Martín primero, papa y mártir, no fuera vencido ni por las amenazas, ni por los sufrimientos; concédenos, a nosotros, soportar con fortaleza de espíritu las adversidades de este mundo. Por nuestro Señor Jesucristo.

Día 13 de abril: San Hermenegildo.

El mismo día 13 de abril.

San Hermenegildo, mártir.

San Hermenegildo es el gran defensor de la fe católica de España contra los durísimos ataques de la herejía arriana. Al margen de sus campañas militares, su verdadera gloria consiste en haber padecido el martirio por negarse a recibir la comunión arriana y en ser, de hecho, el primer pilar de la unidad religiosa de la nación, que llegaría poco después con la conversión de Recaredo. Muere el año 586.

Segunda lectura:
De
las homilías de san Juan Crisóstomo,